Él sale a emborracharse las preguntas que a solas le formula su bragueta, busca una presa sustanciosa o digerible, un cuerpo que mostrar, busca una cueva. Ella sale a encontrarse en las miradas la belleza improbable que se exige, busca un diploma que certifique que aún puede gustar, busca una prueba. Se miden desde el filo de los pasos, presumen de atraccion con sus amigos, se acercan, sin querer, queriendo, quieren, y dicen lo habitual en estos casos. Bailan o no, es lo de menos. Beben porque beber, es besar vasos. Comprueban, verifican, imaginan y cumplen requeridos requisitos o acomodan el perfil a la exigencia. Después, algo asi como tres confesiones después, cinco roces de manos, dos confidencias, se apartan de los grupos respectivos que ya no los agrupan ni respectan. Y salen a la noche que les entra. Y se abrazan o no, cuestion de tiempo. Se desnudan de ropas o de miedos, se atacan, se curan, se conocen, como manda la biblia y las hormonas. Y él vuelve dando saltos pecho adentro y ella vuelve dulcemente despeinada, y su bragueta no pregunta y sus dudas ya no habitan en los espejos.
Salieron a buscar y se encontraron.
La noche sabe.

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