Déjate cuidar. Podría bajarte el cielo, con su azul característico, sus nubes con formas indescifrables, su oxígeno, su contaminación. Podría bajarte el sol, la luna, las estrellas. Inventaría una nueva constelación con tu nombre, podría incluso hacer que simularan tu cara, tu cuerpo escultura, tus virtudes y defectos. Prometo guardarte la luna en el bolsillo.
Déjate querer.
Confía lo justo, lo necesario.
Permíteme acariciar tu piel. Hacer que tu cuerpo se estremezca. Quiero respirar el mejor de los perfumes, ahogarme de tu fragancia.
Déjame hacerte cambiar de idea: que la gente, a veces, puede hacerte sentir que el resto del mundo sobra. Y que sea cierto: que, en realidad, sobra.
Deja que te abrace, y que te quiera. Deja que haga brotar el deseo desenfrenado de recorrerte con la punta de mi nariz, de mis dedos, de cada partícula que me forma.
Quiero hacerte sudar, incluso cuando no tengas ropa. Más aún en esos momentos. Quiero que descubras que los escalofríos pueden aparecer no sólo por las bajas temperaturas, si no por todo lo contrario.
Y, lo siento si te dejo sin cuerdas vocales, pero te voy a hacer gritar. Gritar de placer.
Empezaré acariciando tu piel, despacio, mordiéndote el labio inferior, una vez. Haré una pausa y dejaré que tu imaginación se invente el resto durante un minuto.
Te sacaré de quicio mientras respiro aceleradamente en tu oído.
No te preocupes si tu cuerpo empieza a temblar. No es miedo, porque acabaré con todos tus temores. Uno a uno. Si me dejas. Tampoco es frío, aunque te haré un mapa en la espalda a base de leves soplidos.
¿Me sientes?
Sé, que si me dejas, podré hacerte ver que el paraíso se puede llegar a tocar con la punta de los dedos.
Te agarraré las manos y te dejaré completamente sumisa a mis actos. No podrás evitar que mi lengua se pasee por tu cuello haciendo diferentes formas que no serás capaz de adivinar.
Te mantendré inmóvil durante unos instantes mientras hago lo que me place.
Después, dejare libres a tus manos, que ya estarán imantadas con mi cuerpo.
Te morderé el labio de nuevo, y dejaré que tu lengua juegue en mi boca. Será inevitable que no lo haga, porque ya estarás fuera de sí.
Redimiré tu gemido.
Te acariciaré los hombros, bajaré por tus pezones donde me detendré a jugar, y a continuación dibujaré el contorno de tus caderas con mi dedo índice.
Romperé tu ropa interior, la arrancaré con un ágil movimiento. Me sobra destreza sabes?...
Podría contarte el final, pero quiero que tengas claro que prometo cuidarte, siempre que te dejes querer. Que me dejes quererte. Confía en mí. Lo justo, lo necesario. Déjame guardarte la luna en el bolsillo, y sabrás cómo termina la función.
Te prometo que esta vez el sueño se hará realidad.