He parado en estaciones abandonadas.
Con la boca llena de mentiras y las mentiras llenas de otras bocas.
En cuerpos de no más de una noche y noches con más de un cuerpo.
Quizás la lujuria hecha persona me rozó el alma sin intención, con el único pretexto de viciarme las sábanas de un olor a sexo-de-ayer-y-hoy-si-te-he-visto-no-me-acuerdo.
Jamás lo supe entender, y no olvidé ese olor a la mañana siguiente.
Y me arrastraba por la cama buscando el resquicio de su saliva, lo húmedo de su sudor, lo resbaladizo de...
Otras veces encontré la dulzura de la miel recién untada en sus pechos.
La inocencia de los niños en un cuerpo sin cordura.
Un laberinto de dudas que me incitaban a marcharme sin encontrar la salida, y me atrapaba aún más.
La quise.
La quería tanto que a veces la odiaba.
Y me odiaba.
Por quererla más que a mí.
Porque me quería así.
Aún la quiero.
Pero como se quieren los objetos y las sombras.
Como las flores al agua.
Como la risa al peta de antes de dormir.
Atravesé montañas, nubes, túneles fantasmas, y a algún que otro fantasma que me visitó en la oscuridad de un túnel que cabe en la habitación.
Y entonces llegó.
La excentricidad de un misterio me abofeteó la cara.
Se clavó entre ceja y ceja y me absorbió cada mirada.
La sonrisa se debatía con el llanto y el dolor con el placer.
Era una noria montada en la montaña rusa.
Aún recuerdo cada palabra del primer día.
Todas sus formas de romper el aire.
Sus uñas enganchadas a mi esternón, por dentro.
Los paisajes en mi espalda con sus dientes.
El paisaje de su cuerpo entre los míos.
Cada duda era un mundo que a veces me abarcaba y otras se reservaba el derecho de (mi) admisión.
Me goteaba las pablabas después de cada noche de goteras.
Y tras varios meses decidió viajar en otro cuerpo.
O a otro cuerpo.
Aún no lo he llegado a comprender.
Me perdí en Madrid y en sus rincones.
En su noche.
La que no descansa.
Entre ríos de cerveza y niebla de cigarros.
Entre la gente y alguna que otra persona.
Su tinta se quedó tatuada por debajo de mi piel.
Recorría mis venas como los galgos persiguen al conejo.
Me clavaba miradas como navajas suizas que me quitaban la voluntad de escupir palabras.
Le gustaba.
Y me gustaba.
Pero no supe explicarle cómo, ni cuánto.
Y los galgos cazaron otro conejo.
No sé si maldecirme o compadecerme.
Pero de momento Madrid, me guarda en secreto, como a una estación abandonada.
sábado, 30 de agosto de 2014
martes, 12 de agosto de 2014
dadududa
Era la primera vez que se atrevía a mirarse en el espejo sin apartar la mirada.
Aún tenía miedo.
Le faltaban las fuerzas y le sobraban las ganas.
Aún recordaba cómo la miraba.
El tacto de sus dedos recorriendo cada milímetro de mi piel.
Las sonrisas que le hacían rendirse, arrodillarme, para enseñarle el significado de la palabra placer.
Por fin habías vuelto.
Sola.
Libre.
Sin cadenas.
Sin promesas que cumplir.
Sin deseos que conceder.
Sin planes por hacer.
Sin mí.
Me moría por mirarte sin freno.
Por cantarte la canción con la que me pisabas los pies.
Por abrir las ventanas y darle razones al mundo para morirse de envidia y retorcerme de placer entre gemidos.
Por tocarte el amor donde resbala,
y el sexo donde ya no duele.
Pero estabas ahí, al otro lado del cristal.
Y yo sin tiempo que perder para ganar.
Y me voy.
Aún tenía miedo.
Le faltaban las fuerzas y le sobraban las ganas.
Aún recordaba cómo la miraba.
El tacto de sus dedos recorriendo cada milímetro de mi piel.
Las sonrisas que le hacían rendirse, arrodillarme, para enseñarle el significado de la palabra placer.
Por fin habías vuelto.
Sola.
Libre.
Sin cadenas.
Sin promesas que cumplir.
Sin deseos que conceder.
Sin planes por hacer.
Sin mí.
Me moría por mirarte sin freno.
Por cantarte la canción con la que me pisabas los pies.
Por abrir las ventanas y darle razones al mundo para morirse de envidia y retorcerme de placer entre gemidos.
Por tocarte el amor donde resbala,
y el sexo donde ya no duele.
Pero estabas ahí, al otro lado del cristal.
Y yo sin tiempo que perder para ganar.
Y me voy.
bring
Parece fácil.
Pasar por tu lado y contener la respiración.
Cortar el aire a puñetazos.
Reirse del filo de la navaja.
Contar momentos con los dedos y deseos con pestañas marchitas.
Verte reír.
Saberte cerca de una piel acorchada.
Parece fácil mirarte a través de otros.
Sentirte por caricias disfrazas.
Exprimir el jugo de otras piernas.
Compartir un porro como si fuera una vida.
Parece fácil.
Disimula, que ya no sé ni cómo joderle al viento.
Ni como secar el agua.
Ni salir de esta espiral de alcohol y recuerdos.
Que nos mienten, joder.
Que eso de que el roce hace el cariño, es mentira.
El roce hace quemadura, y por eso no hace falta jugar con fuego.
Sin si quiera disfrutar del polvo de después del cigarro de despedida.
Es jodido verte sonreír con otros brazos deshaciendote la cama.
Pero sonríe joder.
Que es aún más jodido no verte hacerlo.
Pasar por tu lado y contener la respiración.
Cortar el aire a puñetazos.
Reirse del filo de la navaja.
Contar momentos con los dedos y deseos con pestañas marchitas.
Verte reír.
Saberte cerca de una piel acorchada.
Parece fácil mirarte a través de otros.
Sentirte por caricias disfrazas.
Exprimir el jugo de otras piernas.
Compartir un porro como si fuera una vida.
Parece fácil.
Disimula, que ya no sé ni cómo joderle al viento.
Ni como secar el agua.
Ni salir de esta espiral de alcohol y recuerdos.
Que nos mienten, joder.
Que eso de que el roce hace el cariño, es mentira.
El roce hace quemadura, y por eso no hace falta jugar con fuego.
Sin si quiera disfrutar del polvo de después del cigarro de despedida.
Es jodido verte sonreír con otros brazos deshaciendote la cama.
Pero sonríe joder.
Que es aún más jodido no verte hacerlo.
lunes, 28 de julio de 2014
miércoles, 23 de julio de 2014
uso.
Ábreme la taquilla del pecho
y ráscame por dentro el esternón.
Que hace mucho que no te siento y bastante poco que te vi.
Acércate.
Quiero repetir cada error
y que lo cures con un beso.
Que me cierres cada herida
con una de tus caricias,
y con las mismas, me abras las piernas de par en par,
como las ventanas de la habitación que nos vio ser.
Llévame de la mano hacia lo prohibido de tus rincones y que se joda el viento, como dice la canción.
Vamos a luchar sin contrincante
Y a hacer música con las cuerdas de tu voz.
Retuérceme cada deseo
Abraza cada escalofrío que provocas
Ponle risa a todas las cosquillas que aterrizan por debajo del ombligo
Y recuerdame latir como tú sólo sabías.
sábado, 5 de julio de 2014
Hola
Fuiste tan rápido que te fallaron los frenos y terminaste por chocarte con los miedos de un amor sin acabar.
Fuiste la tirita barata que se despega al segundo roce.
Fuiste el lienzo de sus uñas en las noches de sábanas revueltas.
Fuiste ese último-primer álito después de un corazón sin credenciales.
Fuiste todo entre sus piernas y nada en su esternón.
Fuiste.
Pero ya no.
Fuiste.
Pero yo no.
miércoles, 18 de junio de 2014
Es mejor
En serio, no insistas.
No se me va a olvidar tu olor.
Ni tu sonrisa cobarde que se abre paso entre los dientes.
Ni tus labios algodón capaces de curar cualquier herida sangrando.
Ni tu mirada tímida disfrazada de rimell corrido.
De verdad.
No se me ha olvidado tu tacto de lija-terciopelo.
Cada mañana el sol me recuerda que te has ido con otro cuerpo y cada noche la luna se descojona en mi ventana.
No hace falta que me llames a destiempo.
Ni que evites las palabras si es que salen de mi boca.
No hace falta que me recuerdes que aún existes, pero que ya no estás.
Te voy a seguir pensando, descuida.
Voy a seguir buscando tus arrugas en otras comisuras.
Y tus lunares en otras espaldas.
Voy a seguir dejando las sábanas revueltas y la cama sin hacer.
Sigo escuchando latir cada muelle del sofá.
Y las agujas de aquel reloj que siempre fue de arena y nos marcaba los tiempos.
Y tus pasos descalzos en el pasillo.
Sigo gimiendo terrores cada vez que unos ojos me mantienen la mirada.
Y, a veces, se me escapa tu nombre.
Tú que tal por esas tierras?
A veces imagino que me echas de menos y otras deseo que no lo hagas.
Ya sabes, mi amor, siempre he sido algo extremista:
"O lo rompes.
O lo-curas"
Y yo nunca he estado muy cuerda.
No se me va a olvidar tu olor.
Ni tu sonrisa cobarde que se abre paso entre los dientes.
Ni tus labios algodón capaces de curar cualquier herida sangrando.
Ni tu mirada tímida disfrazada de rimell corrido.
De verdad.
No se me ha olvidado tu tacto de lija-terciopelo.
Cada mañana el sol me recuerda que te has ido con otro cuerpo y cada noche la luna se descojona en mi ventana.
No hace falta que me llames a destiempo.
Ni que evites las palabras si es que salen de mi boca.
No hace falta que me recuerdes que aún existes, pero que ya no estás.
Te voy a seguir pensando, descuida.
Voy a seguir buscando tus arrugas en otras comisuras.
Y tus lunares en otras espaldas.
Voy a seguir dejando las sábanas revueltas y la cama sin hacer.
Sigo escuchando latir cada muelle del sofá.
Y las agujas de aquel reloj que siempre fue de arena y nos marcaba los tiempos.
Y tus pasos descalzos en el pasillo.
Sigo gimiendo terrores cada vez que unos ojos me mantienen la mirada.
Y, a veces, se me escapa tu nombre.
Tú que tal por esas tierras?
A veces imagino que me echas de menos y otras deseo que no lo hagas.
Ya sabes, mi amor, siempre he sido algo extremista:
"O lo rompes.
O lo-curas"
Y yo nunca he estado muy cuerda.
domingo, 8 de junio de 2014
poti.
Desde que no me rozas ya ni el sol me quema.
No sabes mirarme sin humo que esconda tus intenciones.
No quieres hablarme sin echar (un) polvo de por medio que haga olvidar las últimas cosas que no nos dijimos.
Y es que llega un momento en que las miradas se quedan afónicas de tanto gritar.
Los ojos secos porque la única humedad que existe, habita en las bragas.
Y las lenguas sin la capacidad de mediar palabra.
Espero que ella sepa leerte los labios, besarte la boca y morderte cada lunar.
Espero que tú disfrutes contando gemidos en acústico, que siempre suenan mejor.
Cuántas manos tienen que tocar tus cuerdas de cinco dedos para que alguna haga la melodía que hicimos contando rallas de drogas sin contar que leían futuros inciertos.
Supongo que un pajaro no está hecho para vivir entre rejas, pero yo ya no sé vivir en libertad desde que te bajaste el pantalón para describir el sueño de una noche de verano sin palabras.
No sabes mirarme sin humo que esconda tus intenciones.
No quieres hablarme sin echar (un) polvo de por medio que haga olvidar las últimas cosas que no nos dijimos.
Y es que llega un momento en que las miradas se quedan afónicas de tanto gritar.
Los ojos secos porque la única humedad que existe, habita en las bragas.
Y las lenguas sin la capacidad de mediar palabra.
Espero que ella sepa leerte los labios, besarte la boca y morderte cada lunar.
Espero que tú disfrutes contando gemidos en acústico, que siempre suenan mejor.
Cuántas manos tienen que tocar tus cuerdas de cinco dedos para que alguna haga la melodía que hicimos contando rallas de drogas sin contar que leían futuros inciertos.
Supongo que un pajaro no está hecho para vivir entre rejas, pero yo ya no sé vivir en libertad desde que te bajaste el pantalón para describir el sueño de una noche de verano sin palabras.
jueves, 5 de junio de 2014
Problema.
El aliento que se queda después de un buen polvo.
Las cicatrices de un amor que sólo se expresaba en la cama.
Los arañazos de un pasado que nada tenía que ver contigo.
El tinte de unos besos con carmín barato.
El momento justo antes de perder el tren.
El sonido de un pecho recién partido.
El olor de unas bragas que incitaban a la lucha.
La luna llena gimiendo tu nombre más alto que yo.
El despliegue de unos brazos más acogedores que unas piernas abiertas.
Silencios rompetímpanos.
Gritos incompatibles con las cuerdas vocales.
Días nocturnos.
Noches de insomnio. De sexo.
Parpados-caja de las miradas más intensas y bonitas.
Juegos estratégicos para rozar unas manos.
Armarios sin monstruos.
Realidades paralelas.
Mentiras de verdad.
En definitiva, un sinsentido de palabras que embaucan a cualquier alma perdida.
Las cicatrices de un amor que sólo se expresaba en la cama.
Los arañazos de un pasado que nada tenía que ver contigo.
El tinte de unos besos con carmín barato.
El momento justo antes de perder el tren.
El sonido de un pecho recién partido.
El olor de unas bragas que incitaban a la lucha.
La luna llena gimiendo tu nombre más alto que yo.
El despliegue de unos brazos más acogedores que unas piernas abiertas.
Silencios rompetímpanos.
Gritos incompatibles con las cuerdas vocales.
Días nocturnos.
Noches de insomnio. De sexo.
Parpados-caja de las miradas más intensas y bonitas.
Juegos estratégicos para rozar unas manos.
Armarios sin monstruos.
Realidades paralelas.
Mentiras de verdad.
En definitiva, un sinsentido de palabras que embaucan a cualquier alma perdida.
viernes, 30 de mayo de 2014
delirios de una noche.
Llamaron a la puerta.
Dejaste la cerveza maldiciendo a los mismos que te habían postrado en el sofá esa noche.
Maldiciéndole a Ella por haberse marchado.
Como cada noche desde hace varios meses.
Tu cara esbozó un gesto de incredulidad, miraste el reloj y eran las 2 de la mañana.
Y te levantaste a abrir sin mucha esperanza de que no fuera algún borracho que no veía ni sus propios pies.
- Quién coño es? - Dijiste, como si te hubieran interrumpido algo interesante.
- Ábreme anda... Está lloviendo.
"Joder, es Ella" pensaste sin saber muy bien si sonreír o salir corriendo.
- Venga ábreme...
Agarraste el picaporte y lo giraste lentamente.
Aún puedo recordar tu cara.
Se podía oler el miedo y el polvo que se que quedó en el aire por falta de valor.
Y de tiempo.
Se palpaba la desesperación de cuando viste su coche alejarse.
- Qué haces aquí después de estos meses? - Dijiste queriéndote hacer la dura y derretida por dentro.
- No me vas a dar un beso?... Me molesta el pintalabios rojo, y nadie me lo quita como tú.
Se mordió el labio inferior mientras te disparaba una de sus sonrisas.
Te folló todos los impulsos reprimidos con un sólo guiño de ojos.
La dejaste pasar.
Siempre delante de ti.
Tú y tu vicio de mirarle el culo a unas piernas largas.
Como si fueras tonta.
Ella lo sabía y aprovechaba tus manías para moverlo fuerte, rompiendo el aire y tus esquemas a cada paso que daba.
- Qué te has hecho en el pelo? Estás más rubia...
Se giró con esa sonrisa que desdibujaba la línea de lo abstracto y lo real.
- Dime que no te gusta -Dijo.
Lo estaba volviendo a hacer.
Estaba probándote.
Quería saber hasta dónde podía llegar.
- Qué quieres, dime.
- No te alegras de verme?
La miraste de arribajo, estaba empapada.
Llevaba esas bragas negras que le regalaste la última vez que te dejó perderte en la oscuridad de su ombligo.
Se transparentaba todo.
Podías contarle los lunares sin que se quitase la camiseta, blanca.
Las gotas de lluvia recorrían su cuerpo echando la carrera más intensa de su vida.
Sus pezones miraban al cielo.
Duros.
Como rezando por un poco de calor.
- Me dejas algo de ropa y una toalla?- Dijo al ver que no contestabas.
Te acercaste a la habitación.
Podías notar cómo te seguía.
Estabas temblando y no sabías muy bien si de miedo o de ganas.
Se sentó en la cama mientras buscabas la toalla en el armario.
Notabas su mirada en la nuca.
Clavada.
Acariciándote como tantas otras noches.
- Estás tensa, ven, dame un abrazo.
Te abrazó a traición.
Por la espalda.
Te cogió por la cintura y apoyó su cabeza en tu hombro.
Notabas su respiración y cuando te quisiste dar cuenta se había acompasado con la tuya.
Cada vez más acelerada.
Ella no se movía.
No te soltaba ni te abrazaba más fuerte.
Tu cuerpo tenía su forma, como el sofá de un jubilado que no se levanta ni para mear.
La pasaste las manos por su nuca, sin darte la vuelta, para devolverle el abrazo.
Ella te acarició con la cara, como si de un gato en celo se tratase, pero no abría sus brazos.
Buscó la costura de la camiseta para buscarte el ombligo, te acarició como sólo Ella sabe hacerlo.
Y se te escapó un gemido sordo.
Tus manos seguían en su nuca.
Enredándose tus dedos con su pelo.
- Sé que no me tenía que haber ido como lo hice, lo siento.
Acabó sus disculpas recorriéndote con la lengua desde el hombro hasta la oreja, sin dejar de dibujarte paisajes al rededor del ombligo.
No hacía fuerza para retenerte pero estabas totalmente atrapada, incapaz de moverte, anclada a los dedos que recorrían tu vientre como reclamando una tierra que siempre había sido suya.
- Me debes una, puta.
Le dijiste sentándola en la cama de un empujón.
- No sé por qué has vuelto. Ni por que te he abierto la puerta después de tantos días sin saber nada de ti.
Te agarró de los brazos y te calló con un beso de los que te absorben el último suspiro de vida.
Te tumbó en la cama sin soltarte las muñecas, dejandote los brazos por encima de la cabeza.
Y aún le sobraba una mano.
Se puso encima tuya.
A horcajadas.
Dejandote inmóvil.
Indefensa ante cualquier ataque salvaje de sus dientes en tu cuerpo.
Siempre ha sabido cómo ganar una pelea.
Siempre has sabido cómo dejarte ganar.
Empezó a mover las caderas mientras te besaba cada milímetro de piel y tu cuerpo se retorcía.
Seguías estando inmóvil.
Sin poder tocarla.
Se quitó la ropa.
Empapada.
Ya no se distinguía si era por culpa de la lluvia o de la situación.
Por fin te soltó para desnudarte también.
Cambiaron los papeles.
Ahora eras tu la que cabalgabas sin caballo.
Le rompiste las bragas por no romperle la cara.
Estabas vaciandote de toda la rabia que le habías guardado.
Y del amor.
Y del odio.
Y de todo lo que te dejó en los cajones sin ninguna explicación.
Eso la excitaba.
Y a ti te jodia y te ponía cachonda al mismo tiempo.
Sólo querías reventarle el sexo de la misma forma que Ella te reventó el esternón.
Querías que el corazón fuese lo segundo que más le latiera.
Dejaste la cerveza maldiciendo a los mismos que te habían postrado en el sofá esa noche.
Maldiciéndole a Ella por haberse marchado.
Como cada noche desde hace varios meses.
Tu cara esbozó un gesto de incredulidad, miraste el reloj y eran las 2 de la mañana.
Y te levantaste a abrir sin mucha esperanza de que no fuera algún borracho que no veía ni sus propios pies.
- Quién coño es? - Dijiste, como si te hubieran interrumpido algo interesante.
- Ábreme anda... Está lloviendo.
"Joder, es Ella" pensaste sin saber muy bien si sonreír o salir corriendo.
- Venga ábreme...
Agarraste el picaporte y lo giraste lentamente.
Aún puedo recordar tu cara.
Se podía oler el miedo y el polvo que se que quedó en el aire por falta de valor.
Y de tiempo.
Se palpaba la desesperación de cuando viste su coche alejarse.
- Qué haces aquí después de estos meses? - Dijiste queriéndote hacer la dura y derretida por dentro.
- No me vas a dar un beso?... Me molesta el pintalabios rojo, y nadie me lo quita como tú.
Se mordió el labio inferior mientras te disparaba una de sus sonrisas.
Te folló todos los impulsos reprimidos con un sólo guiño de ojos.
La dejaste pasar.
Siempre delante de ti.
Tú y tu vicio de mirarle el culo a unas piernas largas.
Como si fueras tonta.
Ella lo sabía y aprovechaba tus manías para moverlo fuerte, rompiendo el aire y tus esquemas a cada paso que daba.
- Qué te has hecho en el pelo? Estás más rubia...
Se giró con esa sonrisa que desdibujaba la línea de lo abstracto y lo real.
- Dime que no te gusta -Dijo.
Lo estaba volviendo a hacer.
Estaba probándote.
Quería saber hasta dónde podía llegar.
- Qué quieres, dime.
- No te alegras de verme?
La miraste de arribajo, estaba empapada.
Llevaba esas bragas negras que le regalaste la última vez que te dejó perderte en la oscuridad de su ombligo.
Se transparentaba todo.
Podías contarle los lunares sin que se quitase la camiseta, blanca.
Las gotas de lluvia recorrían su cuerpo echando la carrera más intensa de su vida.
Sus pezones miraban al cielo.
Duros.
Como rezando por un poco de calor.
- Me dejas algo de ropa y una toalla?- Dijo al ver que no contestabas.
Te acercaste a la habitación.
Podías notar cómo te seguía.
Estabas temblando y no sabías muy bien si de miedo o de ganas.
Se sentó en la cama mientras buscabas la toalla en el armario.
Notabas su mirada en la nuca.
Clavada.
Acariciándote como tantas otras noches.
- Estás tensa, ven, dame un abrazo.
Te abrazó a traición.
Por la espalda.
Te cogió por la cintura y apoyó su cabeza en tu hombro.
Notabas su respiración y cuando te quisiste dar cuenta se había acompasado con la tuya.
Cada vez más acelerada.
Ella no se movía.
No te soltaba ni te abrazaba más fuerte.
Tu cuerpo tenía su forma, como el sofá de un jubilado que no se levanta ni para mear.
La pasaste las manos por su nuca, sin darte la vuelta, para devolverle el abrazo.
Ella te acarició con la cara, como si de un gato en celo se tratase, pero no abría sus brazos.
Buscó la costura de la camiseta para buscarte el ombligo, te acarició como sólo Ella sabe hacerlo.
Y se te escapó un gemido sordo.
Tus manos seguían en su nuca.
Enredándose tus dedos con su pelo.
- Sé que no me tenía que haber ido como lo hice, lo siento.
Acabó sus disculpas recorriéndote con la lengua desde el hombro hasta la oreja, sin dejar de dibujarte paisajes al rededor del ombligo.
No hacía fuerza para retenerte pero estabas totalmente atrapada, incapaz de moverte, anclada a los dedos que recorrían tu vientre como reclamando una tierra que siempre había sido suya.
- Me debes una, puta.
Le dijiste sentándola en la cama de un empujón.
- No sé por qué has vuelto. Ni por que te he abierto la puerta después de tantos días sin saber nada de ti.
Te agarró de los brazos y te calló con un beso de los que te absorben el último suspiro de vida.
Te tumbó en la cama sin soltarte las muñecas, dejandote los brazos por encima de la cabeza.
Y aún le sobraba una mano.
Se puso encima tuya.
A horcajadas.
Dejandote inmóvil.
Indefensa ante cualquier ataque salvaje de sus dientes en tu cuerpo.
Siempre ha sabido cómo ganar una pelea.
Siempre has sabido cómo dejarte ganar.
Empezó a mover las caderas mientras te besaba cada milímetro de piel y tu cuerpo se retorcía.
Seguías estando inmóvil.
Sin poder tocarla.
Se quitó la ropa.
Empapada.
Ya no se distinguía si era por culpa de la lluvia o de la situación.
Por fin te soltó para desnudarte también.
Cambiaron los papeles.
Ahora eras tu la que cabalgabas sin caballo.
Le rompiste las bragas por no romperle la cara.
Estabas vaciandote de toda la rabia que le habías guardado.
Y del amor.
Y del odio.
Y de todo lo que te dejó en los cajones sin ninguna explicación.
Eso la excitaba.
Y a ti te jodia y te ponía cachonda al mismo tiempo.
Sólo querías reventarle el sexo de la misma forma que Ella te reventó el esternón.
Querías que el corazón fuese lo segundo que más le latiera.
martes, 27 de mayo de 2014
what.
Qué te voy a decir que no te hayan dicho antes.
Que sí, que todo esto de que la única salvación posible se parece a la felicidad es música para los oídos de los que se aferran a cualquier canción.
Qué te voy a contar que no te hayan contado antes.
Si te han contado sueños y pesadillas.
Victorias y derrotas.
Y hasta te han contado los pliegues que te adornan la cara cada vez que gimes de placer o lloras de alegría.
El problema es que yo los momentos felices los cuento con los dedos de otras manos cuando les pierdo entre los muslos.
El problema es que tú te has quedado enganchada a otros dientes que mordían con el sólo pretexto de hacerte daño.
Y claro, así cómo pretendo que creas que el amor es mucho mejor que el sexo.
No hay que confundir echar de menos con querer que vuelva.
Ni la humedad de un clínex, con la de unas bragas.
Qué empatía la tuya cuando te contó que no sentía el esternón de una pieza.
Cuando te dijo que dos soledades romperían una cama que llevaba tiempo sin usar los muelles.
Qué inocente has sido siempre.
Y, que sí, que yo hubiera hecho lo mismo.
Aún recuerdo aquella noche.
Joder, qué guapa estabas después de tanto tiempo.
Cuánto te han querido.
Y qué mal lo han hecho.
Supongo que en cierto modo, nunca te he olvidado.
Has sido la primera en tantas cosas…
Todavía me da revolcones el corazón cuando suena la canción que nos imantó sin querer.
Queriéndonos.
Qué cobarde he sido siempre.
Y qué poca paciencia has tenido conmigo.
Ahora te miro.
Sonrío.
Me río por todo lo que te lloré.
Pero ya no lloro por todo lo que nos reímos.
lunes, 26 de mayo de 2014
déjate
Ya no se si vas o vienes.
Si estás o ya te has ido.
Si me buscas o simplemente me cruzo en tu mirada.
Yo que sé.
Dime qué ganas mereces de que siga buscandote detrás de cada estela.
De que rompa otras bragas deseando que guarden tu culo.
De besar otros labios que sólo muerdan y no arranquen, como los tuyos.
Cuántos dedos encendidos pueden recorrer cada rincón de mi cuerpo arañando, como tú, con tanta delicadeza y rabia al mismo tiempo.
Dimelo joder.
Que si ya no estás tendré que seguir tus huellas.
Tendré que cortar la calle y tropezarme con tus pies.
Que debe ser que hay derecho de admisión en tus caderas, y hoy me he puesto calcetines blancos.
Que imagino cada beso que le das, en mi cuello.
Cada poro que le rozas, en mi espalda.
Cada gemido que te provoca, en mi oreja.
Y joder, a veces, pocas, pienso que me has salvado de la muerte.
He vuelto a sentir algo, aunque sólo fuera miedo.
Y no sé hasta que punto eso puede ser bueno.
jueves, 22 de mayo de 2014
.es
"Sólo espero que cuando te vayas me despiertes con un beso."
Esa fue la última frase que vomitaste antes de cerrar los ojos.
Te fuiste varias veces esa noche.
Y ni si quiera te despediste con la mano, no sé si sere capaz de despertarte con un beso cuando salga por la puerta.
Hicimos de la cama una trinchera contra el mundo.
Un agujero donde la única salida viable llevaba tu nombre.
La noche se quedó corta.
El sol acabó saliendo.
Y ahora estoy cogiendo el metro en Tribunal.
Desde que salí de tu portal me ha dado tiempo a enamorarme tres veces.
De tres personas distintas.
Pero nada grave.
De nadie más de 20 minutos.
Espero que sigas durmiendo.
No te he despertado.
Sonreías entre sueños y no hay amanecer más bonito que tu sonrisa.
Te cambio el beso de buenos días, por uno de buenas noches otro día que me rescates de este astío que me jode el alma.
Que la primavera tiene muchas flores, pero también trae alergia.
No se si me estás entendiendo.
Que los ojos dicen mucho más que tu boca, y me pediste que te despertase.
Esa fue la última frase que vomitaste antes de cerrar los ojos.
Te fuiste varias veces esa noche.
Y ni si quiera te despediste con la mano, no sé si sere capaz de despertarte con un beso cuando salga por la puerta.
Hicimos de la cama una trinchera contra el mundo.
Un agujero donde la única salida viable llevaba tu nombre.
La noche se quedó corta.
El sol acabó saliendo.
Y ahora estoy cogiendo el metro en Tribunal.
Desde que salí de tu portal me ha dado tiempo a enamorarme tres veces.
De tres personas distintas.
Pero nada grave.
De nadie más de 20 minutos.
Espero que sigas durmiendo.
No te he despertado.
Sonreías entre sueños y no hay amanecer más bonito que tu sonrisa.
Te cambio el beso de buenos días, por uno de buenas noches otro día que me rescates de este astío que me jode el alma.
Que la primavera tiene muchas flores, pero también trae alergia.
No se si me estás entendiendo.
Que los ojos dicen mucho más que tu boca, y me pediste que te despertase.
Para.
Me he hecho complice de las farolas de tu calle.
He sobornado a cada baldosa que pisas.
He renunciado a cualquier religión que no lleve tu nombre.
Y he amenazado a la palabra ausencia cuando se trata de la tuya.
He intimidado a las estrellas cuando se comparan con tus lunares.
Y he sobornado al alcohol que te hace saludarme.
Se me han escapado tus bragas.
Tu camiseta.
Y el tacto de tus dedos que me acusan por encima de la ropa.
Te he buscado entre cabezas delirantes.
Entre ojos deseperados por una mirada.
Entre escotes sudados y tacones de media altura que nada tienen que ver con tus Vans.
Te he buscado entre cerveza y tabaco.
En el baño.
En la calle.
Detrás de cada sonrisa.
Y debajo del mantel.
He encontrado unos ojos más bonitos que los tuyos, pero también más vacíos.
He visto la misma desesperación en otras caras.
Pero por otra.
Lenguas perdidas que ya no sabían qué hablar para entretenerse.
Pieles inquietas por sentir algo de calor no climático.
Y suspiros que no respiraban tu mismo aire.
Que no sé.
Que es tarde.
Y que quiza mañana vuelva a tener la resaca rutinaria del sábado sin dormir.
He sobornado a cada baldosa que pisas.
He renunciado a cualquier religión que no lleve tu nombre.
Y he amenazado a la palabra ausencia cuando se trata de la tuya.
He intimidado a las estrellas cuando se comparan con tus lunares.
Y he sobornado al alcohol que te hace saludarme.
Se me han escapado tus bragas.
Tu camiseta.
Y el tacto de tus dedos que me acusan por encima de la ropa.
Te he buscado entre cabezas delirantes.
Entre ojos deseperados por una mirada.
Entre escotes sudados y tacones de media altura que nada tienen que ver con tus Vans.
Te he buscado entre cerveza y tabaco.
En el baño.
En la calle.
Detrás de cada sonrisa.
Y debajo del mantel.
He encontrado unos ojos más bonitos que los tuyos, pero también más vacíos.
He visto la misma desesperación en otras caras.
Pero por otra.
Lenguas perdidas que ya no sabían qué hablar para entretenerse.
Pieles inquietas por sentir algo de calor no climático.
Y suspiros que no respiraban tu mismo aire.
Que no sé.
Que es tarde.
Y que quiza mañana vuelva a tener la resaca rutinaria del sábado sin dormir.
dime.
Acompasar mis latidos con tu respiración.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.
Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.
Ya no sé si eres jaula o libertad.
Evitar tus miradas,
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.
Me acaricias cada herida como si fueses alcohol,
me curas, pero escueces.
Me secas el pasado mojandome el presente.
Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.
Bésame los labios
y muérdeme la boca.
Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario,
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.
Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.
B&W
Y no hago más que correr en círculos viciados.
O viciosos.
Yo qué sé.
No sé por qué me seguiste aquel día.
Ni tampoco por qué no paré y te arranqué las bragas de un mordisco.
Suena bien lo de reventar un camino (y tus bragas)
Saltarse las verjas.
Y dejarte llevar.
Es genial buscar un clavo para que comparta piso con el que se quedó dentro ardiendo de dolor y rabia.
Es genial vivir de puntillas sin dejar que te roce nada más que otros dedos llenos de dolor.
Quizá dos dolores hagan venda y todavía no me he dado cuenta.
Ironías.
Que ni los clavos, ni los dedos, ni el dolor borracho de una ilusión colocada con las peores drogas van a hacer que ella vuelva.
Sigo dando(le) vueltas.
Aferrándome al ayer cuando huiste conmigo dos tristes manzanas.
Maldiciendo cada gesto en el que te hice pensar que no quería que estuvieses.
Lo siento.
No sé hacerlode otro modo.
No sé cómo decirte que soy del tipo de persona que se agarra a un clavo, y mejor si está ardiendo.
Que lo saco, que yo lo único que quiero compartir es la cama.
Sigues estando igual de guapa de negro.
O de blanco.
lunes, 5 de mayo de 2014
Hoy la luna decía tu nombre.
Me ha contado cómo se colaba en tu habitación por los resquicios de la ventana.
Ha acariciado tu hombro derecho y se ha posado sobre tu cara para aprender lo que significa brillar.
Hoy la luna me ha insultado por haberle hablado de ti.
Se ha sentido acorralada entre tus piernas.
Que idiota, eso es lo más parecido a la libertad que he conocido.
Te queda bien ese pijama negro que se dejaba entre ver debajo de las sábanas.
Sigo pensando que el negro te sienta bastante bien.
Has sentido alguna vez lo que siente un imán al acercarlo a una barra de hierro macizo?
Quizá sea eso lo que más me define ahora mismo.
O quizá sea el imán que repele al otro imán sólo porque se han conocido en momentos algo extraños.
Si cambiaran de postura no se separarían jamás, estoy segura.
No lo sé.
Pero hoy la luna gemía tu nombre tan alto que ni los lobos aullaban.
Me ha contado cómo se colaba en tu habitación por los resquicios de la ventana.
Ha acariciado tu hombro derecho y se ha posado sobre tu cara para aprender lo que significa brillar.
Hoy la luna me ha insultado por haberle hablado de ti.
Se ha sentido acorralada entre tus piernas.
Que idiota, eso es lo más parecido a la libertad que he conocido.
Te queda bien ese pijama negro que se dejaba entre ver debajo de las sábanas.
Sigo pensando que el negro te sienta bastante bien.
Has sentido alguna vez lo que siente un imán al acercarlo a una barra de hierro macizo?
Quizá sea eso lo que más me define ahora mismo.
O quizá sea el imán que repele al otro imán sólo porque se han conocido en momentos algo extraños.
Si cambiaran de postura no se separarían jamás, estoy segura.
No lo sé.
Pero hoy la luna gemía tu nombre tan alto que ni los lobos aullaban.
vida
Y ahora vuelve.
Vuelve el miedo.
Vuelve la rabia.
El desconsuelo.
Vuelve cada puñalada que me dio por la espalda.
Cada hostia que nos dimos después de las caricias.
Todas y cada una de las miradas que reventaban la acera al caer.
Vuelve ella reclamando cada polvo que le he echado en otras pieles.
Cada duda de qué labios han probado mi saliba y en qué espaldas he escrito braille con arañazos lascivos.
El por qué elegiste naufragar en otras piernas distintas a las mías.
Vuelve ella al lugar en que perdimos los miedos.
Y la ropa.
Vuelve ese latido que salpicó de sentimientos las paredes de la habitación.
Vuelve todo a aquel lugar del crimen de sábanas mojadas con un sudor que no era el mío.
La patada en los cojones con botas de militar que me deshizo por dentro.
Su "es mejor así" que ahora le abofetea riéndose en su cara.
Vuelve ella.
Pero yo ya no estoy.
Baja el telón de esta historia y súbete las bragas, cariño.
Que he encontrado una piel que huele mejor que la tuya.
Unos dedos que bailan acompasados con mis gemidos.
Un cielo que sabe mejor que el que solía encontrar debajo de tu ombligo.
Vuelve el miedo.
Vuelve la rabia.
El desconsuelo.
Vuelve cada puñalada que me dio por la espalda.
Cada hostia que nos dimos después de las caricias.
Todas y cada una de las miradas que reventaban la acera al caer.
Vuelve ella reclamando cada polvo que le he echado en otras pieles.
Cada duda de qué labios han probado mi saliba y en qué espaldas he escrito braille con arañazos lascivos.
El por qué elegiste naufragar en otras piernas distintas a las mías.
Vuelve ella al lugar en que perdimos los miedos.
Y la ropa.
Vuelve ese latido que salpicó de sentimientos las paredes de la habitación.
Vuelve todo a aquel lugar del crimen de sábanas mojadas con un sudor que no era el mío.
La patada en los cojones con botas de militar que me deshizo por dentro.
Su "es mejor así" que ahora le abofetea riéndose en su cara.
Vuelve ella.
Pero yo ya no estoy.
Baja el telón de esta historia y súbete las bragas, cariño.
Que he encontrado una piel que huele mejor que la tuya.
Unos dedos que bailan acompasados con mis gemidos.
Un cielo que sabe mejor que el que solía encontrar debajo de tu ombligo.
Y una vida que no está conmigo, pero tampoco contra mí.
lunes, 28 de abril de 2014
Acompasar mis latidos con tu respiración.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.
Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.
Ya no sé si eres jaula o libertad.
Evitar tus miradas,
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.
Me acaricias cada herida como si fueses alcohol,
me curas, pero escueces.
Me secas el pasado mojandome el presente.
Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.
Bésame los labios
y muérdeme la boca.
Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario,
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.
Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.
Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.
Ya no sé si eres jaula o libertad.
Evitar tus miradas,
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.
Me acaricias cada herida como si fueses alcohol,
me curas, pero escueces.
Me secas el pasado mojandome el presente.
Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.
Bésame los labios
y muérdeme la boca.
Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario,
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.
Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.
Time ago.
Hoy me han vuelto a hablar de ti, y he empezado a escupir gusanos que un día fueron putas mariposas.
Me han dicho que no estás bien.
Y yo no sé si alegrarme o ponerme contra el mundo.
Hiciste que huyera sin despedirme y tú, con un rabo entre las piernas.
Y casi te tengo que dar las gracias, nunca me ha gustado despedirme.
Cuántos meses han pasado desde que te corres en otras bocas.
Cuántas vidas te has llevado por delante.
Mira, da igual.
Yo sigo aquí.
En esta jodida casa que a veces me recuerda tu olor.
Durmiendo en esa vieja cama que se burla de mí porque el único motivo para cambiar las sábanas es el paso del tiempo.
Y construyendo barreras para reformar mi puto ego.
Hay veces que el coche se empaña y lo tranquilizo, porque esta vez no sufrirán sus asientos traseros, que esta vez, simplemente está lloviendo.
Estoy lloviendo.
Pero no.
No pienso cruzar la calle a darte un abrazo para secarte las lágrimas y mojarte las bragas.
Ya no.
Mira el cenicero.
Esta lleno de recuerdos olvidados.
De preguntas al aire que nadie nunca respondió.
Y de secretos que surgen en noches de insomnio, y no de incendio.
No pienso cruzar la calle.
Pero puedes subir a por tus cosas y acurrucarte en el mismo rincón en el que recogí la arena del reloj que marcó nuestra respiración.
Me han dicho que no estás bien.
Y yo no sé si alegrarme o ponerme contra el mundo.
Hiciste que huyera sin despedirme y tú, con un rabo entre las piernas.
Y casi te tengo que dar las gracias, nunca me ha gustado despedirme.
Cuántos meses han pasado desde que te corres en otras bocas.
Cuántas vidas te has llevado por delante.
Mira, da igual.
Yo sigo aquí.
En esta jodida casa que a veces me recuerda tu olor.
Durmiendo en esa vieja cama que se burla de mí porque el único motivo para cambiar las sábanas es el paso del tiempo.
Y construyendo barreras para reformar mi puto ego.
Hay veces que el coche se empaña y lo tranquilizo, porque esta vez no sufrirán sus asientos traseros, que esta vez, simplemente está lloviendo.
Estoy lloviendo.
Pero no.
No pienso cruzar la calle a darte un abrazo para secarte las lágrimas y mojarte las bragas.
Ya no.
Mira el cenicero.
Esta lleno de recuerdos olvidados.
De preguntas al aire que nadie nunca respondió.
Y de secretos que surgen en noches de insomnio, y no de incendio.
No pienso cruzar la calle.
Pero puedes subir a por tus cosas y acurrucarte en el mismo rincón en el que recogí la arena del reloj que marcó nuestra respiración.
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