En serio, no insistas.
No se me va a olvidar tu olor.
Ni tu sonrisa cobarde que se abre paso entre los dientes.
Ni tus labios algodón capaces de curar cualquier herida sangrando.
Ni tu mirada tímida disfrazada de rimell corrido.
De verdad.
No se me ha olvidado tu tacto de lija-terciopelo.
Cada mañana el sol me recuerda que te has ido con otro cuerpo y cada noche la luna se descojona en mi ventana.
No hace falta que me llames a destiempo.
Ni que evites las palabras si es que salen de mi boca.
No hace falta que me recuerdes que aún existes, pero que ya no estás.
Te voy a seguir pensando, descuida.
Voy a seguir buscando tus arrugas en otras comisuras.
Y tus lunares en otras espaldas.
Voy a seguir dejando las sábanas revueltas y la cama sin hacer.
Sigo escuchando latir cada muelle del sofá.
Y las agujas de aquel reloj que siempre fue de arena y nos marcaba los tiempos.
Y tus pasos descalzos en el pasillo.
Sigo gimiendo terrores cada vez que unos ojos me mantienen la mirada.
Y, a veces, se me escapa tu nombre.
Tú que tal por esas tierras?
A veces imagino que me echas de menos y otras deseo que no lo hagas.
Ya sabes, mi amor, siempre he sido algo extremista:
"O lo rompes.
O lo-curas"
Y yo nunca he estado muy cuerda.
miércoles, 18 de junio de 2014
domingo, 8 de junio de 2014
poti.
Desde que no me rozas ya ni el sol me quema.
No sabes mirarme sin humo que esconda tus intenciones.
No quieres hablarme sin echar (un) polvo de por medio que haga olvidar las últimas cosas que no nos dijimos.
Y es que llega un momento en que las miradas se quedan afónicas de tanto gritar.
Los ojos secos porque la única humedad que existe, habita en las bragas.
Y las lenguas sin la capacidad de mediar palabra.
Espero que ella sepa leerte los labios, besarte la boca y morderte cada lunar.
Espero que tú disfrutes contando gemidos en acústico, que siempre suenan mejor.
Cuántas manos tienen que tocar tus cuerdas de cinco dedos para que alguna haga la melodía que hicimos contando rallas de drogas sin contar que leían futuros inciertos.
Supongo que un pajaro no está hecho para vivir entre rejas, pero yo ya no sé vivir en libertad desde que te bajaste el pantalón para describir el sueño de una noche de verano sin palabras.
No sabes mirarme sin humo que esconda tus intenciones.
No quieres hablarme sin echar (un) polvo de por medio que haga olvidar las últimas cosas que no nos dijimos.
Y es que llega un momento en que las miradas se quedan afónicas de tanto gritar.
Los ojos secos porque la única humedad que existe, habita en las bragas.
Y las lenguas sin la capacidad de mediar palabra.
Espero que ella sepa leerte los labios, besarte la boca y morderte cada lunar.
Espero que tú disfrutes contando gemidos en acústico, que siempre suenan mejor.
Cuántas manos tienen que tocar tus cuerdas de cinco dedos para que alguna haga la melodía que hicimos contando rallas de drogas sin contar que leían futuros inciertos.
Supongo que un pajaro no está hecho para vivir entre rejas, pero yo ya no sé vivir en libertad desde que te bajaste el pantalón para describir el sueño de una noche de verano sin palabras.
jueves, 5 de junio de 2014
Problema.
El aliento que se queda después de un buen polvo.
Las cicatrices de un amor que sólo se expresaba en la cama.
Los arañazos de un pasado que nada tenía que ver contigo.
El tinte de unos besos con carmín barato.
El momento justo antes de perder el tren.
El sonido de un pecho recién partido.
El olor de unas bragas que incitaban a la lucha.
La luna llena gimiendo tu nombre más alto que yo.
El despliegue de unos brazos más acogedores que unas piernas abiertas.
Silencios rompetímpanos.
Gritos incompatibles con las cuerdas vocales.
Días nocturnos.
Noches de insomnio. De sexo.
Parpados-caja de las miradas más intensas y bonitas.
Juegos estratégicos para rozar unas manos.
Armarios sin monstruos.
Realidades paralelas.
Mentiras de verdad.
En definitiva, un sinsentido de palabras que embaucan a cualquier alma perdida.
Las cicatrices de un amor que sólo se expresaba en la cama.
Los arañazos de un pasado que nada tenía que ver contigo.
El tinte de unos besos con carmín barato.
El momento justo antes de perder el tren.
El sonido de un pecho recién partido.
El olor de unas bragas que incitaban a la lucha.
La luna llena gimiendo tu nombre más alto que yo.
El despliegue de unos brazos más acogedores que unas piernas abiertas.
Silencios rompetímpanos.
Gritos incompatibles con las cuerdas vocales.
Días nocturnos.
Noches de insomnio. De sexo.
Parpados-caja de las miradas más intensas y bonitas.
Juegos estratégicos para rozar unas manos.
Armarios sin monstruos.
Realidades paralelas.
Mentiras de verdad.
En definitiva, un sinsentido de palabras que embaucan a cualquier alma perdida.
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