jueves, 30 de enero de 2014

Hazlo.

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Chúpame las ganas.
Fóllame los miedos.
Rómpeme las dudas contra el cabecero de la cama.

Arráncame cada sueño para hacerlo realidad.

Ábreme las penas y busca el pasaporte para enviarme al cielo.

Muérdeme el presente y retuérceme el pasado que me mordías anoche.


Fúmate los "después" de cada polvo que te bebes.
O que me debes.

Cabalga mis paisajes.

Cómeme la vida que se esconde entre las piernas.

Engánchate a mi alma y arrópate con él.

Vive despacio y de rodillas y encuentra la felicidad que se esconde en la pequeña muerte.

No sé si me estoy explicando.


Pero resumiendo: 

                    Que vengas.
                                       Y que vengas YA.

miércoles, 29 de enero de 2014

Let's play the game.

Sólo quiero que ella me desee como tú lo haces ahora mismo.

Lo siento. 

No quiero recorrer sus rincones con mis dedos en tu cuerpo.

No quiero hablarle diciéndote "te quieros" que sólo cobran sentido si chocan con su pecho.

No quiero deshacer tu cama como si la estuviese buscando entre las sábanas. 

No quiero prepararle el desayuno después de exprimirte el cielo y llevárselo a tu cama.

No te mereces manos cobardes que bailen al son de un sexo para otra.
De unas ganas que siempre pierden.

Pégame una hostia.
La que le darías a ella por no dejarme hacerte poema en cada habitación. 

Hoy va de ella.
Sus caricias que no te doy.
Sus golpes que me llevo.

Nuestra noche que se guardó entre las piernas aquel día en que la quité las bragas.

Lo siento.

Sólo quiero que te deseen tanto como yo lo hago con ella...

sábado, 25 de enero de 2014

Ahí estás.

Invítame a tu cama que te invito a ver el cielo.

No te rías tanto que te delatan los nervios.
No te rías tanto que se me escapan los besos.

Cuéntame tus miedos, que yo te saco de dudas mientras fumamos drogadas en ese sucio sillón más viejo que mis ganas de tocarte hasta el alma y desgastarme la vida.

Pero contigo.

Que lo sabes.
Qué bien sabes.

Me hablan de paraísos sin haber tocado tu espalda. 
De paisajes sin haber visto tu culo.
Y de amor por cuatro besos teñidos de ron barato.

No soportarían ni uno solo de los tuyos.
Por eso se drogan.
Como yo.
Por si acaso. 

Y ahí estás. 
Acojonando a la luna sin saberlo.
Que ya no sale desde aquella noche en que tú lo hiciste con aquel vestido negro.
Que ya no salgo yo tampoco porque lo llevabas puesto.

No te vistas de inocencia.
Ni de miedos.
Ni de pasados a medias.
Ni de polvos a medio echar.
No te vistas, que yo acabo. Los completo.

No te muevas del sillón si no es para ir a la cama.

Que mi tesis doctoral va a ser sobre tu carrera.
La de la media.
Que la veo dónde empieza.
Y dónde acaba es un misterio que sólo saben tus bragas.

Venga. 
Apura ese cigarro, que me consumes la vida.

viernes, 24 de enero de 2014

Mi vida, ahora duerme...


He hablado de ti en pasado para tener un presente que no precede al futuro.

Todos me miraban espectantes mientras te describía desde aquel taburete viejo, como si les importases algo.
Como si tanta atención hiciera que fueses real.

Qué coño hicimos para acabar así:


Tú abrazada a otros miedos, enredada en otras piernas, atrapada en otra cama con muelles desgastados que suenan al ritmo de una canción desafinada.

Yo abrazando al silencio, a las penas de otras piernas, a otros pasados rotos. 
Almas destrozadas que no se llenan si no es con vodka, como yo.
Haciendo canciones sin ritmo, a base de golpes y gemidos que se escapan arañando las gargantas.
Desgastando las paredes por empujones y sacudidas.


Acariciamos el cielo con los pies en el infierno y la cabeza entre las piernas.
Rezamos a Dioses que no existen sólo por estar arrodilladas rozando el paraiso con la punta de la lengua.
Pude entrar en la cueva de tus miedos cada noche. 
La guardabas escondida debajo del ombligo.
Y te hice subir tan alto que conocimos a Dios.
En el reflejo del cristal de la mesilla.

Tú. 
Despeinada.
Sudorosa.
Empapada en placer y saliva.

Tú. 
La viva imagen de cualquier Dios digno de plegarias nocturnas.
El único por el que merece la pena rezar a los pies de la cama.
O en la encimera.
O en el coche.

Tú. 

Y mírame ahora.
Sin iglesia.
Sin ganas.
Perdiendo el sentido en otras camas entre mortales.

sábado, 18 de enero de 2014

no title.

Dile a ese cuerpo con el que te entretienes que no me odie por no salir de tu cabeza. 
Dile que no sólo me recuerdas entre las sábanas y sin ropa, sólo por que lo sepa cuando suenen los muelles de nuestro colchón.

Recuérda que la valentía no va atada al sexo. 

Ni mucho menos al amor, amor.

Acojónate si no puede follarte sólo con una mirada. Si no puede tocarte sin acabar echándote un polvo de los mediocres.


Que la piel no atiende solamente a la saliva.

Que el tacto se ha olvidado de tocar. Y sólo quiere sentir.

No me mires con esos ojos de infelicidad permitida.


No me digas ven, que no voy a dejarlo todo.

Porque tengo bastante poco.

Deshazte de tu abrigo de penas, que lo compraste sin rebajar. 

Para rebajarte o rebajarme, no lo sé muy bien.

Que la pena no mueve corazones.

El miedo la abraza y acaban fusionados.

Y me das pena.

Y rabia.
Y por culo si me vuelves a llamar.

Déjame en tus recuerdos y tortúrate para autocompadecerte después.


Mendígale caricias.

No me importa que ya no sea yo quien te las concede.
Que un par de besos no significan amor, amor, que tú a mí me los dabas y mírame.
Mírate.

miércoles, 15 de enero de 2014

Estrella.

Te escribo desde una carretera estrecha y desgastada, perdida de la civilización.

Te escibo pensando la de vidas destrozadas que han utilizado este asfalto para huir de todos los monstruos que guardaban debajo de la cama sin barrer, llena de polvo. 
De los que ya no echaban encima.

Es de noche y ya no duermo contigo.
Lo siento. 
Sabes lo que me asustan los amaneceres si no me tapas los ojos. 
Perdóname mañana cuando te despiertes y veas que no estoy.

No me eches de menos, no merece la pena. 
Ni tampoco la alegría. 

No soy la única persona que se ha ido de madrugada.
Ni tú la única que duerme sola.

No dramatices que me he traído la pena en los bolsillos.

De camino a encontrarme, una estrella me ha preguntado por ti.
Quizá esté demasiado colocada, no me hagas mucho caso.

Dice que hace tiempo que no vas a verla.
Y le he explicado que desde hace tiempo no follamos en condiciones.

Se ha ido agachando la cabeza.
Como yo.

No quiero olvidarte.
Sé que nadie me va a arañar la espalda como tú. 
Sé que nadie me va a doler tanto como tú. 

Pero tengo que irme.

Te prometí una cosa que ya no es compatible con lo que somos.
De hecho, ni si quiera tengo muy claro en qué nos hemos convertido. 

Empezamos rompiéndonos las bragas y nos hemos destrozado.

Aún te quiero.
Siempre lo he hecho.

Pero a veces no basta con eso.

Busca el sujetador negro que tanto me gustaba y mándamelo por correo urgente después de visitar el banco de debajo de casa dónde perdimos los papeles y fumamos nuestro aliento.

Búscate otro imbecil que te deshaga la cama y te chupe hasta los ojos. 
Búscate otra espalda donde dibujar tus peores pesadillas y unas piernas que acaben en un mar que disipe todas tus dudas.
Pero esta vez cuídale.
Cuídate. 

Olvídame como te olvidabas de la camiseta cuando te acariciaba por debajo del ombligo.

Te dejo mis ganas a los pies de la cama y un beso en la frente con el carmín rojo-puta que nos compramos para escribirnos mensajes en los espejos de los baños que nos querían más fuera que dentro.
Malditos cabrones.
Para una cosa bonita que entraba y querían echarte fuera en vez de un polvo.

Bueno te dejo, que me pierdo entre recuerdos oscuros y aquí las farolas no funcionan.

sábado, 11 de enero de 2014

Y que tú seas pecado...

Iba descalza y de puntillas. 

Qué idiota, como si así pudiera ovbiarla. 
Como si no la sintiese con tan solo la intención.

Le faltó menos de un dedo para que me retorciese por algo así como dolor y placer.

Se tumbó a mi lado, a mirarme mientras dormía,  como solía hacer yo cuando no quería dormir. 
Y es que a ver quién es el valiente que se pierde semejante paisaje con respiración propia y camiseta blanca de tirantes.
Y quién tan cobarde como para mirarlo con las luces apagadas.

Qué idiota otra vez, se pensaba que podía dormirme sin que estuviera a mi lado.

Te he echado de menos estos meses, sabes?

Y sí,  te lo susurro entre sueños desgastados. 
Mientras duermes, tú que puedes.
No tengo cojones a hacerlo de otra forma. 
Ni ganas.
Ya me conoces.

Sé que sueñas conmigo y no sabes muy bien si llamarlo pesadilla.
Sé que piensas en mi cuando suena el despertador, porque él no te hace café. 
Ni feliz. 
Ni nada.
Se parece a mi en esos últimos días. 

Me lo merezco.

Pero has vuelto.
Y otra vez no puedo dormir por mirarte.

He tirado el despertador por la ventana para destrozarme la vida, pero contigo. 
A ver si tengo suerte y esta vez acampamos en la cama.

Me has inducido al insomnio permanente, así que si no me vas a dejar soñar contigo, déjame abrazarte al menos.

Quédate.

viernes, 10 de enero de 2014

K.O.

Llevo días queriendote escribir.

Deja de mirar al pasado aunque vaya sin bragas, que ya pasó. 
Deja de pellizcarle los pezones mientras te mojas los dedos para pasar página, que luego nunca pasas página.

Que yo también sé ir sin bragas.
Y te prometo que la excusa de pasar página no es imprescindible para que me mojes los dedos.

Cuéntame un cuento porque no puedo dormir desde hace varios años.

Que si lo nuestro era de esperar, por qué aceleramos el tiempo.

(Des) Vísteme despacio, que tengo prisa por rozarte el culo mientras me chupas el cuello.

No me des la mano, mejor dame un beso de esos de película que nunca acaba bien.

Quítate la venda de los ojos.
Y los pantalones.
Y todo.
Que mi tacto sólo se alimenta de tu piel.
Que mis ojos ya no ven más que tu olor.
Y que hueles mejor que cualquier habitación recien follada.

Miénteme para decirme que te vas, y quédate cinco minutitos más.

Señálame el punto justo para destrozarte el alma y darte la vida que ahora te falta.

Lame mis heridas sin acariciarlas y déjame que mientras cocine tus miedos a (nuestro) fuego lento.

Que te oigo caer cuatro horas antes de que roces el suelo. Y que aún así no pienso evitarlo, que desde el suelo todo se ve mucho mejor.

Que es muy tarde y sigues sin contarme el cuento.
Que no puedo dormir como vengo haciendo desde hace un tiempo.
Y que mañana será otro día en el que pensaré la manera de evitar que salga el sol. 
Que el suelo, si no amanece, puede ser la mejor cama follada en la que aguantar cinco minutitos más.

viernes, 3 de enero de 2014

loliloli

Imagínate una noche sin estrellas ni farolas.
Una noche en la que la lluvia cala tanto como tus dedos.
Una noche sin mañana. 
Una luna que no ha oido hablar del sol.

Imagínate unos amantes sin amor.
Una cuerda rota por tanto tira y afloja.
Dos locos que se abrazan sin camisa de fuerza.

Imagínate un despertador que no tiene pilas.

Imagínate que te rozo en un encuentro planeado y totalmente casual.

Unos vasos  vacíos de alcohol por la falta de besos.

Imagínate recordar el olvido de algo que se te escapa de las manos.

Imagínate mis dedos en tu cuello.
Tu respiración acelerada.
La lluvia que te ha calado que ya no está. 
Pero tú sí.

Imagínate una noche jugando con mis ganas entre tus rodillas.
Una noche sin recuerdos a los que rendir cuentas, por que sólo tendrás que rendirte ante mí.

Y mañana,  si te he visto, yo me acuerdo.