Recuerdo cómo hace algo más de un año nos tocábamos desde lejos cuando nos mirábamos de cerca...
Recuerdo comentar tu modelito con quién luego acabé compartiendo besos y cama.
Recuerdo cómo las ganas se te salían por los ojos. Y por la boca.
Recuerdo tú boca.
Recuerdo cómo no dejamos ningún recuerdo que recordar después de un tiempo.
Recuerdo también pensar en ti durande varios meses después de todo aquello, y recuerdo cómo te fuiste escapando de mis recuerdos por cada agujero que taparon otras manos que no fueron las tuyas hasta olvidarte por completo.
Fue raro.
Especial.
Diferente.
Efímero.
No fue.
No vas a volver a re-cuerdarme porque mi locura traspasa tus fronteras.
Porque mis ganas juegan en otros cuerpos que me devuelven las llamadas.
No voy a volver a dejar que pase el tiempo sin tener nada que recordar.
Ni que pase otra noche en la que te escapas, y no conmigo.
Que el frío no sólo se combate con mantas, y sé que lo sabes.
Que el roce no siempre hace el cariño.
Que yo con el roce, hago el amor, cariño.
domingo, 29 de diciembre de 2013
sábado, 14 de diciembre de 2013
carta.
Te escribo porque mi cobardía no me deja hacer otra cosa:
Te quiero contar que desde hace tiempo tienes el papel de protagonista en todos mis delirios de niña sin juguete.
Me fumo mis miedos en papel OCB teñido de verde y marrón y me bebo los tuyos largos y con dos hielos.
Fríos, como tú.
Que en caliente todo se ve peor, dicen.
Cómo me fui.
Cómo me dejaste (hu)ir.
Que aquí nadie mueve un dedo si no es en la cama, y así nos va.
"Esto es lo que hay" y yo por más que miro no veo nada.
Y eso es lo que había.
Mi miedo escénico sólo me deja actuar cuando se ha bajado el telón.
O tú las bragas.
Y ahora hace frío.
Y yo sigo viendo las cosas mal, como en caliente.
Y no te bajas las bragas.
Ni yo me agacho a pedir perdón por no arañarte la espalda un poco más.
Punto y apártate de mi lado si no quieres romper la tregua.
Dale la vuelta al colchón porque chorrea recuerdos, y te vas a constipar de tanto despertárte humeda.
Cierra la puerta. Y las piernas, que ya no voy a volver.
Devuélveme las ganas, que la eternidad no es para siempre y el tiempo vuela con un ala rota.
Y que nada es para siempre.
Y yo sigo sin ver nada desde que se acabó el sustitutivo del chocolate que se toma entre las sábanas.
Te quiero contar que desde hace tiempo tienes el papel de protagonista en todos mis delirios de niña sin juguete.
Me fumo mis miedos en papel OCB teñido de verde y marrón y me bebo los tuyos largos y con dos hielos.
Fríos, como tú.
Que en caliente todo se ve peor, dicen.
Cómo me fui.
Cómo me dejaste (hu)ir.
Que aquí nadie mueve un dedo si no es en la cama, y así nos va.
"Esto es lo que hay" y yo por más que miro no veo nada.
Y eso es lo que había.
Mi miedo escénico sólo me deja actuar cuando se ha bajado el telón.
O tú las bragas.
Y ahora hace frío.
Y yo sigo viendo las cosas mal, como en caliente.
Y no te bajas las bragas.
Ni yo me agacho a pedir perdón por no arañarte la espalda un poco más.
Punto y apártate de mi lado si no quieres romper la tregua.
Dale la vuelta al colchón porque chorrea recuerdos, y te vas a constipar de tanto despertárte humeda.
Cierra la puerta. Y las piernas, que ya no voy a volver.
Devuélveme las ganas, que la eternidad no es para siempre y el tiempo vuela con un ala rota.
Y que nada es para siempre.
Y yo sigo sin ver nada desde que se acabó el sustitutivo del chocolate que se toma entre las sábanas.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
juas
Tengo sueño.
Tengo hambre, tengo ganas de ti y no te tengo.
Tengo tiempo que no tengo para pensar en ti.
Tengo una imaginación que no sabía que tenía.
Te veo cuando la miras.
La veo cuando me miras a mí.
Veo tu inocencia disfrazada de ingenuidad.
Tus ganas de mí vistiéndole a ella.
Y me veo a mí desde fuera rompiendo las reglas imaginando mirarnos sin miedo.
Veo tus nervios jugando con tu pelo desviando tu mirada de la mía, como si hubieras encontrado el interés de una baldosa.
Hay veces que el suelo puede ser muy interesante.
Te escondes detrás de ella, mirando hacia abajo obligada, porque sabes que conmigo ahí no podrías mirarle a ella.
Y rompo las reglas.
Y pido perdón porque no puedo evitarlo.
Y te sonrío.
Y desvío tu mirada del suelo.
Y me sonríes.
Te traigo hacia mí.
Me olvido de ella.
Tú también.
Me agarras la mano y la noche empieza a tener el sentido que le falta a todo lo demás.
Nos mira.
Se va.
Te quedas.
Lo siento.
Sabemos que va a ser eterno.
La etenidad que cabe en una calle de apenas 20 metros.
Rompo las reglas, pero no todo lo que me gustaría.
Te insulto por no besarte.
Me cruzas la cara porque no podemos hacer más.
Te pongo contra la pared.
Te ríes.
Te muerdes el labio porque el insulto lo inventé yo como excusa.
Y te vuelvo a insultar, ahora por no besarme.
Te arrastro al medio de la calle.
Nos mira.
Por suerte para ella se acabó la calle...
Vuelves con ella que rebosa celos, y me río.
Volveremos a encontrarnos, ya verás...
jueves, 5 de diciembre de 2013
Adiós
Cambio de planes.
Has hecho algo que creí imposible.
Se ha parado el tiempo.
Has parado el tiempo.
4 de diciembre.
15:45 h.
Puto atasco.
Empiezo a llorar.
Tengo miedo.
Empiezo a sentir que el tiempo se me escapa.
15:30 h.
Espérame, por favor.
Estoy llegando.
Empiezo a sentir que el tiempo se me escapa.
15:30 h.
Espérame, por favor.
Estoy llegando.
Sé que lo intentas. Pero no te quedan fuerzas.
Te quiero.
No sabes cuánto.
15:35 h.
Joder. No hay un puto sitio para aparcar el coche en esta puta ciudad?
15:40 h.
Escaleras infinitas y oscuras, como preludio de lo que me espera.
Me da miedo cruzar la puerta.
Se me encoge el alma.
Pienso en ti.
15:35 h.
Joder. No hay un puto sitio para aparcar el coche en esta puta ciudad?
15:40 h.
Escaleras infinitas y oscuras, como preludio de lo que me espera.
Me da miedo cruzar la puerta.
Se me encoge el alma.
Pienso en ti.
15:45 h.
Sé que cada vez que el reloj marque esa hora se va a parar un minuto como mi mundo cuando te vi y ya no estabas.
Hay muchos besos que no te he dado.
Recoge cada lágrima porque ya no sé cómo pararlas.
Son “te quieros” resbalando por mi cara.
Y son para ti.
Eras el más fuerte.
Es increíble que te consideren héroe.
Y tú lo eres para mí.
Desde pequeña.
Y para siempre.
Lo juro.
Para siempre.
Creo que te has llevado algo mío en cada una de tus sonrisas.
Que eran muchas.
Pero no me importa, te lo doy.
Hay muchos besos que no te he dado.
Recoge cada lágrima porque ya no sé cómo pararlas.
Son “te quieros” resbalando por mi cara.
Y son para ti.
Eras el más fuerte.
Es increíble que te consideren héroe.
Y tú lo eres para mí.
Desde pequeña.
Y para siempre.
Lo juro.
Para siempre.
Creo que te has llevado algo mío en cada una de tus sonrisas.
Que eran muchas.
Pero no me importa, te lo doy.
Y ojalá esté en lo cierto.
Envidio vuestra historia.
Ojalá me quieran como tú has querido. Como te han querido.
Y cómo te hemos querido.
Cómo te queremos.
Joder, cómo te quiero.
Piensa en mi estés donde estés, abuelo.
Descansa.
Envidio vuestra historia.
Ojalá me quieran como tú has querido. Como te han querido.
Y cómo te hemos querido.
Cómo te queremos.
Joder, cómo te quiero.
Piensa en mi estés donde estés, abuelo.
Descansa.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Ya no eres la misma desde aquel día, y no puedo culparte.
Yo tampoco.
Tú lo diste todo por sentado desde el momento en que viste que perdí el norte entre tus piernas.
Yo tuve que darlo todo por sentido después de varios meses.
Ya no quedaba de donde sacar.
Todo eso dejó de merecer la pena, cuando se acabó la alegría.
Y así nos iba.
Es cierto que el día parecía más bonito si lo mirabamos desde la misma cama.
Pero ya sabes, las cosas no son lo que parecen.
Y las personas, amor, no sólo se cansan de correr.
Las personas, amiga, se cansan también de que arañes espaldas que no son la mía.
"Eres dueño de tu silencio" dicen los que no saben lo que es una guerra contigo.
"Y esclavo de tus palabras" hasta que se cruzan en tu vida.
Me he dado cuenta que lo bonito del amanecer es que salga el sol.
Que verlo desde la cama contigo sólo lo hace más cálido, pero que vamos, hoy por hoy, un radiador hace el mismo efecto que tú en esos últimos meses.
Que verlo desde la cama contigo sólo lo hace más cálido, pero que vamos, hoy por hoy, un radiador hace el mismo efecto que tú en esos últimos meses.
Espero que no me eches de menos, pero que te acuerdes de mí...
jueves, 21 de noviembre de 2013
no sentí.
Los corazones se desgastan a la misma velocidad en la que sopla el viento y se lleva las palabras que prometían vidas juntas.
Hay que curar la herida desde dentro, rompiendote del todo y empezando de nuevo, porque las tiritas son la solución más rápida, pero se despegan, también, muy rápido, dejando la herida descubierta, vulnerable, como al principio.
Y joder, cómo duele.
Que yo cuando me acerco a la sección de productos de temporada en el centro comercial, no veo que vendan promesas como las que se ven diariamente en todas partes, porque las promesas no tienen precio.
Tenía que haberle hecho caso a Iván cuando decía "promesas que no valen nada...".
Porque no, no valen nada, las promesas son esas palabras que se lleva el viento, arrancándote las ganas y la ilusión y desgastando corazones aleatoriamente.
Que te miro desde lejos, porque de cerca me da miedo.
Que yo no te prometería nada, porque no hay mejor promesa que la infinidad de tu cuerpo.
Y que no es necesaria una promesa para saber que me tienes, de lejos, de cerca, delante, detrás, encima o debajo...que me tienes donde y cuando quieras.
Y que no hace falta que me llames a gritos, a no ser que estemos entre sábanas y sudor.
Que por ti no prometo.
Por ti firmo un contrato. En tu espalda. Con tinta de saliva y mi lengua como boli.
Que no me da miedo que se desgante el corazón, porque: allá tú cómo lo quieres.
Y (pro)méteme el cielo de tus labios, entre mis piernas.
El calor del invierno sin radiador.
Un lenguaje nuestro.
Prométeme tu propia lengua.
Pero sin palabras.
Prometeme sin hablar.
En tu cama o en la mía.
En el parque o en el bar.
De día o de noche.
Cuando quieras.
Como quieras.
Que ya sabes, yo estaré ahí.
Hay que curar la herida desde dentro, rompiendote del todo y empezando de nuevo, porque las tiritas son la solución más rápida, pero se despegan, también, muy rápido, dejando la herida descubierta, vulnerable, como al principio.
Y joder, cómo duele.
Que yo cuando me acerco a la sección de productos de temporada en el centro comercial, no veo que vendan promesas como las que se ven diariamente en todas partes, porque las promesas no tienen precio.
Tenía que haberle hecho caso a Iván cuando decía "promesas que no valen nada...".
Porque no, no valen nada, las promesas son esas palabras que se lleva el viento, arrancándote las ganas y la ilusión y desgastando corazones aleatoriamente.
Que te miro desde lejos, porque de cerca me da miedo.
Que yo no te prometería nada, porque no hay mejor promesa que la infinidad de tu cuerpo.
Y que no es necesaria una promesa para saber que me tienes, de lejos, de cerca, delante, detrás, encima o debajo...que me tienes donde y cuando quieras.
Y que no hace falta que me llames a gritos, a no ser que estemos entre sábanas y sudor.
Que por ti no prometo.
Por ti firmo un contrato. En tu espalda. Con tinta de saliva y mi lengua como boli.
Que no me da miedo que se desgante el corazón, porque: allá tú cómo lo quieres.
Y (pro)méteme el cielo de tus labios, entre mis piernas.
El calor del invierno sin radiador.
Un lenguaje nuestro.
Prométeme tu propia lengua.
Pero sin palabras.
Prometeme sin hablar.
En tu cama o en la mía.
En el parque o en el bar.
De día o de noche.
Cuando quieras.
Como quieras.
Que ya sabes, yo estaré ahí.
martes, 19 de noviembre de 2013
burn
La palabra imposible está sobrevalorada.
En un principio la relacionaba contigo, pero es un error vestir un cuerpo con una palabra.
Y más si es imposible.
La palabra, digo.
Creo que hay solución para casi todo.
Y ese casi, no te abarca. Ni te abraza.
Y esa solución puede esconder la manera de salvarnos.
Qué ironía.
He ganado, porque te he perdido.
Y tú, te has perdido al perderme, llenándote de ganas de ganarme.
Y ahora no te queda otra forma de salvarte que recordando aquella noche en la que te salvé con la yema de mi dedo índice.
Y ahora te mareas cuando haces memoria porque el borde de tu cama no da el mismo vértigo cuando te asomas sola.
Sálvate, que yo ya no puedo.
O no quiero.
Que el paseo diario de antes, era irnos sin salir de casa.
Ahora no me esperes que ya no voy a volver a agarrar tu mano.
Caminas sola.
Así que ya no me esperes.
Que yo salgo cuando quiero, con quien quiero.
Entiéndeme.
Entiéndeme a mí, y lo que estoy diciendo, porque ya no sé si me estoy explicando.
Recuerda que detrás de la palabra imposible se encuentra la palabra posible, y detrás de ti, estaba yo.
Y aunque te pareciera imposible, muy posiblemente cuando leas esto, yo ya me habré ido, sin salir de casa, en la misma cama, pero con otro cuerpo.
En otro cuerpo.
En un principio la relacionaba contigo, pero es un error vestir un cuerpo con una palabra.
Y más si es imposible.
La palabra, digo.
Creo que hay solución para casi todo.
Y ese casi, no te abarca. Ni te abraza.
Y esa solución puede esconder la manera de salvarnos.
Qué ironía.
He ganado, porque te he perdido.
Y tú, te has perdido al perderme, llenándote de ganas de ganarme.
Y ahora no te queda otra forma de salvarte que recordando aquella noche en la que te salvé con la yema de mi dedo índice.
Y ahora te mareas cuando haces memoria porque el borde de tu cama no da el mismo vértigo cuando te asomas sola.
Sálvate, que yo ya no puedo.
O no quiero.
Que el paseo diario de antes, era irnos sin salir de casa.
Ahora no me esperes que ya no voy a volver a agarrar tu mano.
Caminas sola.
Así que ya no me esperes.
Que yo salgo cuando quiero, con quien quiero.
Entiéndeme.
Entiéndeme a mí, y lo que estoy diciendo, porque ya no sé si me estoy explicando.
Recuerda que detrás de la palabra imposible se encuentra la palabra posible, y detrás de ti, estaba yo.
Y aunque te pareciera imposible, muy posiblemente cuando leas esto, yo ya me habré ido, sin salir de casa, en la misma cama, pero con otro cuerpo.
En otro cuerpo.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Y os veo rebosantes de corazones y amor prematuro.
Y lo pienso.
Y te pienso.
Y ahora yo no quiero un "cuelga tú...no tú...va, cuelga tú..." porque al final me acabo colgando yo.
Y lo echo de menos.
A veces colgar.
Y otras colgarme.
Te echo de menos.
Pero que me corten la lengua antes de decirtelo.
Porque si te echo de menos es que ya no estás.
Y si no estás no tiene ningún tipo de utilidad.
Porque ya no es justo.
Que lo único justo que hay entre tú y yo son los pantalones que vistes que no dan lugar a imaginar nada y me miran riéndose por ser ellos quiénes disfrutan de tu piel.
Que el dolor apareció desde que mi miedo y tus ganas de otro cuerpo se concentraron en mi pecho y apretaron fuerte contra el esternon quitándole espacio al hijo de puta que ya no sabe ni por quién latir.
Que empiezo a pensar que te exprimí al máximo para sacarte todo el jugo que cabía entre tus piernas y ahora lloro por dos.
Porque no te queda nada.
Que tus mariposas del estomago de aquella noche han volado de tanto abrir(te).
Y que las mías han involucionado y se han convertido en gusanos de un cuerpo muerto.
Y ya no queda nada.
Pero yo, ahora, te echo de menos.
Y lo pienso.
Y te pienso.
Y ahora yo no quiero un "cuelga tú...no tú...va, cuelga tú..." porque al final me acabo colgando yo.
Y lo echo de menos.
A veces colgar.
Y otras colgarme.
Te echo de menos.
Pero que me corten la lengua antes de decirtelo.
Porque si te echo de menos es que ya no estás.
Y si no estás no tiene ningún tipo de utilidad.
Porque ya no es justo.
Que lo único justo que hay entre tú y yo son los pantalones que vistes que no dan lugar a imaginar nada y me miran riéndose por ser ellos quiénes disfrutan de tu piel.
Que el dolor apareció desde que mi miedo y tus ganas de otro cuerpo se concentraron en mi pecho y apretaron fuerte contra el esternon quitándole espacio al hijo de puta que ya no sabe ni por quién latir.
Que empiezo a pensar que te exprimí al máximo para sacarte todo el jugo que cabía entre tus piernas y ahora lloro por dos.
Porque no te queda nada.
Que tus mariposas del estomago de aquella noche han volado de tanto abrir(te).
Y que las mías han involucionado y se han convertido en gusanos de un cuerpo muerto.
Y ya no queda nada.
Pero yo, ahora, te echo de menos.
Hoy te he visto.
Y sí. Estabas tan guapa...
Y hemos hablado de nada, como siempre.
Y me has contado todo.
Como nunca.
He estado a punto de dispararte un par de lágrimas de esas que salen sin permiso, y que duelen con placer.
No sé si lo habrás notado.
Pero he recordado cosas que creía no tener en el jodido baúl de los recuerdos incompletos.
Y mis ojos no aguantaban el mar de mis heridas del pasado.
Y no sé si lo habrás notado.
Pero me has abrazado como siempre.
Y te he sentido como nunca.
Y joder, qué bien hueles.
Y esto sí lo has notado.
Qué grande eres y qué pequeña me vuelves.
Y cómo dominas el tiempo cuando me tienes entre tus brazos.
Cómo te enganchas a las agujas y cómo me engancho yo a ti.
Y al pasado erróneo de tu recuerdo.
Y a veces dudo del ritmo de mis latidos y los confundo con una canción de amor que siempre acaba mal.
Y qué mal mientes mirándome.
Y cómo te ríes complice de aquella noche que sólo sabemos tú y yo.
Y claro, joder, claro que lo has notado.
Y yo también.
Y me rozas la espalda desde lejos.
Y me miras desde cerca, como si hubiera sido un accidente planeado desde hace días, como si nadie se diera cuenta de nada.
Y como me gusta. O me gustaba.
jueves, 7 de noviembre de 2013
ay amor.
Déjalo.
No lo intentes más.
Nunca es tarde, o eso dicen.
Pero ahora es pronto, o eso digo.
Me he cansado de palabras vacías que pretenden llenar huecos de corazones ajenos.
Que ya no quiero paseos por inercia.
Con desgana.
Sin ilusión.
Por rutina.
Que no tengo ganas de preguntas a destiempo ni respuestas obligadas.
Ni de caricias imantadas que ya no queman por que se han apagado.
Ni de besos que en vez de curar, abren la herida.
Que no.
Que es tarde. O demasiado pronto.
Que yo lo que quiero son las chispas que preceden al incendio. Y apagarlo con sudor, entre otras cosas.
Quiero desdibujar la frontera de tu cuerpo y confundirlo con el mío.
Borrarme las huellas dactilares a base de caricias que quemen tanto que lleguen a prender.
Beberte.
Pegarte tanto a mí que no distingamos nuestras pieles.
Arañarte la espalda hasta que sangres para reavivar la herida.
Estrellar el agua oxigenada contra la pared porque no hay mejor desinfectante para las heridas del pasado que la saliva en plena guerra de amor entre las sábanas.
Quedarnos sin aire.
Y respirarte.
Sudar ilusión, y dolor, y placer, y miedo, y ganas, y no preocuparse por si mañana va a salir el sol.
Y subir para que bajes.
Y llorar.
Y gritar.
Y reír.
Olvidar el pasado suplicando presente para alimentar futuro.
Y un cuídame que yo no puedo porque bastante tengo contigo.
Y te cuido.
Déjalo, que ahora es pronto para decir que nunca es tarde.
No lo intentes más.
Nunca es tarde, o eso dicen.
Pero ahora es pronto, o eso digo.
Me he cansado de palabras vacías que pretenden llenar huecos de corazones ajenos.
Que ya no quiero paseos por inercia.
Con desgana.
Sin ilusión.
Por rutina.
Que no tengo ganas de preguntas a destiempo ni respuestas obligadas.
Ni de caricias imantadas que ya no queman por que se han apagado.
Ni de besos que en vez de curar, abren la herida.
Que no.
Que es tarde. O demasiado pronto.
Que yo lo que quiero son las chispas que preceden al incendio. Y apagarlo con sudor, entre otras cosas.
Quiero desdibujar la frontera de tu cuerpo y confundirlo con el mío.
Borrarme las huellas dactilares a base de caricias que quemen tanto que lleguen a prender.
Beberte.
Pegarte tanto a mí que no distingamos nuestras pieles.
Arañarte la espalda hasta que sangres para reavivar la herida.
Estrellar el agua oxigenada contra la pared porque no hay mejor desinfectante para las heridas del pasado que la saliva en plena guerra de amor entre las sábanas.
Quedarnos sin aire.
Y respirarte.
Sudar ilusión, y dolor, y placer, y miedo, y ganas, y no preocuparse por si mañana va a salir el sol.
Y subir para que bajes.
Y llorar.
Y gritar.
Y reír.
Olvidar el pasado suplicando presente para alimentar futuro.
Y un cuídame que yo no puedo porque bastante tengo contigo.
Y te cuido.
Déjalo, que ahora es pronto para decir que nunca es tarde.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Hablo contigo como el que se levanta, desayuna y se va a trabajar rutinariamente día tras día.
Y ni lo notas.
Y te saco una sonrisa, porque hoy no ha salido el sol, y me da miedo la oscuridad si no es contigo.
Y parece que va a llover.
Y no quiero que te moje la lluvia, si la lluvia no soy yo.
Que los únicos vértigos que conozco son los que me dan cuando me asomo al abismo de tu espalda.
Que si se trata de abrir ventanas para asomarte a la infinidad del universo, tendremos que empezar por tus piernas.
Que el paisaje de tu cuerpo lo completa la profundidad de tu ombligo.
Y que el sendero acaba siempre en río.
Que no por mucho madrugar amanece más temprano.
Ni tampoco no dormir impide que se haga de día.
Y que te vayas.
Y que tenga miedo.
Que está oscuro porque está nublado.
Porque al final va llover.
Y tú ya no estás.
Que las nubes serán mis ojos.
Y no la cueva de debajo de tu ombligo.
Que ya no hay sendero que acabe en río, porque ya hay luz. Y se ha secado.
Y quién se crea lo de que a quién madruga Dios le ayuda, tiene que probar a pasar la noche contigo y replantearse su vida.
Que yo no quiero madrugar y por eso no he dormido.
Que hemos jugado a ser Dios durante toda la noche y parece que me has ganado, porque si de mi dependiera seguirían siendo las 3 de la mañana y seguirías en mi cama.
Y estás saliendo por la puerta.
Y yo aquí, maldiciendo al sol, porque me da igual que ya no caliente.
Que esta noche tampoco estaba y hemos mojado las sábanas también de sudor.
Y desapareces tras decir “Adiós”.
Y me muero porque todos sabemos que un “Adiós” no es lo mismo que un “Hasta luego”.
Adiós.
Y ni lo notas.
Y te saco una sonrisa, porque hoy no ha salido el sol, y me da miedo la oscuridad si no es contigo.
Y parece que va a llover.
Y no quiero que te moje la lluvia, si la lluvia no soy yo.
Que los únicos vértigos que conozco son los que me dan cuando me asomo al abismo de tu espalda.
Que si se trata de abrir ventanas para asomarte a la infinidad del universo, tendremos que empezar por tus piernas.
Que el paisaje de tu cuerpo lo completa la profundidad de tu ombligo.
Y que el sendero acaba siempre en río.
Que no por mucho madrugar amanece más temprano.
Ni tampoco no dormir impide que se haga de día.
Y que te vayas.
Y que tenga miedo.
Que está oscuro porque está nublado.
Porque al final va llover.
Y tú ya no estás.
Que las nubes serán mis ojos.
Y no la cueva de debajo de tu ombligo.
Que ya no hay sendero que acabe en río, porque ya hay luz. Y se ha secado.
Y quién se crea lo de que a quién madruga Dios le ayuda, tiene que probar a pasar la noche contigo y replantearse su vida.
Que yo no quiero madrugar y por eso no he dormido.
Que hemos jugado a ser Dios durante toda la noche y parece que me has ganado, porque si de mi dependiera seguirían siendo las 3 de la mañana y seguirías en mi cama.
Y estás saliendo por la puerta.
Y yo aquí, maldiciendo al sol, porque me da igual que ya no caliente.
Que esta noche tampoco estaba y hemos mojado las sábanas también de sudor.
Y desapareces tras decir “Adiós”.
Y me muero porque todos sabemos que un “Adiós” no es lo mismo que un “Hasta luego”.
Adiós.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Halloween.
No sé si una noche infectada de La Muerte puede llegar en algún momento a ser alegre.
Eso parece.
Y no me parece mal. O sí. No sé.
La gente se disfraza de todo lo que en algún momento le ha acojonado, y se ríe.
Como burlándose de todo eso, para llegar a casa y llorar como niños.
Como si por un momento se parase el mundo y se volvieran inmunes a todos sus temores.
Debe ser algo parecido a cuando me rozas la mano cuando nos cruzamos en un sitio tan lleno de gente que ni se puede respirar (te).
Vamos, sin querer.
Vivo jodida de miedo a que el mundo se entere de que en ese momento les mandaría a todos a tomar por culo.
A que eso no pase.
Y a que pase.
Busco la casualidad en un mundo planeado para que no te asustes, que si quieres miedo, a mi me sobra, no necesito darte razones.
Te tengo unas ganas guardadas entre caricias y arañazos que no serías capaz de soportar. Ni de entender.
No hay camisa de fuerza que soporte mis sacudidas cuando me pides con los ojos un abrazo. Ni loco que pudiera entenderlo. Ni cuerdo con capacidad de reacción.
Que la lobotomía se queda corta cuando me hablan de olvidarte.
Yo me guardo un as en la manga, y más te vale a ti guardarte un tranquilizante en el bolsillo si no quieres que al acercarte se me salga el corazón latiendo a mil por hora. Por si te salpica.
Volviendo al tema, no sé si disfrazarme de ti o de tu ausencia.
De tus besos o de tu indiferencia.
De tu espalda o de esa camiseta a rallas oscuras que llevabas el día en que te clavaste en mis pupilas.
No sé si salir disparada a buscarte o dispararme para empezar a correr.
No sé, debe ser que la noche a mi, como a tantos otros, también me confunde.
Eso parece.
Y no me parece mal. O sí. No sé.
La gente se disfraza de todo lo que en algún momento le ha acojonado, y se ríe.
Como burlándose de todo eso, para llegar a casa y llorar como niños.
Como si por un momento se parase el mundo y se volvieran inmunes a todos sus temores.
Debe ser algo parecido a cuando me rozas la mano cuando nos cruzamos en un sitio tan lleno de gente que ni se puede respirar (te).
Vamos, sin querer.
Vivo jodida de miedo a que el mundo se entere de que en ese momento les mandaría a todos a tomar por culo.
A que eso no pase.
Y a que pase.
Busco la casualidad en un mundo planeado para que no te asustes, que si quieres miedo, a mi me sobra, no necesito darte razones.
Te tengo unas ganas guardadas entre caricias y arañazos que no serías capaz de soportar. Ni de entender.
No hay camisa de fuerza que soporte mis sacudidas cuando me pides con los ojos un abrazo. Ni loco que pudiera entenderlo. Ni cuerdo con capacidad de reacción.
Que la lobotomía se queda corta cuando me hablan de olvidarte.
Yo me guardo un as en la manga, y más te vale a ti guardarte un tranquilizante en el bolsillo si no quieres que al acercarte se me salga el corazón latiendo a mil por hora. Por si te salpica.
Volviendo al tema, no sé si disfrazarme de ti o de tu ausencia.
De tus besos o de tu indiferencia.
De tu espalda o de esa camiseta a rallas oscuras que llevabas el día en que te clavaste en mis pupilas.
No sé si salir disparada a buscarte o dispararme para empezar a correr.
No sé, debe ser que la noche a mi, como a tantos otros, también me confunde.
martes, 29 de octubre de 2013
tatin
“Te quiero”
Cómo lo haces? Nunca he podido querer a alguien sin sentir.
Y tú ya no sientes, pero “me quieres”.
Querer es lo que se te ha olvidado.
Me quieres (querer).
Disparas esas dos balas por tu boca, sin saber que las balas duelen, y más si apuntas al corazón.
Puedo morir desangrada en cualquier momento. O de pena. O de miedo.
Pero puedo morir.
Y lo repites: “te quiero más que…”
Y no tienes cojones a acabar la frase, como si tu pistola se hubiera descargado.
Como si ya me hubieras matado.
Como si ya te hubieras matado. De pena. O de miedo. O de (des)ganas.
Pero muerto.
Y da igual. Ya no tienen ningún sentido. Balas que van de tu boca a mi dedo corazón. Y no como antes, que salían de tu corazón y daban sentido a mis dedos.
Y te quieres morir. De pena.
Ya no late. Ya no lates. Esas palabras eran música excitante y ya no se mueve.
Y te acuerdas de cómo temblabas la primera vez.
La primera vez que se te escaparon.
La primera vez que te sonreí.
La primera vez que mis dedos perdieron el sentido de la orientación y se perdieron en tu cuerpo, y cobró sentido toda esta tortura.
Y se te sale la pena por los ojos.
Y sube un poco la marea.
Y te bajas las bragas.
Como si el corazón alguna vez hubiera estado tan mojado.
Y no te quiero.
Pero jugamos a la última esperanza entre gritos y golpes.
Entre alcohol y droga.
Entre todo este desorden.
Y exprimimos nuestras pieles como quien exprime el medio limón seco que viene de serie en todas las neveras. Del que no sacas nada de jugo, pero al menos te mojas las manos en el intento.
Como ahora.
Y la marea sube. Más.
Y yo bajo.
Te seco las lágrimas, que lo estamos entendiendo mal.
No es la cara lo que tiene que estar mojado.
Te acaricio los labios como antes.
Y me muerdes como siempre.
Y ya no sé si te quiero.
Si me quieres.
Y así sobrevivimos desde hace meses.
Como el medio limón que guardamos en la nevera.
Por si acaso.
Cómo lo haces? Nunca he podido querer a alguien sin sentir.
Y tú ya no sientes, pero “me quieres”.
Querer es lo que se te ha olvidado.
Me quieres (querer).
Disparas esas dos balas por tu boca, sin saber que las balas duelen, y más si apuntas al corazón.
Puedo morir desangrada en cualquier momento. O de pena. O de miedo.
Pero puedo morir.
Y lo repites: “te quiero más que…”
Y no tienes cojones a acabar la frase, como si tu pistola se hubiera descargado.
Como si ya me hubieras matado.
Como si ya te hubieras matado. De pena. O de miedo. O de (des)ganas.
Pero muerto.
Y da igual. Ya no tienen ningún sentido. Balas que van de tu boca a mi dedo corazón. Y no como antes, que salían de tu corazón y daban sentido a mis dedos.
Y te quieres morir. De pena.
Ya no late. Ya no lates. Esas palabras eran música excitante y ya no se mueve.
Y te acuerdas de cómo temblabas la primera vez.
La primera vez que se te escaparon.
La primera vez que te sonreí.
La primera vez que mis dedos perdieron el sentido de la orientación y se perdieron en tu cuerpo, y cobró sentido toda esta tortura.
Y se te sale la pena por los ojos.
Y sube un poco la marea.
Y te bajas las bragas.
Como si el corazón alguna vez hubiera estado tan mojado.
Y no te quiero.
Pero jugamos a la última esperanza entre gritos y golpes.
Entre alcohol y droga.
Entre todo este desorden.
Y exprimimos nuestras pieles como quien exprime el medio limón seco que viene de serie en todas las neveras. Del que no sacas nada de jugo, pero al menos te mojas las manos en el intento.
Como ahora.
Y la marea sube. Más.
Y yo bajo.
Te seco las lágrimas, que lo estamos entendiendo mal.
No es la cara lo que tiene que estar mojado.
Te acaricio los labios como antes.
Y me muerdes como siempre.
Y ya no sé si te quiero.
Si me quieres.
Y así sobrevivimos desde hace meses.
Como el medio limón que guardamos en la nevera.
Por si acaso.
“Espero que lo estés pasando bien.
Yo haré lo propio en la cama, pero no confundamos lo propio con lo apropiado, porque lo haré pensando en ti, y eso para nada es lo apropiado en estos momentos.”
Así me despedí de ti hace unas noches.
Y tú ni si quiera lo sabes.
Quizá por eso lo hice en una red social, en la que todos nos escondemos cuando somos más cobardes que personas.
Para que te enterases y no, al mismo tiempo.
Como el resto.
Lo pasaste bien, y me alegro de que por lo menos uno de los dos lo hiciera de una forma real, sin necesidad de imaginar cosas que sabemos que son imposibles, por que sí, lo siento, es hora de aceptarlo, hay cosas imposibles. Impasibles.
Pero tranquilos, que el hecho de que existan las cosas imposibles, no significa que el mundo vaya a acabarse, aunque eso sí que puede ser posible.
Te perdono.
Te perdono por haber conseguido engrasarme las bisagras del esternón sin saber que detrás de él, está el hijo de puta que se acelera cuando te acercas despacio.
Y por eso te perdono.
Y también te pido perdón.
Por haberme despistado.
Por intentar levantar la costra de la herida que pretendes arreglar a base de lametazos de de otra vida herida y falta de atención (como la mía).
Con otra saliva infectada de dolor. Porque, al fin y al cabo, dos dolores se hacen compañía, y acaban des-apareciendo de algún modo.
Buscabas eso.
Y yo lo que pretendía era, ser el carpintero que sacara ese clavo atravesado. Porque no nos engañemos, un clavo no saca otro clavo, lo puede clavar más profundamente para que no se vea en un primer vistazo, o puede moverlo hacia un sitio donde moleste menos, pero un clavo, no puede sacar a otro.
Y tú sólo querías tapar el dolor de la herida abierta.
Como cuando te pillas la mano y al ir a buscar hielo te tuerces un tobillo.
Te dolerá el tobillo, pero no podrás olvidar del todo que te has pillado la mano.
Yo haré lo propio en la cama, pero no confundamos lo propio con lo apropiado, porque lo haré pensando en ti, y eso para nada es lo apropiado en estos momentos.”
Así me despedí de ti hace unas noches.
Y tú ni si quiera lo sabes.
Quizá por eso lo hice en una red social, en la que todos nos escondemos cuando somos más cobardes que personas.
Para que te enterases y no, al mismo tiempo.
Como el resto.
Lo pasaste bien, y me alegro de que por lo menos uno de los dos lo hiciera de una forma real, sin necesidad de imaginar cosas que sabemos que son imposibles, por que sí, lo siento, es hora de aceptarlo, hay cosas imposibles. Impasibles.
Pero tranquilos, que el hecho de que existan las cosas imposibles, no significa que el mundo vaya a acabarse, aunque eso sí que puede ser posible.
Te perdono.
Te perdono por haber conseguido engrasarme las bisagras del esternón sin saber que detrás de él, está el hijo de puta que se acelera cuando te acercas despacio.
Y por eso te perdono.
Y también te pido perdón.
Por haberme despistado.
Por intentar levantar la costra de la herida que pretendes arreglar a base de lametazos de de otra vida herida y falta de atención (como la mía).
Con otra saliva infectada de dolor. Porque, al fin y al cabo, dos dolores se hacen compañía, y acaban des-apareciendo de algún modo.
Buscabas eso.
Y yo lo que pretendía era, ser el carpintero que sacara ese clavo atravesado. Porque no nos engañemos, un clavo no saca otro clavo, lo puede clavar más profundamente para que no se vea en un primer vistazo, o puede moverlo hacia un sitio donde moleste menos, pero un clavo, no puede sacar a otro.
Y tú sólo querías tapar el dolor de la herida abierta.
Como cuando te pillas la mano y al ir a buscar hielo te tuerces un tobillo.
Te dolerá el tobillo, pero no podrás olvidar del todo que te has pillado la mano.
miércoles, 16 de octubre de 2013
control.
Me miras.
Tengo que irme. De verdad.
Y no es que quiera irme, o no de esa manera al menos. Pero no puedo quedarme.
Si no me quedo es por no perderme, que hasta mi brújula llavero pierde el norte cuando te acercas.
Te voy a contar un secreto que sólo sabe el escalón de entrada a ese portal antiguo que usamos de banco, y es que yo, aún, estoy más cerca del suelo que él. Y no conviene que sigamos aquí sentadas como si estuvieramos mendigando algo que el dinero no puede comprar.
Tú necesitas que te quieran como no lo hacen desde hace meses. O que te follen.
Y yo podría llegar a hacerlo. Todo.
Pero no puedo quedarme.
No te creas que no quiero seguir ahí. Lo que no quiero es llegar a demostarte que puedo conseguir complacer todas tus súplicas, aunque la que se ponga de rodillas sea yo, para que supliques más.
Apenas te conozco pero lo sé. Y tú en el fondo también lo tienes claro.
Y me voy.
Y te vas.
Te vas buscando todo los que echas en falta desde hace meses. Seguro que por ahí hay alguien con más cojones pero menos ganas que yo.
Y te empujo a conseguirlo.
Y me vuelvo al escalón de los secretos.
Y aquí te espero. Si es que algún día te apetece volver.
Tengo que irme. De verdad.
Y no es que quiera irme, o no de esa manera al menos. Pero no puedo quedarme.
Si no me quedo es por no perderme, que hasta mi brújula llavero pierde el norte cuando te acercas.
Te voy a contar un secreto que sólo sabe el escalón de entrada a ese portal antiguo que usamos de banco, y es que yo, aún, estoy más cerca del suelo que él. Y no conviene que sigamos aquí sentadas como si estuvieramos mendigando algo que el dinero no puede comprar.
Tú necesitas que te quieran como no lo hacen desde hace meses. O que te follen.
Y yo podría llegar a hacerlo. Todo.
Pero no puedo quedarme.
No te creas que no quiero seguir ahí. Lo que no quiero es llegar a demostarte que puedo conseguir complacer todas tus súplicas, aunque la que se ponga de rodillas sea yo, para que supliques más.
Apenas te conozco pero lo sé. Y tú en el fondo también lo tienes claro.
Y me voy.
Y te vas.
Te vas buscando todo los que echas en falta desde hace meses. Seguro que por ahí hay alguien con más cojones pero menos ganas que yo.
Y te empujo a conseguirlo.
Y me vuelvo al escalón de los secretos.
Y aquí te espero. Si es que algún día te apetece volver.
Hay cosas prohibidas, cosas peligrosas, cosas inevitables.
Hay cosas desconocidas que parece que conocemos, pero que solamente son un espejismo.
Hay cosas que están bien, otras que están mal, otras que no se sabe muy bien cómo están. Y hay cosas que están, como podrían no estarlo.
Hay cosas que son certeza y cosas que no sabemos muy bien si ni siquiera están pero nos conviene creeelo.
Hay muchas cosas. Cosas que agradan y cosas que joden. Y cosas que joden pero que agradan.
No sé.
Entre todas esas cosas, si me dieran a elegir ahora mismo, me quedaría contigo. En medio de la Gran Vía, tiritando de frío, o de miedo. Me quedaría con lo prohibido e inevitable al mismo tiempo.
Y esto no lo sabes, pero de verdad, pienso en esas conversaciones que no hemos tenido tanto como en respirar.
Suena extraño, pero si supieras cuánto pienso en ti, se te olvidaría hasta tu nombre.
Y temblarías. Esta vez de miedo. O de ganas por volver a verme. Como yo.
Bueno, y que hoy estabas muy guapa eso no lo niega nadie. Y que se les ocurra porque si lo hacen se quedarían sin ganas de mentir otra vez.
Y nada, que a ver si te vuelvo a ver comiendo una mandarina, que aunque suene raro, nadie las pela como tú. Las mandarinas, digo.
Hay cosas desconocidas que parece que conocemos, pero que solamente son un espejismo.
Hay cosas que están bien, otras que están mal, otras que no se sabe muy bien cómo están. Y hay cosas que están, como podrían no estarlo.
Hay cosas que son certeza y cosas que no sabemos muy bien si ni siquiera están pero nos conviene creeelo.
Hay muchas cosas. Cosas que agradan y cosas que joden. Y cosas que joden pero que agradan.
No sé.
Entre todas esas cosas, si me dieran a elegir ahora mismo, me quedaría contigo. En medio de la Gran Vía, tiritando de frío, o de miedo. Me quedaría con lo prohibido e inevitable al mismo tiempo.
Y esto no lo sabes, pero de verdad, pienso en esas conversaciones que no hemos tenido tanto como en respirar.
Suena extraño, pero si supieras cuánto pienso en ti, se te olvidaría hasta tu nombre.
Y temblarías. Esta vez de miedo. O de ganas por volver a verme. Como yo.
Bueno, y que hoy estabas muy guapa eso no lo niega nadie. Y que se les ocurra porque si lo hacen se quedarían sin ganas de mentir otra vez.
Y nada, que a ver si te vuelvo a ver comiendo una mandarina, que aunque suene raro, nadie las pela como tú. Las mandarinas, digo.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Tu que perdiste la fe en una sala de estar.
Esto es una locura.
No sé qué me pasó esa noche.
No sé qué me hiciste, sin hacerme nada.
Quizá no te vuelva a ver, quién sabe. O quizá nunca como aquella noche.
Esto es una locura.
Apenas te he visto unas horas y mírame escribiéndote a sabiendas que no lo vas a leer.
Esto es una puta locura,joder.
Pero quiero que sepas que las rayas te quedan genial. Te sientan mejor que a cualquier cocainomano en cualquier discoteca del centro. Que esos pantalones dejan alguna que otra marca de las que hay que saber mirar, y fíjate, aquí me tienes recordándolos. Recordándolas.
Y que aún sabiendo todo esto, también te digo, y puestos a desvariar, que estarías mucho mejor sin ellos.
Y sí, lo sé, esto es una locura.
No entiendo, después de varios días, por qué siento la necesidad de saber de ti, y no entiendo, tampoco, por qué no tener noticias tuyas, me inquieta de esta manera.
Ojalá, de verdad, esta noche sueñes conmigo y mañana tengas la extraña sensación de querer hablar conmigo. Aunque sólo sea para saludarme. Pero que me hables.
No entiendes nada verdad? yo tampoco, ya te digo, una jodida locura.
No sé qué me pasó esa noche.
No sé qué me hiciste, sin hacerme nada.
Quizá no te vuelva a ver, quién sabe. O quizá nunca como aquella noche.
Esto es una locura.
Apenas te he visto unas horas y mírame escribiéndote a sabiendas que no lo vas a leer.
Esto es una puta locura,joder.
Pero quiero que sepas que las rayas te quedan genial. Te sientan mejor que a cualquier cocainomano en cualquier discoteca del centro. Que esos pantalones dejan alguna que otra marca de las que hay que saber mirar, y fíjate, aquí me tienes recordándolos. Recordándolas.
Y que aún sabiendo todo esto, también te digo, y puestos a desvariar, que estarías mucho mejor sin ellos.
Y sí, lo sé, esto es una locura.
No entiendo, después de varios días, por qué siento la necesidad de saber de ti, y no entiendo, tampoco, por qué no tener noticias tuyas, me inquieta de esta manera.
Ojalá, de verdad, esta noche sueñes conmigo y mañana tengas la extraña sensación de querer hablar conmigo. Aunque sólo sea para saludarme. Pero que me hables.
No entiendes nada verdad? yo tampoco, ya te digo, una jodida locura.
viernes, 4 de octubre de 2013
Negra. Era negra. Y me gustaba.
Cuando la vi, pensé que tenía que ser mía de cualquiera de las maneras.
Brillaba.
Estaba bajo la misma luz que el resto y joder, brillaba de una manera casi sobrenatural.
Tenía que ser mía.
No me refiero para toda la vida. Ni siquiera sabría qué hacer con ella un día entero; pero tenía que ser mia aunque sólo fuese media hora.
Media hora me bastaba para demostrar que no lo hago tan mal.
Entré (ahí fue cuando supe las ganas que tenía. Me puse zapatos, y eso, no lo hago por cualquiera), y fui directamente hacia su sitio. Rápido, para que nadie me la quitara.
Era negra. Y brillaba.
Y por mucho que lo repita, no podéis haceros a la idea de cuánto lo hacía.
Me senté cerca y la miré.
No puedo decir lo mismo de ella, pero de algún modo conectamos. Lo sé.
Me acerqué a ella y la acaricié.
Joder, que suave!
Estuve tanteando el terreno un rato, hasta que me decidí a envolverla con mis manos.
La acerqué hacia mí y comencé a susurrarla cosas.
Como si me entendiera.
Como si me fuese a contestar.
La dejé el tiempo de cortesía que se deja cuando pretendes que alguien comprenda algo, o cuando necesitas que respondan a tus súplicas...
Pero nada.
No hay respuesta.
Y yo no me sorprendo.
Empecé a acariciarla sabiendo cuál iba a ser el final, y cuando me vi preparada, sin doblar el dedo corazón, lo metí en el agujero. Y así hasta meter el anular y el gordo, también.
Una vez dentro, estiré el brazo hacia abajo y hacia atrás, y después, rápidamente hacia delante.
Y la lancé por el medio de la pista, y la negra bola que tanto brillaba, no me falló. Todos los bolos calleron. No dejó ni uno en pie.
Eso sí que fue un pleno.
Sabía que podía confiar en ella.
Brillaba.
Estaba bajo la misma luz que el resto y joder, brillaba de una manera casi sobrenatural.
Tenía que ser mía.
No me refiero para toda la vida. Ni siquiera sabría qué hacer con ella un día entero; pero tenía que ser mia aunque sólo fuese media hora.
Media hora me bastaba para demostrar que no lo hago tan mal.
Entré (ahí fue cuando supe las ganas que tenía. Me puse zapatos, y eso, no lo hago por cualquiera), y fui directamente hacia su sitio. Rápido, para que nadie me la quitara.
Era negra. Y brillaba.
Y por mucho que lo repita, no podéis haceros a la idea de cuánto lo hacía.
Me senté cerca y la miré.
No puedo decir lo mismo de ella, pero de algún modo conectamos. Lo sé.
Me acerqué a ella y la acaricié.
Joder, que suave!
Estuve tanteando el terreno un rato, hasta que me decidí a envolverla con mis manos.
La acerqué hacia mí y comencé a susurrarla cosas.
Como si me entendiera.
Como si me fuese a contestar.
La dejé el tiempo de cortesía que se deja cuando pretendes que alguien comprenda algo, o cuando necesitas que respondan a tus súplicas...
Pero nada.
No hay respuesta.
Y yo no me sorprendo.
Empecé a acariciarla sabiendo cuál iba a ser el final, y cuando me vi preparada, sin doblar el dedo corazón, lo metí en el agujero. Y así hasta meter el anular y el gordo, también.
Una vez dentro, estiré el brazo hacia abajo y hacia atrás, y después, rápidamente hacia delante.
Y la lancé por el medio de la pista, y la negra bola que tanto brillaba, no me falló. Todos los bolos calleron. No dejó ni uno en pie.
Eso sí que fue un pleno.
Sabía que podía confiar en ella.
martes, 1 de octubre de 2013
“Que ambiente más cargado..:” me susurras en esa habitación con persianas a medio subir (o bajar, según lo mires)…
Y sí, yo también lo pienso.
Y pienso si lo notarás, porque deben salírseme las ganas por la boca cada vez que la abro, y por eso, tal vez, tenga miedo de contestarte.
Hablo de las ganas de morderte las ganas.
Y de pintarte la espalda a arañazos.
Y de bañarte la piel con saliva.
Las ganas de reventar cada duda que se interponga entre tu cuerpo y el mío.
De arrancarte la goma del pelo (y de las bragas) como un león hambriento en medio de la Sabana.
De abrirte las piernas y cerrarte la boca. Entre las mías, digo.
De saltar los muelles del colchón que nos mira con miedo a que lo rompamos.
De convertir mi oxígeno en tu piel. Y respirarte.
Hablo de las ganas de morirme contigo. O en ti.
Hablo de la pequeña muerte, y no sé si me estás entendiendo.
De las ganas de hacer del gotelé del techo, tu constelación favorita y de tus lunares la mía.
De que tu noche sea estrellada y de que ninguna de esas estrellas que vas a ver sea fugaz. Que para concederte deseos ya estoy yo.
Hablo de labios, y de bocas.
Hablo de que falte el aire aún con esa ventana destartalada abierta de par en par. Como tú.
Hablo de que la luna creciente se llene de mirarnos, y acabe menguante muerta de envidia. Y que la veamos por el hueco que deja la persiana y le hagamos un giño como a ti tanto te gusta.
Pero sólo asiento, y te ayudo a abrir la puerta.
Y me voy. Yo.
Cuando en realidad, la que debería haberse ido sin salir de aquella habitación, eras tú.
Y sí, yo también lo pienso.
Y pienso si lo notarás, porque deben salírseme las ganas por la boca cada vez que la abro, y por eso, tal vez, tenga miedo de contestarte.
Hablo de las ganas de morderte las ganas.
Y de pintarte la espalda a arañazos.
Y de bañarte la piel con saliva.
Las ganas de reventar cada duda que se interponga entre tu cuerpo y el mío.
De arrancarte la goma del pelo (y de las bragas) como un león hambriento en medio de la Sabana.
De abrirte las piernas y cerrarte la boca. Entre las mías, digo.
De saltar los muelles del colchón que nos mira con miedo a que lo rompamos.
De convertir mi oxígeno en tu piel. Y respirarte.
Hablo de las ganas de morirme contigo. O en ti.
Hablo de la pequeña muerte, y no sé si me estás entendiendo.
De las ganas de hacer del gotelé del techo, tu constelación favorita y de tus lunares la mía.
De que tu noche sea estrellada y de que ninguna de esas estrellas que vas a ver sea fugaz. Que para concederte deseos ya estoy yo.
Hablo de labios, y de bocas.
Hablo de que falte el aire aún con esa ventana destartalada abierta de par en par. Como tú.
Hablo de que la luna creciente se llene de mirarnos, y acabe menguante muerta de envidia. Y que la veamos por el hueco que deja la persiana y le hagamos un giño como a ti tanto te gusta.
Pero sólo asiento, y te ayudo a abrir la puerta.
Y me voy. Yo.
Cuando en realidad, la que debería haberse ido sin salir de aquella habitación, eras tú.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Imagínate.
Desde que te has ido ya nada a vuelto a ser como era antes...cuando estabas pero no, te acuerdas?
Antes estabas y sólo, a veces, te llegaba a sentir. Ahora te siento siempre, porque no estás.
Y lo siento.
Y me da pena. Me doy pena.
Antes odiaba que dijeras mi nombre todo el tiempo aunque fuera para bailarme el agua. Y ahora para oirlo tengo que ir al Starbucks, dar mi nombre con cara de resignacion, y pedirme ese batido de frambuesa y mango que tanto odiaba por lo mucho que te gustaba esa fruta triturada y no yo.
Antes odiaba esa sonrisa estúpida que me salía y que no comprendía cada vez que me mirabas. Y amaba tus momentos de despiste en los que sin querer, tú, eras la que me sonreía. Ahora odio lo despistada que eras. Y que eres. Que hayas olvidado cómo pronunciar mi nombre y que tus dedos ya no escriban para mi.
Que sepas que las galletas nunca serán lo que eran antes de ti. Y me las comeré con dolor y cariño a formas iguales. Como un café amargo que es inevitable tomar.
Y me dormiré, y pasaremos esas noches que nunca pasamos por falta de tiempo y exceso de miedo.
Compartiremos ésas noches sin que tú te enteres de que habíamos quedado, pero de sobra sabrás al despertarte sin mi, que la noche la pasaste acompañada. No lo haré por joderte, o por obligación, pero lo soñaré con tantas fuerzas que notarás el resquicio del sueño y sentirás mi piel y mi aliento mojando las sábanas de sudor. Y algo más...
Y no entenderás qué pasó, pero querrás que vuelva a hacerlo.
Antes estabas y sólo, a veces, te llegaba a sentir. Ahora te siento siempre, porque no estás.
Y lo siento.
Y me da pena. Me doy pena.
Antes odiaba que dijeras mi nombre todo el tiempo aunque fuera para bailarme el agua. Y ahora para oirlo tengo que ir al Starbucks, dar mi nombre con cara de resignacion, y pedirme ese batido de frambuesa y mango que tanto odiaba por lo mucho que te gustaba esa fruta triturada y no yo.
Antes odiaba esa sonrisa estúpida que me salía y que no comprendía cada vez que me mirabas. Y amaba tus momentos de despiste en los que sin querer, tú, eras la que me sonreía. Ahora odio lo despistada que eras. Y que eres. Que hayas olvidado cómo pronunciar mi nombre y que tus dedos ya no escriban para mi.
Que sepas que las galletas nunca serán lo que eran antes de ti. Y me las comeré con dolor y cariño a formas iguales. Como un café amargo que es inevitable tomar.
Y me dormiré, y pasaremos esas noches que nunca pasamos por falta de tiempo y exceso de miedo.
Compartiremos ésas noches sin que tú te enteres de que habíamos quedado, pero de sobra sabrás al despertarte sin mi, que la noche la pasaste acompañada. No lo haré por joderte, o por obligación, pero lo soñaré con tantas fuerzas que notarás el resquicio del sueño y sentirás mi piel y mi aliento mojando las sábanas de sudor. Y algo más...
Y no entenderás qué pasó, pero querrás que vuelva a hacerlo.
Llevo tiempo durmiendo contigo.
"Nada es lo que parece; Te invito a cenar, pero no es una cita. Pedimos vino, pero sin celebrar un nosotras. Vamos al retiro, pero sin darnos la mano. Te sueño, pero te evito. Soy valiente, pero te tengo miedo. Tengo miedo de perderte, de quedarme arriba o abajo de la montaña rusa, de jugar y no saber parar el juego, de evitarte y engancharme, de prometerte y no cumplirte, de seguirte y pararme, de pensarte e ilusionarme, de por quererte, olvidarme.
Y es que nunca sabré si pude tenerte y te perdí o te perdí sin llegar a poder tenerte.
Eres mi absurda prioridad, pero lo disimulo."
Cuestión de gustos.
Y es que nunca sabré si pude tenerte y te perdí o te perdí sin llegar a poder tenerte.
Eres mi absurda prioridad, pero lo disimulo."
Cuestión de gustos.
martes, 10 de septiembre de 2013
Tu cara es un poema.
En serio.
Un poema.
No lo digo para ofenderte. De verdad.
Es un poema de los que cuentan amores incompletos.
Cuenta secretos que de ser publicados harían temblar hasta al jodido muro que te plantas por miedo a temblar por miedos.
No sé, un poema.
No me mires así, por favor. Que me pierdo. Y te pierdo. O te pierdes, tú también.
Y no quiero perderte, pero quiero perderme.
Te miro. Cobarde, pequeña. Pero te miro.
Sentimientos encontrados que no se saludan. Que hacen como que no se conocen y en realidad se odian porque no se entienden. Ni yo tampoco.
Tu cara es un jodido poema que incita a leerlo, y a leerte.
Perdóname. Perdóname por no querer leer el final y escribirlo a mi manera con el roce de mis dedos sobre otras pieles. Y de otros dedos sobre la mía.
No me mires así. Que me muero de miedo. Y de ganas.
No se te ocurra volver a mirarme así sin contarme el final.
En serio.
Un poema.
No lo digo para ofenderte. De verdad.
Es un poema de los que cuentan amores incompletos.
Cuenta secretos que de ser publicados harían temblar hasta al jodido muro que te plantas por miedo a temblar por miedos.
No sé, un poema.
No me mires así, por favor. Que me pierdo. Y te pierdo. O te pierdes, tú también.
Y no quiero perderte, pero quiero perderme.
Te miro. Cobarde, pequeña. Pero te miro.
Sentimientos encontrados que no se saludan. Que hacen como que no se conocen y en realidad se odian porque no se entienden. Ni yo tampoco.
Tu cara es un jodido poema que incita a leerlo, y a leerte.
Perdóname. Perdóname por no querer leer el final y escribirlo a mi manera con el roce de mis dedos sobre otras pieles. Y de otros dedos sobre la mía.
No me mires así. Que me muero de miedo. Y de ganas.
No se te ocurra volver a mirarme así sin contarme el final.
viernes, 30 de agosto de 2013
Y qué mierda verdad?
Sabéis cuando os cuentan la misma historia cambiando los personajes? Todo te suena, pero como que ya te sabes el final, bueno o malo, te sigues alegrando o angustiando cuando acaba...
Os cuento, una vez iba escalando una montaña.
Sabía que la siguiente piedra a la que me agarrase iba a desprenderse. Lo sabía porque la anterior a la que me agarré tenía en mismo cuerpo, la misma forma. Si no fuera porque según avanzamos todo cambia inevitablemente, diría que era la misma.
Es obsesivo, hasta yo diría que enfermizo o masoquista, agarrarte a una piedra que sabes se va a caer y te va a joder durante un tiempo con heridas y moratones, adornando tu cuerpo después con esas cicatrices que, a veces, no se ven pero sabes que están ahí. Y que aunque lo sepas siempre te queda la esperanza, el "y si...no se rompe esta vez?"
Y me agarro. Con miedo, pero me agarro. Sin soltar la otra mano. Sin mover ni un sólo centímetro ninguno de mis pies.
Noto como mis pulsaciones se aceleran y me da miedo abrir la boca por si se me sale el corazón.
Me acojona mirar para abajo y ver lo lejos que he llegado sin apenas darme cuenta. Y no miro. Pero sé que es tarde para volver atrás.
Y qué vértigo. Y qué mierda.
Sudor frío resbala por todo mi cuerpo, y me quedo inmóvil. Pero temblando.
Y ya no sé si seguir subiendo o quedarme ahí para siempre. Hasta que encuentre un punto de apoyo mucho mas sólido, pero sin soltar la piedra hija de puta que me ha inmovilizado durante ese rato.
Sabéis cuando os cuentan la misma historia cambiando los personajes? Todo te suena, pero como que ya te sabes el final, bueno o malo, te sigues alegrando o angustiando cuando acaba...
Os cuento, una vez iba escalando una montaña.
Sabía que la siguiente piedra a la que me agarrase iba a desprenderse. Lo sabía porque la anterior a la que me agarré tenía en mismo cuerpo, la misma forma. Si no fuera porque según avanzamos todo cambia inevitablemente, diría que era la misma.
Es obsesivo, hasta yo diría que enfermizo o masoquista, agarrarte a una piedra que sabes se va a caer y te va a joder durante un tiempo con heridas y moratones, adornando tu cuerpo después con esas cicatrices que, a veces, no se ven pero sabes que están ahí. Y que aunque lo sepas siempre te queda la esperanza, el "y si...no se rompe esta vez?"
Y me agarro. Con miedo, pero me agarro. Sin soltar la otra mano. Sin mover ni un sólo centímetro ninguno de mis pies.
Noto como mis pulsaciones se aceleran y me da miedo abrir la boca por si se me sale el corazón.
Me acojona mirar para abajo y ver lo lejos que he llegado sin apenas darme cuenta. Y no miro. Pero sé que es tarde para volver atrás.
Y qué vértigo. Y qué mierda.
Sudor frío resbala por todo mi cuerpo, y me quedo inmóvil. Pero temblando.
Y ya no sé si seguir subiendo o quedarme ahí para siempre. Hasta que encuentre un punto de apoyo mucho mas sólido, pero sin soltar la piedra hija de puta que me ha inmovilizado durante ese rato.
domingo, 21 de julio de 2013
Ella no siente, o eso hace creer.
Ella no se enfada, ni tampoco acaba de estar a gusto.
Ella no llora, y piensa que reír nunca es la mejor opción.
Tiene un matrimonio sin firmar en el que no comparte cama.
También una mueca en la cara y la frase "todo esta bien" en la boca a todas horas. Pero todos sabemos no todo puede estar bien. Ni tampoco siempre. Pero ella miente mucho mas que habla.
Es tan mala persona que incluso confunde hasta que piensen lo contrario, pero qué más da.
Ella siente tanto que ha dejado de sentir.
Ella no se enfada, ni tampoco acaba de estar a gusto.
Ella no llora, y piensa que reír nunca es la mejor opción.
Tiene un matrimonio sin firmar en el que no comparte cama.
También una mueca en la cara y la frase "todo esta bien" en la boca a todas horas. Pero todos sabemos no todo puede estar bien. Ni tampoco siempre. Pero ella miente mucho mas que habla.
Es tan mala persona que incluso confunde hasta que piensen lo contrario, pero qué más da.
Ella siente tanto que ha dejado de sentir.
martes, 14 de mayo de 2013
Se escuchó un pitido.
No quiso mirarle.
El tren cerró sus puertas, y ella no quiso mirarle.
Oía cómo se alejaba por aquellas viejas vías oxidadas, y no se giró.
Siempre había dicho que odiaba las despedidas, pero siempre saludaba con ganas, como si después de un saludo no hubiera que despedirse en algún momento.
No se dio la vuelta.
Sabía que ésa era la definitiva. No volvería a despedirse por que nunca volverían a encontrarse.
Sabía también que los primeros días dolerían pero después, sería un recuerdo vivo pero marchito, de esos que son tan felices que hasta duelen en el pecho y hacen nudos de marinero que provocan lágrimas (siempre he pensado que es agua de mar que rebosa por los ojos, por eso lo de marinero, pero ése es otro tema).
Ya no hace frío en invierno, ni calor en verano.
Ya no respira para descubrir olores nuevos, sino por inercia como mecanismo de supervivencia.
Ya no llora, ni tampoco ríe.
Desde aquel día no coge un tren ni pisa ninguna estación.
Siempre le dolió despedirse, y ahora se muere por volver a hacerlo.
Desde aquel día no saluda a nadie por miedo a tener que despedirse más tarde.
No quiso mirarle.
El tren cerró sus puertas, y ella no quiso mirarle.
Oía cómo se alejaba por aquellas viejas vías oxidadas, y no se giró.
Siempre había dicho que odiaba las despedidas, pero siempre saludaba con ganas, como si después de un saludo no hubiera que despedirse en algún momento.
No se dio la vuelta.
Sabía que ésa era la definitiva. No volvería a despedirse por que nunca volverían a encontrarse.
Sabía también que los primeros días dolerían pero después, sería un recuerdo vivo pero marchito, de esos que son tan felices que hasta duelen en el pecho y hacen nudos de marinero que provocan lágrimas (siempre he pensado que es agua de mar que rebosa por los ojos, por eso lo de marinero, pero ése es otro tema).
Ya no hace frío en invierno, ni calor en verano.
Ya no respira para descubrir olores nuevos, sino por inercia como mecanismo de supervivencia.
Ya no llora, ni tampoco ríe.
Desde aquel día no coge un tren ni pisa ninguna estación.
Siempre le dolió despedirse, y ahora se muere por volver a hacerlo.
Desde aquel día no saluda a nadie por miedo a tener que despedirse más tarde.
domingo, 12 de mayo de 2013
Standby.
Está apartado.
Queriendo pasar desapercibido. Quiere que lo ignore.
Está en standby.
Pero no ha muerto.
No ha desaparecido.
No he olvidado que está ahí.
Sólo hay que aprender a vivir con ello.
Sin ella.
Es un sentimiento transformado por necesidad. Casi obligatoriamente.
Quiero apartarlo.
Hacerlo pasar desapercibido.
Ignorarlo.
Dejarlo en estado de standby.
No quiero que muera.
Ni que desaparezca. Tampoco hacer como que no está ahí.
Sólo tengo que aprender a vivir con ello.
Sin ella.
Con lo mal que se me da aprender.
Yo, que siempre he aprobado por los pelos y en septiembre en el colegio.
Yo, que en la universidad aprobé en última convocatoria.
domingo, 14 de abril de 2013
Albert.
La chica en cuestión me miró con una ternura que tardé tiempo en volver a ver en otro ser humano.
Me abrazó con fuerza (no era un abrazo de sexo, ni de amistad, si no de dolor). Yo me dejé.
Estaba tan deshecho que me dejé apretar con fuerza por ella. Aunque jamás dejo que eso ocurra; no me gusta ser abrazado si no el que abraza.
Pero ella me abrazó con fuerza y me susurró: “No pasa nada, Marcos, ella sabía que la querías”. Eso me hizo llorar todavía más.
Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír Creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos.
No pude volver a conciliar el sueño aquella noche en Capri. Ella sí, ella se durmió en mis brazos, entre mis brazos. Mis lágrimas se secaron y a los pocos meses fue nuestra relación la que se acabó.
Pensé que el día de la ruptura ella hablaría de ese momento, del instante en el que me abrazó y me calmó. Si lo hubiera hecho me habría quedado seis meses más a su lado. Sé que puede sonar frío y calculador (...)Pero ella no comentó nada y yo no lo agradecí.
Siempre he pensado que la perdí por estúpido, aunque nunca se lo he dicho. Sé que luego se casó en Capri y sentí que de alguna manera me dedicaba un guiño, aunque quizá tan solo fue una coincidencia.
Pero yo no la dije que era la persona a la que más había amado y por ello la perdí. Hay tantas cosas que si se
pronunciasen en voz alta desvelarían secretos de una intensidad que quizá no podríamos asumir...
viernes, 29 de marzo de 2013
Nos íbamos despacio diciendo "lo siento".
Salir de bar en bar, buscando unos ojos espejo a los que mantener la mirada pensando:
“Ahora te jodes: jódeme.”
Y encontrarlos.
Y perdernos entre el humo y el alcohol.
Y encontrarlos.
Y perdernos entre el humo y el alcohol.
Y olvidar con ellos que sueño contigo cuando estoy sin ti.
O alguna vez más. Qué más da.
O alguna vez más. Qué más da.
Y querernos un rato de mentira, pero como se quieren los que no se tienen.
Como si nos conociéramos.
Como dos extraños ansiosos por conocerse.
Como lo que somos.
Gritarnos con la boca cerrada. Y las piernas abiertas.
Y abandonarnos sin reproches cuando sale el sol.
Asumiendo que nuestra eternidad, acabó cuando el alcohol dejará de hacer efecto.
Que quizá algún día volvamos a encontrarnos. Con el mismo cuerpo, con la misma cara, pero con el alma reparada y el corazón en su sitio.
Y que quizá hagamos como que no nos conocemos. O no.
Sin llamadas ni explicaciones. Sin rencor ni ilusión. Pero habiendo rellenado por un momento el hueco que nos faltaba.
Momentáneamente.
En la eternidad de una noche.
Sin romanticismo.
Sin ropa.
Con ganas. Y rabia.
Despidiéndonos como empezamos.
Pero al revés:
Sentirlo.
Sentarnos.
Sentirnos.
Sentarnos.
Sentirnos.
Como si nos conociéramos.
Como dos extraños ansiosos por conocerse.
Como lo que somos.
Gritarnos con la boca cerrada. Y las piernas abiertas.
Y abandonarnos sin reproches cuando sale el sol.
Asumiendo que nuestra eternidad, acabó cuando el alcohol dejará de hacer efecto.
Que quizá algún día volvamos a encontrarnos. Con el mismo cuerpo, con la misma cara, pero con el alma reparada y el corazón en su sitio.
Y que quizá hagamos como que no nos conocemos. O no.
Sin llamadas ni explicaciones. Sin rencor ni ilusión. Pero habiendo rellenado por un momento el hueco que nos faltaba.
Momentáneamente.
En la eternidad de una noche.
Sin romanticismo.
Sin ropa.
Con ganas. Y rabia.
Despidiéndonos como empezamos.
Pero al revés:
“Me jodes, porque te he jodido.”
domingo, 24 de marzo de 2013

"Deja que tenga mis reservas, que dude de tus excusas, de los parches, del maquillaje que le das a los hachazos.
Aunque digas estar segura no sé si fue Cupido o el miedo
quien te llevó hasta mi colchón porque nunca te quedaste 15 días.
Y ya ves, a pesar de esto, entre unas cosas y otras, ya son años.
Años persiguiendo sombras, cuidándonos en ocasiones, odiándonos a ratos, años sin querer entender que casi siempre somos como el agua y el aceite, ternura y navajazos, caricias y alambradas.
Tú necesitas que te entiendan yo que me hagan menos daño.
Y así sucedía, que nunca llegamos al mismo lugar sin que uno de los dos llevara encendidas las luces de reserva de su corazón
y cada poco eso me hacía doblar la esquina de la desesperación.
Y ahora me miro, y joder, parece que llevo 50 años triste.
A estas alturas no me queda más que la sensación de que necesito otra vida para arreglar lo que me has hecho.
Así que me lo voy a tomar con calma: te lloraré por dentro, te echaré de menos, saldrás en todas las conversaciones
y como no se puede engañar al corazón en otras camas, no buscaré entre otras piernas lo que sé que nunca me darán otras piernas.
Me entretendré, eso si, con sirenas de paso que traigan analgesia, aunque nunca curen.
Seguiré durante un tiempo en la lista de espera de los besos con amor, pero me lo tomaré con calma, y la calma hará que un día mi amor por ti acabe aparcado en otro cuerpo."
Lo mejor que podemos hacer es abrir bien la boca....porque hoy reparten mierda....
Podemos comprar vaselina, porque nos van a joder a pelo....
También podemos cortarnos los dedos, porque a ellos también les parece agradable clavarnos astillas debajo de las uñas...
Compraremos gafas como una buena opción de gastar dinero, porque si te ven con los ojos al aire, intentaran pinchartelos con punzones bien afilados...
Te meterán pimienta en los genitales, chico....
En cuanto a ti, niña buena, les acabo de ver comprando un cactus, creo que tienes imaginación de sobra para saber qué quieren hacerte con él....
Podemos comprar vaselina, porque nos van a joder a pelo....
También podemos cortarnos los dedos, porque a ellos también les parece agradable clavarnos astillas debajo de las uñas...
Compraremos gafas como una buena opción de gastar dinero, porque si te ven con los ojos al aire, intentaran pinchartelos con punzones bien afilados...
Te meterán pimienta en los genitales, chico....
En cuanto a ti, niña buena, les acabo de ver comprando un cactus, creo que tienes imaginación de sobra para saber qué quieren hacerte con él....
Te quiero en 65 palabras.
- Te quiero porque creo que entiendes como soy, te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar, porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía, te quiero porque me preguntaste cuantos años tenía cuando murió mi padre , y eso nadie me lo había preguntado jamás. Te quiero tanto que me gustaría…
-¿ Qué te gustaría?
- Se me agotaron las palabras. Supongo que 65 son pocas, ¿no?...
Grande Carlos.
"Se miraron e hicieron como que no se veían. Él sintió una punzada y ella parpadeó tres veces y se enderezó en la silla. Nada más.La vida siguió pero algo flotaba y lo sabían. Hablaban como por casualidad, manteniendo las formas. Ella le envió una señal pero sin usar la sonrisa y a él, entre otras cosas, lo que le gustaba era su sonrisa. No respondió. Pero procuró cruzarse con ella con más frecuencia. Nada más.
Ella desplegaba el mejor de sus encantos, el carácter. Y él optaba por no mostrarse mucho para que el deseo no sobresaliera, y en la superficie había calma, aunque por debajo, hervía la tormenta.
¿Quién empezó? Cada uno a su manera, desafíos discretos, perfiles, llamadas. Nada más.
Podía quedar en eso y lo sabían.
¿Quién dio el primer paso? Fueron dos y los llevaron a desatar los nudos en e-mails tórridos y sugerentes, y ya sin nudos se enfrentaron una tarde y dejaron de preguntarse quién cazaba a quién y disfrutaron de la caza y de la presa, se dieron lo prometido y lo que las intuiciones no se atrevieron a vaticinar.
Y se lo siguen dando cuando pueden.
Nada más."
Ella desplegaba el mejor de sus encantos, el carácter. Y él optaba por no mostrarse mucho para que el deseo no sobresaliera, y en la superficie había calma, aunque por debajo, hervía la tormenta.
¿Quién empezó? Cada uno a su manera, desafíos discretos, perfiles, llamadas. Nada más.
Podía quedar en eso y lo sabían.
¿Quién dio el primer paso? Fueron dos y los llevaron a desatar los nudos en e-mails tórridos y sugerentes, y ya sin nudos se enfrentaron una tarde y dejaron de preguntarse quién cazaba a quién y disfrutaron de la caza y de la presa, se dieron lo prometido y lo que las intuiciones no se atrevieron a vaticinar.
Y se lo siguen dando cuando pueden.
Nada más."
M
Supongo que todo cambia. Sólo hay que saber aceptarlo.
Hace tiempo, no tanto como piensas, eras gran parte de mi vida y posiblemente no te imagines cuánto.
Llegaste a ser el ombligo de mi mundo, me dejaba caer por tu casa alegando que pasaba por allí, o que me había perdido (y tú te lo creías, aún sabiendo que mi casa quedaba justo al otro lado de la ciudad, qué inocente).
Te acuerdas de los paseos que dábamos? Yo sí. Cada vez que lo hago una sonrisa se planta en mi cara, como ahora, pero antes de que leas que estoy sonriendo, la sonrisa se torna a una cara de decepción, por mi culpa, por la tuya....por nuestra culpa. Recuerdo cómo no sabíamos qué decir y sólo reíamos, no sé si por incomodidad o nervios, recuerdo el frío que pasabamos, o al menos, la piel de gallina que solía vestir nuestros brazos, nuestras mentiras divertidas, que a veces incluso llegué a creerme, el querer llegar a casa después de toda una tarde contigo para volver a hablar, la cara de incomodidad cuando salía otro nombre en la conversación que creaba celos tímidos que no se atrevían a salir... no sé...simples recuerdos.
Sabes? Me has enseñado que quizás un clavo ayude a que otro no esté tan clavado, pero no me dejaste comprobar si realmente puede sacarlo, y yo, muy posiblemente tampoco deje que tu clavo se clavase del todo.
Supongo que contigo también aprendí que no puedo hacer de alguien el ombligo de mi vida en tan poco tiempo... que no suele salir bien...
Tengo cosas en mi vida ahora mismo que de no ser por ti jamás hubiera imaginado tener, y te lo agradezco, de veras.
Sé lo que es pensar en alguien desconocido con tanta fuerza que al final, llegué a conocerte.
Sé que el capricho de que te cuiden forma parte de tí, y supongo que no te culpo, pero a veces, ese capricho esconde una persona detrás, aunque en su momento, tú eras mi capricho, y no importaba en absoluto que necesitases mis cuidados.
Y sobre todo me has enseñado a como alguien demasiado importante para mi, puede llegar a ser una persona conocida sin mas, en el mismo poco tiempo que necesitó para convertirse en mi todo.
Te echo de menos.
Hace tiempo, no tanto como piensas, eras gran parte de mi vida y posiblemente no te imagines cuánto.
Llegaste a ser el ombligo de mi mundo, me dejaba caer por tu casa alegando que pasaba por allí, o que me había perdido (y tú te lo creías, aún sabiendo que mi casa quedaba justo al otro lado de la ciudad, qué inocente).
Te acuerdas de los paseos que dábamos? Yo sí. Cada vez que lo hago una sonrisa se planta en mi cara, como ahora, pero antes de que leas que estoy sonriendo, la sonrisa se torna a una cara de decepción, por mi culpa, por la tuya....por nuestra culpa. Recuerdo cómo no sabíamos qué decir y sólo reíamos, no sé si por incomodidad o nervios, recuerdo el frío que pasabamos, o al menos, la piel de gallina que solía vestir nuestros brazos, nuestras mentiras divertidas, que a veces incluso llegué a creerme, el querer llegar a casa después de toda una tarde contigo para volver a hablar, la cara de incomodidad cuando salía otro nombre en la conversación que creaba celos tímidos que no se atrevían a salir... no sé...simples recuerdos.
Sabes? Me has enseñado que quizás un clavo ayude a que otro no esté tan clavado, pero no me dejaste comprobar si realmente puede sacarlo, y yo, muy posiblemente tampoco deje que tu clavo se clavase del todo.
Supongo que contigo también aprendí que no puedo hacer de alguien el ombligo de mi vida en tan poco tiempo... que no suele salir bien...
Tengo cosas en mi vida ahora mismo que de no ser por ti jamás hubiera imaginado tener, y te lo agradezco, de veras.
Sé lo que es pensar en alguien desconocido con tanta fuerza que al final, llegué a conocerte.
Sé que el capricho de que te cuiden forma parte de tí, y supongo que no te culpo, pero a veces, ese capricho esconde una persona detrás, aunque en su momento, tú eras mi capricho, y no importaba en absoluto que necesitases mis cuidados.
Y sobre todo me has enseñado a como alguien demasiado importante para mi, puede llegar a ser una persona conocida sin mas, en el mismo poco tiempo que necesitó para convertirse en mi todo.
Te echo de menos.
C.S.
Cuando conocí a Leticia, me enamoré de su alegría, de sus ganas de vivir.
De su culo. Me encantaba cómo reía con su culo.
La conocí una noche, en una pelea en una discoteca. Yo estaba borracho y solo, aunque como había ganado el campeonato de tiro al blanco, me rondaban varias chicas del lugar. Me pasaba algo extraño. Hervía por dentro. Supongo que eran las hormonas. Por primera vez en mucho tiempo, ganar me había enardecido, aunque no lo demostraba. Bebía. Miraba a la gente. Bebía más. No vi llegar a Leticia ni al rubio. El rubio también estaba borracho pero además venía furioso. (...) Le gritaba a la chica del culo sonriente. Le retorcía el brazo y le volvía a gritar. Y los que estaban alrededor miraban a otro lado. (...)
Le agarré la mano y lo hice girar. Me miró, burlón. Yo seguía sentado en mi taburete. Le pegué desde abajo y voló hacia atrás. (...) Leticia dice que yo reía como un corsario y volaba de uno a otro, repartiendo golpes y botellazos.
De su culo. Me encantaba cómo reía con su culo.
La conocí una noche, en una pelea en una discoteca. Yo estaba borracho y solo, aunque como había ganado el campeonato de tiro al blanco, me rondaban varias chicas del lugar. Me pasaba algo extraño. Hervía por dentro. Supongo que eran las hormonas. Por primera vez en mucho tiempo, ganar me había enardecido, aunque no lo demostraba. Bebía. Miraba a la gente. Bebía más. No vi llegar a Leticia ni al rubio. El rubio también estaba borracho pero además venía furioso. (...) Le gritaba a la chica del culo sonriente. Le retorcía el brazo y le volvía a gritar. Y los que estaban alrededor miraban a otro lado. (...)
Le agarré la mano y lo hice girar. Me miró, burlón. Yo seguía sentado en mi taburete. Le pegué desde abajo y voló hacia atrás. (...) Leticia dice que yo reía como un corsario y volaba de uno a otro, repartiendo golpes y botellazos.
Carlos S.
Yo no pierdo el tiempo. Y buscó en mi pantalón y entró. Los tíos se van y nuestros gemidos rebotan en los azulejos del baño. Ni siquiera era un buen poema, no sé por qué a todas les causa el mismo efecto. La rubia colabora, gobierna con la cara contra los azulejos, ataca y vuelve, parece no advertir que su cabeza golpea contra la pared. Todo es brumoso y ruin, todo es brillante. Sigo hasta estallar y un poco más, mientras ella se sacude. Y cuando salgo, suspira y recupera la decisión. Se vuelve con la mano dentro del bolso y ya no me importa.
-¿Por qué? –pregunta.
-¿Por qué no?
-¿Por qué ahora sí y entonces no?
...
-Llevo tiempo buscándote –dice mientras mantiene la mano metida en el bolso-. Tengo algo para ti.
Cierro los ojos.
Así no vale.
Quiero verlo venir.
Los abro.
Saca del bolso un tarjetón caro.
-He aprendido a olvidarte, canalla. He conocido a un chico bueno y sensible y me caso el sábado.
-Ya.
-¿Vendrás?
-No lo sé. ¿Habrá buena bebida?
-La mejor. Y en cantidad. Además, tiene unos baños impresionantes…
…
Estoy harto de majaras. De verdad.
-¿Por qué? –pregunta.
-¿Por qué no?
-¿Por qué ahora sí y entonces no?
...
-Llevo tiempo buscándote –dice mientras mantiene la mano metida en el bolso-. Tengo algo para ti.
Cierro los ojos.
Así no vale.
Quiero verlo venir.
Los abro.
Saca del bolso un tarjetón caro.
-He aprendido a olvidarte, canalla. He conocido a un chico bueno y sensible y me caso el sábado.
-Ya.
-¿Vendrás?
-No lo sé. ¿Habrá buena bebida?
-La mejor. Y en cantidad. Además, tiene unos baños impresionantes…
…
Estoy harto de majaras. De verdad.
Se acabará y no querré verte.
Pero los dos sabemos
que te volveré a ver
y el borde letal de mi lengua te buscará.
Acabaremos lavando las sábanas con el sudor
que deberíamos compartir con otros cuerpos
porque tú siempre cedes
y yo no habré dejado de quererte.
La despedida será un tramite funcionarial.
Con un trozo de sonrisa
desprendiéndose de la cara
como una pegatina vieja.
Ya casi no nos queda pegamento.
Quizá será mejor no volver a vernos..
C.S.
Estoy seguro de que es ella. Y de que me duele. No es lógico, pero me duele. Ruego que la figura masculina se detenga y creo que lo consigo. De repente, salta hacia ella y la abraza. Se retuercen, se tocan, se comen con pasión salvaje. Dos sombras chinescas, dos recortes en negro que se funden. Niego la ira y la pena, no tengo derecho a nada, pero es como si, después de toda una vida conteniendo sentimientos, desde que empecé este viaje se hubieran desbordado..
Wislawa Szymborska.
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.
Estoy en la mierda.
Esto me supera de una manera que jamás entenderé.
No esperes que grite un te quiero al aire, porque corro el riesgo de que lo coja cualquiera, y no, yo te quiero a ti. Sólo a ti. O no, a lo mejor no te quiero.
Pienso mucho en ti, eso sí es cierto. Aunque me queda descubrir de qué manera lo hago.
Soy el perfecto actor, creo que aún no te has dado cuenta del papel que estoy interpretando. Estoy segura que no te estás enterando de nada. Suelo poner buena cara con todo, aunque me retuerza por dentro.
Hoy, he soñado contigo. Otra vez. Lo hago con frecuencia, y la verdad, no sé si me gusta.
No te pienses que soy imbecil. Porque puedo parecerlo, y muchas veces me lo hago por salvar distancias, pero recuerda mi papel....
Esto me supera de una manera que jamás entenderé.
No esperes que grite un te quiero al aire, porque corro el riesgo de que lo coja cualquiera, y no, yo te quiero a ti. Sólo a ti. O no, a lo mejor no te quiero.
Pienso mucho en ti, eso sí es cierto. Aunque me queda descubrir de qué manera lo hago.
Soy el perfecto actor, creo que aún no te has dado cuenta del papel que estoy interpretando. Estoy segura que no te estás enterando de nada. Suelo poner buena cara con todo, aunque me retuerza por dentro.
Hoy, he soñado contigo. Otra vez. Lo hago con frecuencia, y la verdad, no sé si me gusta.
No te pienses que soy imbecil. Porque puedo parecerlo, y muchas veces me lo hago por salvar distancias, pero recuerda mi papel....
- Tenía miedo?
- De qué?
- De que le mataran.
- No escribirá bien si tiene miedo a morir, lo tiene?
- Si lo tengo, yo diría que es quizás mi mayor miedo.
- Es algo que le ha pasado a todos los hombres y a todos les pasará.
- Lo sé lo sé.
- Ha hecho el amor con una autentica gran mujer?
- La verdad que mi novia es bastante sexy.
- Y cuando hace el amor con ella siente una pasión bonita y veraz y al menos en ese momento pierde el miedo a la muerte
- No, no suele ocurrirme.
- Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte, la cobardía viene de no amar, o no amar bien, que es lo mismo...[...] Piénselo bien...
- De qué?
- De que le mataran.
- No escribirá bien si tiene miedo a morir, lo tiene?
- Si lo tengo, yo diría que es quizás mi mayor miedo.
- Es algo que le ha pasado a todos los hombres y a todos les pasará.
- Lo sé lo sé.
- Ha hecho el amor con una autentica gran mujer?
- La verdad que mi novia es bastante sexy.
- Y cuando hace el amor con ella siente una pasión bonita y veraz y al menos en ese momento pierde el miedo a la muerte
- No, no suele ocurrirme.
- Creo que el amor que es veraz y real crea una tregua con la muerte, la cobardía viene de no amar, o no amar bien, que es lo mismo...[...] Piénselo bien...
Ahora vuelves…. Ahora vuelves como si nada reclamando esa parte que te perteneció hace ya algún tiempo.
No te esfuerces tanto.
De algún modo nunca te fuiste. Nunca.
He seguido soñando contigo, con más o menos frecuencia, pero todavía ahora, a veces, compartimos noches sin que tú lo sepas.
Sé que no puedo comprimirte todo el frío del invierno en un bote, pero aún puedo darte calor en los días más fríos. No sé, es lo único que puedo ofrecerte.
Beberme el pasado a medias contigo contando botellines. O copazos, qué más da. El caso es olvidarlo. Y si sobra tiempo, podríamos borrar alguna parte de nuestro presente. Cada uno por su cuenta. Borrar parte del tuyo, y a lo mejor, algo sobra del mío. No lo sé.
Tengo la certeza de que piensas en mí. Y sé que lo haces más de lo que podrías admitir.
También piensas en beberte los problemas. Como yo. Conmigo.
Fumarte las realidades paralelas, que sólo existen para quien quiera verlas. Y fumártelas conmigo. Porque yo siempre he querido descubrírtelas. Y eso, lo odias. Lo sé.
Matar cada reflejo que aparezca sin permiso. Puedes usarme de asesino a sueldo, después hablaríamos del precio y de cómo pagarlo.
Te quiero aquí. Y te quiero ahora.
Ya lo sabes.
No te esfuerces tanto.
De algún modo nunca te fuiste. Nunca.
He seguido soñando contigo, con más o menos frecuencia, pero todavía ahora, a veces, compartimos noches sin que tú lo sepas.
Sé que no puedo comprimirte todo el frío del invierno en un bote, pero aún puedo darte calor en los días más fríos. No sé, es lo único que puedo ofrecerte.
Beberme el pasado a medias contigo contando botellines. O copazos, qué más da. El caso es olvidarlo. Y si sobra tiempo, podríamos borrar alguna parte de nuestro presente. Cada uno por su cuenta. Borrar parte del tuyo, y a lo mejor, algo sobra del mío. No lo sé.
Tengo la certeza de que piensas en mí. Y sé que lo haces más de lo que podrías admitir.
También piensas en beberte los problemas. Como yo. Conmigo.
Fumarte las realidades paralelas, que sólo existen para quien quiera verlas. Y fumártelas conmigo. Porque yo siempre he querido descubrírtelas. Y eso, lo odias. Lo sé.
Matar cada reflejo que aparezca sin permiso. Puedes usarme de asesino a sueldo, después hablaríamos del precio y de cómo pagarlo.
Te quiero aquí. Y te quiero ahora.
Ya lo sabes.
lunes, 18 de marzo de 2013
domingo, 17 de marzo de 2013
Resaca.
He intentado engañarte yendo a sitios donde se besa mucho y se quiere poco, entre alcohol barato a precio de oro que borra la memoria y música comercial que lo único que hace es un ruido de fondo incómodo, para evitar silencios. También incómodos.
Como yo allí.
Incómoda.
Que sólo he conseguido confundirme. Por que, llegado un momento, corría más alcohol que sangre por mi sistema circulatorio.
Y que siempre me doy cuenta a la mañana siguiente. Y me arrepiento. Porque ese dinero tirado en copas sucias, no me ha ayudado a olvidar nada.
He recordado incluso más.
Te he recordado incluso más.
Que el único beneficio es que éste dolor de cabeza es por la mayor jodida resaca que he tenido en la vida, y no por pensar(te).
Ayer, entre cubata y cigarrillo, decidí joder a la primera sonrisa (he dicho joder A la primera sonrisa, que no es lo mismo que joder LA primera sonrisa, no sé si me entiendes) que se cruzara por mi camino.
Le demostré que se puede recrear un sentimiento sin sentirlo, cómo puede doler un corazón que ya ni bombea, cómo el alcohol barato no es lo único que hace olvidar y sobretodo, que se puede querer fuerte aunque sea de mentira y por un rato. Y que, a veces, aunque sea de verdad, no se puede. O no se debe.
Y eso. Que me duele la cabeza.
Y que si tienes un Ibuprofeno.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



















