Acompasar mis latidos con tu respiración.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.
Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.
Ya no sé si eres jaula o libertad.
Evitar tus miradas,
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.
Me acaricias cada herida como si fueses alcohol,
me curas, pero escueces.
Me secas el pasado mojandome el presente.
Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.
Bésame los labios
y muérdeme la boca.
Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario,
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.
Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.
lunes, 28 de abril de 2014
Time ago.
Hoy me han vuelto a hablar de ti, y he empezado a escupir gusanos que un día fueron putas mariposas.
Me han dicho que no estás bien.
Y yo no sé si alegrarme o ponerme contra el mundo.
Hiciste que huyera sin despedirme y tú, con un rabo entre las piernas.
Y casi te tengo que dar las gracias, nunca me ha gustado despedirme.
Cuántos meses han pasado desde que te corres en otras bocas.
Cuántas vidas te has llevado por delante.
Mira, da igual.
Yo sigo aquí.
En esta jodida casa que a veces me recuerda tu olor.
Durmiendo en esa vieja cama que se burla de mí porque el único motivo para cambiar las sábanas es el paso del tiempo.
Y construyendo barreras para reformar mi puto ego.
Hay veces que el coche se empaña y lo tranquilizo, porque esta vez no sufrirán sus asientos traseros, que esta vez, simplemente está lloviendo.
Estoy lloviendo.
Pero no.
No pienso cruzar la calle a darte un abrazo para secarte las lágrimas y mojarte las bragas.
Ya no.
Mira el cenicero.
Esta lleno de recuerdos olvidados.
De preguntas al aire que nadie nunca respondió.
Y de secretos que surgen en noches de insomnio, y no de incendio.
No pienso cruzar la calle.
Pero puedes subir a por tus cosas y acurrucarte en el mismo rincón en el que recogí la arena del reloj que marcó nuestra respiración.
Me han dicho que no estás bien.
Y yo no sé si alegrarme o ponerme contra el mundo.
Hiciste que huyera sin despedirme y tú, con un rabo entre las piernas.
Y casi te tengo que dar las gracias, nunca me ha gustado despedirme.
Cuántos meses han pasado desde que te corres en otras bocas.
Cuántas vidas te has llevado por delante.
Mira, da igual.
Yo sigo aquí.
En esta jodida casa que a veces me recuerda tu olor.
Durmiendo en esa vieja cama que se burla de mí porque el único motivo para cambiar las sábanas es el paso del tiempo.
Y construyendo barreras para reformar mi puto ego.
Hay veces que el coche se empaña y lo tranquilizo, porque esta vez no sufrirán sus asientos traseros, que esta vez, simplemente está lloviendo.
Estoy lloviendo.
Pero no.
No pienso cruzar la calle a darte un abrazo para secarte las lágrimas y mojarte las bragas.
Ya no.
Mira el cenicero.
Esta lleno de recuerdos olvidados.
De preguntas al aire que nadie nunca respondió.
Y de secretos que surgen en noches de insomnio, y no de incendio.
No pienso cruzar la calle.
Pero puedes subir a por tus cosas y acurrucarte en el mismo rincón en el que recogí la arena del reloj que marcó nuestra respiración.
martes, 22 de abril de 2014
store.
Basta.
Se acabó la tontería.
La almohada no quiere dormir conmigo por que sólo le hablo de tus bragas.
Esto es peor que la fiebre, pero a la misma temperatura.
Se han esfumado calada a calada cada mirada suicida manchada de recuerdos de un cuerpo de paso que no te toca el alma pero te parte en dos mitades el esternón.
La medicación ya no me hace efecto.
Ni las drogas.
Esta realidad paralela que (des)ilusiona a cualquiera no puede ser buena.
Esta mentira en la que me he convertido ha hecho de una respiración la vida.
Ojalá bailes esa canción que te hacía libre cuando eramos esclavos.
Sin ritmo.
Pero con ganas.
Ojalá conmigo.
Quizá muera esta noche.
No lo sé.
Pero y qué si todo vuela por los aires.
Y qué...si por un momento has pensado en cómo me abrazo a un suspiro o cómo hago de un cuerpo religión.
Vélame en silencio.
Y grítame mientras te corro los labios a mordiscos.
Que no.
Yo no puedo amanecer si no es en mi cama, pero podemos engañar al reloj si no subimos las persianas y le prohibimos la entrada al sol.
La ley de la impisibilidad del fenómeno y la de la gravitación universal jamás fueron compatibles.
Y eso sí que desilusiona.
Joder.
Que a esta mierda no hay quien le quite el olor.
Ni el dolor.
Se acabó la tontería.
La almohada no quiere dormir conmigo por que sólo le hablo de tus bragas.
Esto es peor que la fiebre, pero a la misma temperatura.
Se han esfumado calada a calada cada mirada suicida manchada de recuerdos de un cuerpo de paso que no te toca el alma pero te parte en dos mitades el esternón.
La medicación ya no me hace efecto.
Ni las drogas.
Esta realidad paralela que (des)ilusiona a cualquiera no puede ser buena.
Esta mentira en la que me he convertido ha hecho de una respiración la vida.
Ojalá bailes esa canción que te hacía libre cuando eramos esclavos.
Sin ritmo.
Pero con ganas.
Ojalá conmigo.
Quizá muera esta noche.
No lo sé.
Pero y qué si todo vuela por los aires.
Y qué...si por un momento has pensado en cómo me abrazo a un suspiro o cómo hago de un cuerpo religión.
Vélame en silencio.
Y grítame mientras te corro los labios a mordiscos.
Que no.
Yo no puedo amanecer si no es en mi cama, pero podemos engañar al reloj si no subimos las persianas y le prohibimos la entrada al sol.
La ley de la impisibilidad del fenómeno y la de la gravitación universal jamás fueron compatibles.
Y eso sí que desilusiona.
Joder.
Que a esta mierda no hay quien le quite el olor.
Ni el dolor.
make me your enemy.
Mi cama fría.
Tus bragas mojadas.
Tu cuerpo temblando de calor, pero sola, en tu cama.
La noche está oscura.
Tu cielo está ardiendo.
Y sonríes.
Te follaría el pecho.
Te abrazaría el infinito del ombligo.
Y te contaría los poros uno a uno con la punta de la lengua.
Escucharía tu silencio.
Y gemiría a tus pisadas.
Háblame del tiempo que perdemos en cada despedida.
Pasea tus piernas por la habitación, descalza, pisando cada nudo que no te deja desnudar el alma.
Vacíate.
Ayúdame a llenarme.
Róbame cada duda y conviértela en verdad.
Ven, mira aquellos, ajenos al desastre, cómo bailan poseídos por el alcohol que no me he tomado yo.
Ven, puedo acurrucarme en cada palabra que se te escapa.
Láteme con rabia.
Haces sangrar hasta al más mínimo pensamiento en el que apareces, sólo por el placer curarlo después con el roce de tu dedo.
Ven, ponle cara a lo que escribo y nombre a las horas muertas del domingo por la tarde.
Ven, que hace tiempo que lo dejé todo.
Tus bragas mojadas.
Tu cuerpo temblando de calor, pero sola, en tu cama.
La noche está oscura.
Tu cielo está ardiendo.
Y sonríes.
Te follaría el pecho.
Te abrazaría el infinito del ombligo.
Y te contaría los poros uno a uno con la punta de la lengua.
Escucharía tu silencio.
Y gemiría a tus pisadas.
Háblame del tiempo que perdemos en cada despedida.
Pasea tus piernas por la habitación, descalza, pisando cada nudo que no te deja desnudar el alma.
Vacíate.
Ayúdame a llenarme.
Róbame cada duda y conviértela en verdad.
Ven, mira aquellos, ajenos al desastre, cómo bailan poseídos por el alcohol que no me he tomado yo.
Ven, puedo acurrucarme en cada palabra que se te escapa.
Láteme con rabia.
Haces sangrar hasta al más mínimo pensamiento en el que apareces, sólo por el placer curarlo después con el roce de tu dedo.
Ven, ponle cara a lo que escribo y nombre a las horas muertas del domingo por la tarde.
Ven, que hace tiempo que lo dejé todo.
supongamos.
Déjame asustarme por que no te tengo cerca y me llamas.
Que hoy ha amanecido justo antes del primer rayo de sol.
Que te olvido recordando cada hostia.
Cuento moratones y maquillo cicatrices.
Arranco recuerdos que dejan un vacío que acojona hasta al más fuerte al asomarse.
Y me asomo.
Peor fue cuando me dejé caer entre tus piernas.
Y te olvido.
Y vuelves a recordarme que no lo haga.
Llévate de una puta vez la camiseta blanca, que nunca me gustó si no la llevabas encima.
Él también tiene derecho a disfrutarla.
Has vuelto con la excusa de un café.
Joder, que yo soy más de cervezas.
Ni eso llegaste a entender.
Que no hay rencor.
Ni asco.
Ni daño a estas alturas.
Que no quiero un café.
No quiero que vuelvas.
No me mires.
No me toques.
No me cuentes secretos al oído, hazlo a voces que no hay nadie escuchando.
O escríbemelo en la servilleta, como cuando perdí mi vida arrastrando mis pasos por detrás de los tuyos.
Pero no te acerques, por favor.
Que hay más ojos.
Hay más manos.
Que no me gustan los secretos, que por hablar de menos mira como he acabado.
Y es cierto, no he vuelto a sentir el escalofrío de aquella tarde en el parque.
Ni he vuelto a mirar los domingos con los mismos ojos.
Ni a otro cuerpo con las mismas ganas.
Pero es que el café contigo sabe a nostalgia, a rabia, a tiempo perdido y algo de decepción.
Y no hay azúcar que enmascare ese sabor.
Ni esparadrapo que me aguante el pecho.
Que ahora soy yo quién huye.
Buscando otras manos.
Otros ojos que cambien de color según su estado ánimo.
Con ganas de cruzarse con los míos.
Otros pasos.
Y otras piernas abismo que me ayuden a superar los vertigos de un domingo por la tarde.
Que hoy ha amanecido justo antes del primer rayo de sol.
Que te olvido recordando cada hostia.
Cuento moratones y maquillo cicatrices.
Arranco recuerdos que dejan un vacío que acojona hasta al más fuerte al asomarse.
Y me asomo.
Peor fue cuando me dejé caer entre tus piernas.
Y te olvido.
Y vuelves a recordarme que no lo haga.
Llévate de una puta vez la camiseta blanca, que nunca me gustó si no la llevabas encima.
Él también tiene derecho a disfrutarla.
Has vuelto con la excusa de un café.
Joder, que yo soy más de cervezas.
Ni eso llegaste a entender.
Que no hay rencor.
Ni asco.
Ni daño a estas alturas.
Que no quiero un café.
No quiero que vuelvas.
No me mires.
No me toques.
No me cuentes secretos al oído, hazlo a voces que no hay nadie escuchando.
O escríbemelo en la servilleta, como cuando perdí mi vida arrastrando mis pasos por detrás de los tuyos.
Pero no te acerques, por favor.
Que hay más ojos.
Hay más manos.
Que no me gustan los secretos, que por hablar de menos mira como he acabado.
Y es cierto, no he vuelto a sentir el escalofrío de aquella tarde en el parque.
Ni he vuelto a mirar los domingos con los mismos ojos.
Ni a otro cuerpo con las mismas ganas.
Pero es que el café contigo sabe a nostalgia, a rabia, a tiempo perdido y algo de decepción.
Y no hay azúcar que enmascare ese sabor.
Ni esparadrapo que me aguante el pecho.
Que ahora soy yo quién huye.
Buscando otras manos.
Otros ojos que cambien de color según su estado ánimo.
Con ganas de cruzarse con los míos.
Otros pasos.
Y otras piernas abismo que me ayuden a superar los vertigos de un domingo por la tarde.
viernes, 18 de abril de 2014
Let.
Párteme la cara.
Me lo merezco.
Rómpeme el pecho, a ver si así late.
Ábreme las piernas.
Reacciona, joder.
Dime que lo haga.
Hazme reaccionar.
No te guardes las cartas en la manga ni las ganas en los bolsillos.
Píntame la espalda de arañazos y vacíame de besos.
Reviéntame los tímpanos con gemidos, y cúrate esa herida.
Salta los muelles del colchón y los botones de tu camisa.
Rómpete la goma de tus bragas para ponermelo más fácil al arrancártelas con los dientes.
Deshazte de esa carga que tanto te duele, y duéleme.
Ponme entre tu espalda y la pared y desdibuja el gotelé.
Que los sueños, si no los duermes, son mucho mejor.
Que desde hace tiempo mis sueños son difusos, y, que ya lo sabes, me cuesta mucho dormir.
Que en noches así la cama parece infinita y tú bastante fugaz.
Joder.
Que todo esto no tiene sentido si no te muerdo los labios ni te rozo el alma empezando por el culo.
No quiero ni treguas, ni un tiempo muerto de miedo por si se le acaba la pila al reloj.
No quiero volver a pensar en ti.
Ni volver a amenazar al cabrón del pecho para que no se pare.
No quiero no quererlo ni quererlo a la vez.
Que son las 6.
Y que lo que no quiero es dormir.
lunes, 14 de abril de 2014
El último suspiro ante de dormir.
Estás guapa amarilla por el verde que llevas encendido en la mano derecha, que inunda de gris la habitación, y te tiñe los ojos de rojo.
Te cambio una calada por un trago.
No hay casi luz.
Y hay mucha gente dando gritos de atención para ver si encuentran compañía y así no volver otra noche solos a casa.
Algunos hasta se atreven a rozar sin inocencia alguna espalda.
Yo prefiero mirar el espectáculo.
Los únicos gritos que merece la pena escuchar, son los que se dan sin ropa para ensordecer el ritmo de los muelles del colchón.
Tú hace tiempo que no hablas con nadie.
Te has perdido entre el humo mientras yo me ahogo en el alcohol.
Pero no voy a gritar.
Sólo miro...
ocaso.
Me convierto en palabras para recorrerte por dentro.
Y es que se me escapa el tiempo entre los dedos pudiéndoseme escurrir entre tus piernas.
A veces, imagino que las letras que tarareas me las cantas al oido...y le doy otra calada al porro.
Me imagino también lo guapa que estarás según te despiertas.
Después de una noche perdida entre las sábanas.
Lo que sería secarte una lágrima mojada de derrotas.
Y mojarte las bragas tras una noche de victorias.
Los cigarros de después.
Las caricias de antes.
Y los mordiscos de durante.
En qué coño estás pensando cada vez que sonríes.
De quién será...
Y es que se me escapa el tiempo entre los dedos pudiéndoseme escurrir entre tus piernas.
A veces, imagino que las letras que tarareas me las cantas al oido...y le doy otra calada al porro.
Me imagino también lo guapa que estarás según te despiertas.
Después de una noche perdida entre las sábanas.
Lo que sería secarte una lágrima mojada de derrotas.
Y mojarte las bragas tras una noche de victorias.
Los cigarros de después.
Las caricias de antes.
Y los mordiscos de durante.
En qué coño estás pensando cada vez que sonríes.
De quién será...
domingo, 6 de abril de 2014
Aunque.

Creo que me quedan tres cigarros y dos sorbos de ron.
Se me ha derretido el hielo, joder.
Hoy estás distinta.
O quizás sea yo, que estoy colocada.
Cruzo el pasillo.
Y los dedos, a ver si esta vez me sigues.
No confío mucho en la casualidad, y la suerte no suele estar de mi lado.
Pero aquí estás, agarrándome del brazo.
Te sienta bien ese color de ojos cuando los llevas sin pintar.
Te arden los dedos de pensar en una noche de baja por enfermedad, de esas que se pasan en la cama, que te libran del trabajo por sudar la fiebre por culpa de un buen polvo.
Y yo sólo pienso que tengo que dejar de pensar en ti.
Lo has vuelto a hacer.
Me has sonreido.
A traición.
Y ahora te ríes.
Las musas de la noche no salen cuando tú vas a hacerlo, y eso te hace incluso más follable, si se puede.
Los perros ladran a la luna cuando pasas por debajo.
Y los gatos agachan las orejas, porque ya no saben a quién maullar.
Mierda, son las 4 de la mañana y estoy pensando cómo coño borrar cada recuerdo que te borra esa sonrisa.
Desde mi cuarto.
Y tú no has cruzado la puerta.
O sí.
No lo sé.
Vuelven tus recuerdos en forma de persona.
Guapa, como siempre lo fue.
Joder, el porro se convierte en ceniza, y mi tiempo se consume a la misma velocidad.
Me miras, pero no me tocas.
Te miro, y no soy capaz de tocarte.
Tómate un café conmigo mañana y cuéntame mi vida sin estar colocada.
Cuéntame tus cosas, mi vida, sin estar colocada.
Mis manos están en paro si no pueden recorrer tus rincones.
Y tus dedos, se rien de mí cada vez que rozas otra espalda.
Hijos de puta.
Y yo, sigo pensando en que mi cama es demasiado grande como para no compartirla.
Pero esque ya es muy tarde.
Y tú no has abierto la puerta.
jueves, 3 de abril de 2014
Nason.

Me pides fuego, y sonries.
Fumas como si quemaras un recuerdo con cada calada.
Echas el humo como desprendiéndote de una carga que tiene nombre y apellidos.
Y tiras la colilla con rabia, sabiendo que te hace mal, pero no tanto como ella aquel día.
Hace buena noche.
Salte conmigo a la terraza a contar estrellas.
O lunares.
Mira la gente.
Parecen motas de polvo desde este sexto piso.
Mira aquellos dos abrazados.
No sé si me dan envidia o asco.
Huele a sexo desde aquí, lo notas?
Ya que tú no hablas voy a contarte algo.
No quiero amores de una noche que prometen cualquier cosa con tal de entrar en calor.
No quiero amores eternos si no se acaban justo cuando sale el sol.
Que, joder, que yo ya estoy cansada de problemas con los labios pintados.
Que ahora estás tú, y no te pintas los labios.
Que al lado, estoy yo.
Y que en Madrid hay mucha contaminación para contar estrellas.
Déjame unir tus lunares, y juntemos en tu espalda todas las constelaciones.
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