viernes, 30 de mayo de 2014

delirios de una noche.

Llamaron a la puerta.

Dejaste la cerveza maldiciendo a los mismos que te habían postrado en el sofá esa noche.
Maldiciéndole a Ella por haberse marchado.
Como cada noche desde hace varios meses.

Tu cara esbozó un gesto de incredulidad, miraste el reloj y eran las 2 de la mañana.
Y te levantaste a abrir sin mucha esperanza de que no fuera algún borracho que no veía ni sus propios pies.

- Quién coño es? - Dijiste, como si te hubieran interrumpido algo interesante.

- Ábreme anda... Está lloviendo.

"Joder, es Ella" pensaste sin saber muy bien si sonreír o salir corriendo.

- Venga ábreme...

Agarraste el picaporte y lo giraste lentamente.
Aún puedo recordar tu cara.
Se podía oler el miedo y el polvo que se que quedó en el aire por falta de valor.
Y de tiempo.

Se palpaba la desesperación de cuando viste su coche alejarse.

- Qué haces aquí después de estos meses? - Dijiste queriéndote hacer la dura y derretida por dentro.

- No me vas a dar un beso?... Me molesta el pintalabios rojo, y nadie me lo quita como tú.

Se mordió el labio inferior mientras te disparaba una de sus sonrisas.

Te folló todos los impulsos reprimidos con un sólo guiño de ojos.


La dejaste pasar.
Siempre delante de ti.
Tú y tu vicio de mirarle el culo a unas piernas largas.

Como si fueras tonta.

Ella lo sabía y aprovechaba tus manías para moverlo fuerte, rompiendo el aire y tus esquemas a cada paso que daba.

- Qué te has hecho en el pelo? Estás más rubia...

Se giró con esa sonrisa que desdibujaba la línea de lo abstracto y lo real.

- Dime que no te gusta -Dijo.

Lo estaba volviendo a hacer.
Estaba probándote.
Quería saber hasta dónde podía llegar.

- Qué quieres, dime.
- No te alegras de verme?

La miraste de arribajo, estaba empapada.

Llevaba esas bragas negras que le regalaste la última vez que te dejó perderte en la oscuridad de su ombligo.

Se transparentaba todo.

Podías contarle los lunares sin que se quitase la camiseta, blanca.

Las gotas de lluvia recorrían su cuerpo echando la carrera más intensa de su vida.

Sus pezones miraban al cielo.
Duros.
Como rezando por un poco de calor.

- Me dejas algo de ropa y una toalla?- Dijo al ver que no contestabas.

Te acercaste a la habitación.
Podías notar cómo te seguía.

Estabas temblando y no sabías muy bien si de miedo o de ganas.

Se sentó en la cama mientras buscabas la toalla en el armario.

Notabas su mirada en la nuca.
Clavada.
Acariciándote como tantas otras noches.

- Estás tensa, ven, dame un abrazo.

Te abrazó a traición.
Por la espalda.
Te cogió por la cintura y apoyó su cabeza en tu hombro.

Notabas su respiración y cuando te quisiste dar cuenta se había acompasado con la tuya.

Cada vez más acelerada.

Ella no se movía.
No te soltaba ni te abrazaba más fuerte.
Tu cuerpo tenía su forma, como el sofá de un jubilado que no se levanta ni para mear.

La pasaste las manos por su nuca, sin darte la vuelta, para devolverle el abrazo.

Ella te acarició con la cara, como si de un gato en celo se tratase, pero no abría sus brazos.

Buscó la costura de la camiseta para buscarte el ombligo, te acarició como sólo Ella sabe hacerlo.

Y se te escapó un gemido sordo.
Tus manos seguían en su nuca.
Enredándose tus dedos con su pelo.

- Sé que no me tenía que haber ido como lo hice, lo siento.

Acabó sus disculpas recorriéndote con la lengua desde el hombro hasta la oreja, sin dejar de dibujarte paisajes al rededor del ombligo.

No hacía fuerza para retenerte pero estabas totalmente atrapada, incapaz de moverte, anclada a los dedos que recorrían tu vientre como reclamando una tierra que siempre había sido suya.

- Me debes una, puta.

Le dijiste sentándola en la cama de un empujón.

- No sé por qué has vuelto. Ni por que te he abierto la puerta después de tantos días sin saber nada de ti.

Te agarró de los brazos y te calló con un beso de los que te absorben el último suspiro de vida.
Te tumbó en la cama sin soltarte las muñecas, dejandote los brazos por encima de la cabeza.

Y aún le sobraba una mano.

Se puso encima tuya.
A horcajadas.
Dejandote inmóvil.
Indefensa ante cualquier ataque salvaje de sus dientes en tu cuerpo.

Siempre ha sabido cómo ganar una pelea.
Siempre has sabido cómo dejarte ganar.

Empezó a mover las caderas mientras te besaba cada milímetro de piel y tu cuerpo se retorcía.
Seguías estando inmóvil.
Sin poder tocarla.

Se quitó la ropa.
Empapada.
Ya no se distinguía si era por culpa de la lluvia o de la situación.

Por fin te soltó para desnudarte también.

Cambiaron los papeles.

Ahora eras tu la que cabalgabas sin caballo.

Le rompiste las bragas por no romperle la cara.
Estabas vaciandote de toda la rabia que le habías guardado.
Y del amor.
Y del odio.
Y de todo lo que te dejó en los cajones sin ninguna explicación.

Eso la excitaba.
Y a ti te jodia y te ponía cachonda al mismo tiempo.

Sólo querías reventarle el sexo de la misma forma que Ella te reventó el esternón.

Querías que el corazón fuese lo segundo que más le latiera.





martes, 27 de mayo de 2014

what.


Qué te voy a decir que no te hayan dicho antes.

Que sí, que todo esto de que la única salvación posible se parece a la felicidad es música para los oídos de los que se aferran a cualquier canción.

Qué te voy a contar que no te hayan contado antes.

Si te han contado sueños y pesadillas.
Victorias y derrotas.
Y hasta te han contado los pliegues que te adornan la cara cada vez que gimes de placer o lloras de alegría.

El problema es que yo los momentos felices los cuento con los dedos de otras manos cuando les pierdo entre los muslos.

El problema es que tú te has quedado enganchada a otros dientes que mordían con el sólo pretexto de hacerte daño.

Y claro, así cómo pretendo que creas que el amor es mucho mejor que el sexo.



No hay que confundir echar de menos con querer que vuelva.

Ni la humedad de un clínex, con la de unas bragas.



Qué empatía la tuya cuando te contó que no sentía el esternón de una pieza. 
Cuando te dijo que dos soledades romperían una cama que llevaba tiempo sin usar los muelles.

Qué inocente has sido siempre.

Y, que sí, que yo hubiera hecho lo mismo.

Aún recuerdo aquella noche.
Joder, qué guapa estabas después de tanto tiempo.

Cuánto te han querido.
Y qué mal lo han hecho.

Supongo que en cierto modo, nunca te he olvidado.
Has sido la primera en tantas cosas…
Todavía me da revolcones el corazón cuando suena la canción que nos imantó sin querer.
Queriéndonos.

Qué cobarde he sido siempre.
Y qué poca paciencia has tenido conmigo.

Ahora te miro.
Sonrío.
Me río por todo lo que te lloré.
Pero ya no lloro por todo lo que nos reímos.

lunes, 26 de mayo de 2014

déjate


Ya no se si vas o vienes.
Si estás o ya te has ido.
Si me buscas o simplemente me cruzo en tu mirada.

Yo que sé.

Dime qué ganas mereces de que siga buscandote detrás de cada estela.
De que rompa otras bragas deseando que guarden tu culo.
De besar otros labios que sólo muerdan y no arranquen, como los tuyos.

Cuántos dedos encendidos pueden recorrer cada rincón de mi cuerpo arañando, como tú, con tanta delicadeza y rabia al mismo tiempo.

Dimelo joder.

Que si ya no estás tendré que seguir tus huellas.
Tendré que cortar la calle y tropezarme con tus pies.

Que debe ser que hay derecho de admisión en tus caderas, y hoy me he puesto calcetines blancos.

Que imagino cada beso que le das, en mi cuello.
Cada poro que le rozas, en mi espalda.
Cada gemido que te provoca, en mi oreja.

Y joder, a veces, pocas, pienso que me has salvado de la muerte.

He vuelto a sentir algo, aunque sólo fuera miedo.

Y no sé hasta que punto eso puede ser bueno.


jueves, 22 de mayo de 2014

.es

"Sólo espero que cuando te vayas me despiertes con un beso."

Esa fue la última frase que vomitaste antes de cerrar los ojos.

Te fuiste varias veces esa noche.
Y ni si quiera te despediste con la mano, no sé si sere capaz de despertarte con un beso cuando salga por la puerta.

Hicimos de la cama una trinchera contra el mundo.
Un agujero donde la única salida viable llevaba tu nombre.

La noche se quedó corta.
El sol acabó saliendo.

Y ahora estoy cogiendo el metro en Tribunal. 

Desde que salí de tu portal me ha dado tiempo a enamorarme tres veces.
De tres personas distintas.
Pero nada grave.
De nadie más de 20 minutos.

Espero que sigas durmiendo.
No te he despertado.
Sonreías entre sueños y no hay amanecer más bonito que tu sonrisa.

Te cambio el beso de buenos días, por uno de buenas noches otro día que me rescates de este astío que me jode el alma.

Que la primavera tiene muchas flores, pero también trae alergia.
No se si me estás entendiendo.

Que los ojos dicen mucho más que tu boca, y me pediste que te despertase.

Para.

Me he hecho complice de las farolas de tu calle.
He sobornado a cada baldosa que pisas.
He renunciado a cualquier religión que no lleve tu nombre.
Y he amenazado a la palabra ausencia cuando se trata de la tuya.

He intimidado a las estrellas cuando se comparan con tus lunares.
Y he sobornado al alcohol que te hace saludarme.

Se me han escapado tus bragas.
Tu camiseta.
Y el tacto de tus dedos que me acusan por encima de la ropa.

Te he buscado entre cabezas delirantes.
Entre ojos deseperados por una mirada.
Entre escotes sudados y tacones de media altura que nada tienen que ver con tus Vans.

Te he buscado entre cerveza y tabaco. 
En el baño. 
En la calle.
Detrás de cada sonrisa.
Y debajo del mantel. 

He encontrado unos ojos más bonitos que los tuyos, pero también más vacíos. 
He visto la misma desesperación en otras caras.
Pero por otra.

Lenguas perdidas que ya no sabían qué hablar para entretenerse.
Pieles inquietas por sentir algo de calor no climático. 
Y suspiros que no respiraban tu mismo aire.

Que no sé. 
Que es tarde. 
Y que quiza mañana vuelva a tener la resaca rutinaria del sábado sin dormir.


dime.

Acompasar mis latidos con tu respiración.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.

Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.

Ya no sé si eres jaula o libertad.

Evitar tus miradas, 
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.

Me acaricias cada herida como si fueses alcohol, 
me curas, pero escueces.

Me secas el pasado mojandome el presente.

Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.

Bésame los labios
y muérdeme la boca.

Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario, 
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.

Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.

B&W


No sé muy bien de qué estoy huyendo.

Y no hago más que correr en círculos viciados.
O viciosos.
Yo qué sé. 

No sé por qué me seguiste aquel día. 
Ni tampoco por qué no paré y te arranqué las bragas de un mordisco.

Suena bien lo de reventar un camino (y tus bragas)
Saltarse las verjas.
Y dejarte llevar.

Es genial buscar un clavo para que comparta piso con el que se quedó dentro ardiendo de dolor y rabia.
Es genial vivir de puntillas sin dejar que te roce nada más que otros dedos llenos de dolor.
Quizá dos dolores hagan venda y todavía no me he dado cuenta.

Ironías. 

Que ni los clavos, ni los dedos, ni el dolor borracho de una ilusión colocada con las peores drogas van a hacer que ella vuelva.

Sigo dando(le) vueltas.
Aferrándome al ayer cuando huiste conmigo dos tristes manzanas. 
Maldiciendo cada gesto en el que te hice pensar que no quería que estuvieses.

Lo siento. 

No sé hacerlode otro modo.

No sé cómo decirte que soy del tipo de persona que se agarra a un clavo, y mejor si está ardiendo.

Que lo saco, que yo lo único que quiero compartir es la cama.

Sigues estando igual de guapa de negro.
O de blanco.

lunes, 5 de mayo de 2014

Hoy la luna decía tu nombre.

Me ha contado cómo se colaba en tu habitación por los resquicios de la ventana. 

Ha acariciado tu hombro derecho y se ha posado sobre tu cara para aprender lo que significa brillar.

Hoy la luna me ha insultado por haberle hablado de ti.

Se ha sentido acorralada entre tus piernas.
Que idiota, eso es lo más parecido a la libertad que he conocido.

Te queda bien ese pijama negro que se dejaba entre ver debajo de las sábanas. 

Sigo pensando que el negro te sienta bastante bien. 

Has sentido alguna vez lo que siente un imán al acercarlo a una barra de hierro macizo?

Quizá sea eso lo que más me define ahora mismo.

O quizá sea el imán que repele al otro imán sólo porque se han conocido en momentos algo extraños.
Si cambiaran de postura no se separarían jamás, estoy segura. 

No lo sé.

Pero hoy la luna gemía tu nombre tan alto que ni los lobos aullaban.





vida

Y ahora vuelve.

Vuelve el miedo.
Vuelve la rabia.
El desconsuelo.

Vuelve cada puñalada que me dio por la espalda.
Cada hostia que nos dimos después de las caricias.
Todas y cada una de las miradas que reventaban la acera al caer.

Vuelve ella reclamando cada polvo que le he echado en otras pieles.
Cada duda de qué labios han probado mi saliba y en qué espaldas he escrito  braille con arañazos lascivos.

El por qué elegiste naufragar en otras piernas distintas a las mías.

Vuelve ella al lugar en que perdimos los miedos.
Y la ropa.

Vuelve ese latido que salpicó de sentimientos las paredes de la habitación.

Vuelve todo a aquel lugar del crimen de sábanas mojadas con un sudor que no era el mío. 
La patada en los cojones con botas de militar que me deshizo por dentro.
Su "es mejor así" que ahora le abofetea riéndose en su cara.

Vuelve ella.
Pero yo ya no estoy.

Baja el telón de esta historia y súbete las bragas, cariño.

Que he encontrado una piel que huele mejor que la tuya.
Unos dedos que bailan acompasados con mis gemidos.
Un cielo que sabe mejor que el que solía encontrar debajo de tu ombligo.
Y una vida que no está conmigo, pero tampoco contra mí.