Hay historias con puntos de sutura.
Puntos de sutura con una historia detrás.
Cicatrices que no son.
Y hostias que no dejan cicatriz.
Fíjate, y observa atentamente.
Cuántos cuentos nos cuentan con un final feliz, y cuántos acaban tristemente o en tragedia.
Nos venden una vida que ya no queda en stock, y acabamos conformándonos con la que queda rebajada.
Y claro, así no.
La he visto reirse dos segundos antes de fruncir el ceño.
Me he visto riendo porque no quedaba otra.
Sarcasmos viciados de un aire denso.
Abrigos abandonados tanto como sus dueños.
Copas rotas que derraman sueños sin cumplir.
Risas que esconndían el peor de los llantos.
Juegos de manos que entretienen vidas con sentido equivocado.
Arañazos de rabia que sólo esconden un "no te vayas, por favor".
Me has gritado como nunca y no he sabido escucharte.
Te he sentido más que siempre y no me he podido quedar.
Y claro, así no.
jueves, 27 de febrero de 2014
miércoles, 26 de febrero de 2014
Hasta que te rías.
Tú y tu puta manía de esconder tabaco en todos los cajones.
Y fotos.
Me ha dado por pensar, y claro, esto no puede acabar bien.
Después de tanto tiempo bailando en esa cama (contigo) esto no puede acabar bien.
Desde entonces, he contado estrellas de día en otros cuerpos.
He desnudado almas muchas otras noches.
Y desmenuzado traumas escondidos en algún pecho blindado por huidas repentinas convertidas en derrotas.
He compartido saliva, miedos y cuerpos, en la misma cama que me vio contarte historias sin otro final que acabar entre tus bragas.
He dado luz a alguna mirada triste, con las luces apagadas.
Y he conseguido mojar a algún que otro incendio de piernas largas.
Se ha borrado el mapa que me hiciste en la espalda cuando te creías el gato de la vecina que ahora me mira burlón.
Hijo de puta, me está señalando desde la ventana con el mismo dedo que te chupaba cuando me tocabas el labio.
Y se está riendo el muy cabrón.
Y puede que esté colocada, pero ya no huele a ti.
Me he abrazado al presente y te juro, que ya no sabe a ti.
Tiene otro nombre.
Me lo dijo con el sujetador en la mano.
Me está esperando en la habitación recuperándose del éxtasis de un polvo bañado de drogas y acohol.
Uno de los que se echan para olvidar.
De esos cargados de culpas y vacíos de amor.
Se me ha acabado el tabaco y me queda el culo de una botella que huele a resaca.
Y el suyo.
Con la marca de no dejarle al sol conocer lo que guarda debajo del bikini.
Supongo que prefiero el suyo, porque ya he bebido bastante.
Pero ya no tengo tabaco.
Y tú me sigues mirando desde el cajón.
Esto no puede acabar bien.
Y fotos.
Me ha dado por pensar, y claro, esto no puede acabar bien.
Después de tanto tiempo bailando en esa cama (contigo) esto no puede acabar bien.
Desde entonces, he contado estrellas de día en otros cuerpos.
He desnudado almas muchas otras noches.
Y desmenuzado traumas escondidos en algún pecho blindado por huidas repentinas convertidas en derrotas.
He compartido saliva, miedos y cuerpos, en la misma cama que me vio contarte historias sin otro final que acabar entre tus bragas.
He dado luz a alguna mirada triste, con las luces apagadas.
Y he conseguido mojar a algún que otro incendio de piernas largas.
Se ha borrado el mapa que me hiciste en la espalda cuando te creías el gato de la vecina que ahora me mira burlón.
Hijo de puta, me está señalando desde la ventana con el mismo dedo que te chupaba cuando me tocabas el labio.
Y se está riendo el muy cabrón.
Y puede que esté colocada, pero ya no huele a ti.
Me he abrazado al presente y te juro, que ya no sabe a ti.
Tiene otro nombre.
Me lo dijo con el sujetador en la mano.
Me está esperando en la habitación recuperándose del éxtasis de un polvo bañado de drogas y acohol.
Uno de los que se echan para olvidar.
De esos cargados de culpas y vacíos de amor.
Se me ha acabado el tabaco y me queda el culo de una botella que huele a resaca.
Y el suyo.
Con la marca de no dejarle al sol conocer lo que guarda debajo del bikini.
Supongo que prefiero el suyo, porque ya he bebido bastante.
Pero ya no tengo tabaco.
Y tú me sigues mirando desde el cajón.
Esto no puede acabar bien.
lunes, 24 de febrero de 2014
Of the wall.
Resúmeme la noche que aún estamos a tiempo.
Háblame todo lo que no dijiste.
No tengas prisa.
Que no existe el tiempo, sólo los relojes.
Y desde hace tiempo que no llevo uno.
Cuando sale el sol me escondo por si me quemo.
No amanezco en otras camas que acumulan el calor de un cuerpo recién follado.
Ni de unas piernas que guardan el verano y chorrea hasta los pies.
No sé si ya te he contado que no me gusta el verano.
Amanece demasiado pronto.
Que tengo en mi habitación fotos de derrotas con nombres y apellidos.
Que me acuerdo del sabor de todas y cada una de ellas.
Y que no sé si seré capaz de un futuro sin roturas.
Guardo traumas en cada paquete de cigarros, y por eso los quemo.
Podrías leer mi pasado en los posos del cenicero mientras te fumas café.
Te he visto apartada del resto.
Y he querido apartarles.
Cuánto vas a tardar en estar colgada en la pared de mi cuarto.
Cuánto voy a tardar en decirte el hueco que te pertnece.
Empieza a salir el sol.
Hasta mañana.
Háblame todo lo que no dijiste.
No tengas prisa.
Que no existe el tiempo, sólo los relojes.
Y desde hace tiempo que no llevo uno.
Cuando sale el sol me escondo por si me quemo.
No amanezco en otras camas que acumulan el calor de un cuerpo recién follado.
Ni de unas piernas que guardan el verano y chorrea hasta los pies.
No sé si ya te he contado que no me gusta el verano.
Amanece demasiado pronto.
Que tengo en mi habitación fotos de derrotas con nombres y apellidos.
Que me acuerdo del sabor de todas y cada una de ellas.
Y que no sé si seré capaz de un futuro sin roturas.
Guardo traumas en cada paquete de cigarros, y por eso los quemo.
Podrías leer mi pasado en los posos del cenicero mientras te fumas café.
Te he visto apartada del resto.
Y he querido apartarles.
Cuánto vas a tardar en estar colgada en la pared de mi cuarto.
Cuánto voy a tardar en decirte el hueco que te pertnece.
Empieza a salir el sol.
Hasta mañana.
Héroe.
Dos meses.
Casi dos putos meses y aún pienso en ti y noto como se para todo lo que debería tener movimiento dentro de mi coraza.
Te quiero como si hubiera sido esta mañana la última vez que me cogiste de la mano.
Ojalá pudiera volver a verte.
Me duermo cada noche con la esperanza de soñar contigo a pesar de saber que me voy a despertar con la almohada mas húmeda que aquella jodida tarde que aun tengo en la garganta como un nudo de ahorcado.
Te quiero.
He visto fotos viejas,
y tengo miedo de olvidarme de tu voz.
Casi dos putos meses y aún pienso en ti y noto como se para todo lo que debería tener movimiento dentro de mi coraza.
Te quiero como si hubiera sido esta mañana la última vez que me cogiste de la mano.
Ojalá pudiera volver a verte.
Me duermo cada noche con la esperanza de soñar contigo a pesar de saber que me voy a despertar con la almohada mas húmeda que aquella jodida tarde que aun tengo en la garganta como un nudo de ahorcado.
Te quiero.
He visto fotos viejas,
y tengo miedo de olvidarme de tu voz.
sábado, 22 de febrero de 2014
Dibuja tu diseño.
Te vi a tres centímetros hablándome de miedos, y qué miedo pasé por si te escupía un beso.
Que no te quedes sola, por favor.
Que mis ganas te abrazan para que no pases frío.
Vente conmigo al infierno de las dudas, que todo es mucho mejor si se hace en compañía.
Que dos no pelean si uno no quiere.
Ni follan juntos si se despiden en el portal.
Fuérzame la cerradura y ábreme de par en par.
Quédate con la contraseña para compartir almohada.
Y úsame de excusa para pasar los domingos.
Que sé que has olvidado lo que es sentir si no te tocan.
Correrte con sólo oir el timbre.
Estremecerte con un susurro en forma de recuerdo.
Y llorar como un niño perdido en un centro comercial por un beso en la mejilla.
Que no sé.
Que no sabes.
Que todavía no sé a qué sabes.
Espérame en la esquina, y no mires atrás.
Peléate conmigo si quieres, pero dentro del portal.
martes, 18 de febrero de 2014
No sé si me estoy explicando.
Tengo tu piel tatuada en las pupilas.
Siento tu voz deshaciendo el camino que me hiciste con la lengua.
Y guardo tu aliento secuestrado entre las piernas.
Los muelles del colchón aún piensan en ti.
Los cristales de mi coche no han vuelto a ser los mismos desde que los empañamos.
Y las mañanas ya no saben a tu boca.
La cama te guarda el espacio.
El pasillo sigue teniendo tus huellas.
Y tus bragas aún están en el cajón.
Tengo mi pasado en el frasco de café que acabaste hace dos días.
Mi futuro en este cenicero lleno de las "colillas de después".
Y mi presente en este vaso a medias que apesta a resaca de las jodidas.
Y me hago a la idea de que te has ido.
Y te haces a la idea de que no estoy.
Y te has acabado el café.
Y ahora el desayuno sí es la comida más importante del día, porque ya no comemos nada de rodillas.
Y qué jodida es esta resaca.
A ver qué coño desayuno ahora.
Y a ver qué coño se deja desayunar.
Siento tu voz deshaciendo el camino que me hiciste con la lengua.
Y guardo tu aliento secuestrado entre las piernas.
Los muelles del colchón aún piensan en ti.
Los cristales de mi coche no han vuelto a ser los mismos desde que los empañamos.
Y las mañanas ya no saben a tu boca.
La cama te guarda el espacio.
El pasillo sigue teniendo tus huellas.
Y tus bragas aún están en el cajón.
Tengo mi pasado en el frasco de café que acabaste hace dos días.
Mi futuro en este cenicero lleno de las "colillas de después".
Y mi presente en este vaso a medias que apesta a resaca de las jodidas.
Y me hago a la idea de que te has ido.
Y te haces a la idea de que no estoy.
Y te has acabado el café.
Y ahora el desayuno sí es la comida más importante del día, porque ya no comemos nada de rodillas.
Y qué jodida es esta resaca.
A ver qué coño desayuno ahora.
Y a ver qué coño se deja desayunar.
Cada cosa va sumando.
Ojalá tirar pa lante sin arrastrar cadenas.
Ojalá todo fuera tan fácil como vomitar palabras bonitas que limpian los oídos de quien las escucha y manchan la boca de todos aquellos que las dicen si es para jugar.
Que sentir sin decir es mucho más difícil que decir sin sentir, y claro.
Ojalá tú.
En frente.
Ojalá un metro de cortesía.
O un poema de tu cuerpo sin bragas a dos centímetros.
Ojalá yo.
De frente.
O de espaldas.
Da igual.
Pero ojalá.
Digamos que no todo lo bonito es de color de rosa.
Que tu espalda canela es un monumento nacional y aún no se han dado cuenta.
Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.
Que tú no lo sabes tampoco, y yo creyendo que tenías espejos por tu casa.
Que te hagas el moño y te quites el sujetador.
Que te pasees por mi cuerpo como si fuera tu casa y conviertas mis piernas en tus puertas.
Y que no se enteren que bastante tuvieron con saber lo del ratoncito Pérez.
Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.
lunes, 17 de febrero de 2014
Ladridos.
Que esta lloviendo, y por eso todo.
Los arañazos no sólo abren heridas.
O piernas.
A veces cierran libros de historias sin final, que son aún peores que las que acaban sin un "comieron perdices".
Como si la protagonista prefiriese que le coman las perdices
en vez de.
Que esta lloviendo, y por eso nada.
Como si alguna vez hubieras tenido miedo a mojarte cada noche entre mis delirios de cinco dedos.
Que llueve, joder.
Y que el gota a gota me agota.
Tanto como no tenerte.
Y que por eso llueve, aunque las nubes se hayan ido contigo, llueve.
Los arañazos no sólo abren heridas.
O piernas.
A veces cierran libros de historias sin final, que son aún peores que las que acaban sin un "comieron perdices".
Como si la protagonista prefiriese que le coman las perdices
en vez de.
Que esta lloviendo, y por eso nada.
Como si alguna vez hubieras tenido miedo a mojarte cada noche entre mis delirios de cinco dedos.
Que llueve, joder.
Y que el gota a gota me agota.
Tanto como no tenerte.
Y que por eso llueve, aunque las nubes se hayan ido contigo, llueve.
domingo, 16 de febrero de 2014
mentiras de verdad.
Ya no sé dónde estoy.
Ni si pienso en ti.
Ya no sé qué quiero.
Ni qué quieres.
Qué tengo que hacer para que me mires?
Cómo puedo hacer de mi desastre tu entretenimiento.
De mi vida tus días de sol y de la tuya algo así como un escalofrío de los que recorren la espalda de arriba abajo.
Cuánto vamos a aguantar sin volver a rozarnos la piel antes de empezar a hacerlo con las paredes como animales desenfrenados.
Dime dónde estás que desde aquel día no te veo con la certeza de poder tocarte si avanzo unos pasos y me atrevo a saltar.
Nunca me atrevo.
Pero ese es otro tema que siempre me queda para septiembre.
Basta de súplicas y lloriqueos de niña.
Ten cuidado esta noche que te pienso deshacer la cama arrancándote las penas a mordiscos.
Devolverte las ganas a base de gemidos.
Escribiré una partitura de arañazos en tus piernas.
Y te abrazaré con tanta fuerza que acabaremos de espaldas esfumando todos los miedos que disfrazamos de mentiras.
Pero esta vez no por la procrastinación que llevo de serie.
Ni si pienso en ti.
Ya no sé qué quiero.
Ni qué quieres.
Qué tengo que hacer para que me mires?
Cómo puedo hacer de mi desastre tu entretenimiento.
De mi vida tus días de sol y de la tuya algo así como un escalofrío de los que recorren la espalda de arriba abajo.
Cuánto vamos a aguantar sin volver a rozarnos la piel antes de empezar a hacerlo con las paredes como animales desenfrenados.
Dime dónde estás que desde aquel día no te veo con la certeza de poder tocarte si avanzo unos pasos y me atrevo a saltar.
Nunca me atrevo.
Pero ese es otro tema que siempre me queda para septiembre.
Basta de súplicas y lloriqueos de niña.
Ten cuidado esta noche que te pienso deshacer la cama arrancándote las penas a mordiscos.
Devolverte las ganas a base de gemidos.
Escribiré una partitura de arañazos en tus piernas.
Y te abrazaré con tanta fuerza que acabaremos de espaldas esfumando todos los miedos que disfrazamos de mentiras.
Pero esta vez no por la procrastinación que llevo de serie.
sábado, 8 de febrero de 2014
chips.
Te he buscado entre la gente como quien busca un vaso de agua en medio del desierto.
Para beberte.
Y me he deshidratado.
Te he visto en otras caras que no se te querían parecer.
He pensado tanto en la noche que no hemos pasado que he olvidado lo que sentí con la mirada que me regalaste cuando te vi renacer.
Me he sentado en la misma silla rota, y esta vez me ha hecho daño.
Ayúdame a sentir el dolor que sienten los despechados, que desde hace un tiempo mi vida ya no baila al son de ningún cuerpo.
Y que, muchas veces ya, dudo hasta de llamarlo vida.
Que me duele el cuerpo de cargar con el pasado, cuando podía estar doliéndome de un polvo de los que alivian el dolor de un cuerpo vacío de certezas.
Ven a buscarme y arañame el pecho hasta rozarme el corazón.
Que son las 6, y ya es tarde para llorar y pronto para dormir si tú no estás ocupando media cama.
Y a ver qué hago.
Para beberte.
Y me he deshidratado.
Te he visto en otras caras que no se te querían parecer.
He pensado tanto en la noche que no hemos pasado que he olvidado lo que sentí con la mirada que me regalaste cuando te vi renacer.
Me he sentado en la misma silla rota, y esta vez me ha hecho daño.
Ayúdame a sentir el dolor que sienten los despechados, que desde hace un tiempo mi vida ya no baila al son de ningún cuerpo.
Y que, muchas veces ya, dudo hasta de llamarlo vida.
Que me duele el cuerpo de cargar con el pasado, cuando podía estar doliéndome de un polvo de los que alivian el dolor de un cuerpo vacío de certezas.
Ven a buscarme y arañame el pecho hasta rozarme el corazón.
Que son las 6, y ya es tarde para llorar y pronto para dormir si tú no estás ocupando media cama.
Y a ver qué hago.
viernes, 7 de febrero de 2014
Madrid.
Que lo nuestro lo contaremos en pretérito imperfecto porque la perfección no existe, cariño.
Que me despierto con más ganas de café que de ti.
Que ni si quiera sabes que me gusta el café después de estos meses.
Y que tú y yo sólo nos entendemos con las luces apagadas.
Que un polvo a destiempo en un bar está bien si es conmigo.
Pero es un polvo.
Y es a destiempo.
Que ya es que ni esperamos a fumarnos el cigarro de después para tratarnos de usted.
Como si hubiera mayor muestra de respeto que arrodillarse, aunque sea con las bragas por los tobillos.
Que a veces, pensé que te quería por el puro placer de sentirte entre mis piernas.
Que de hecho te he querido.
Pero no más de dos horas seguidas.
Y que eso no está bien porque a ti se te olvida y vuelves a mí con sabor a ella.
Y así, amor, yo no puedo hacer más que manchar los rincones de Madrid con olor a sexo de dos horas en las que te quise.
Que me despierto con más ganas de café que de ti.
Que ni si quiera sabes que me gusta el café después de estos meses.
Y que tú y yo sólo nos entendemos con las luces apagadas.
Que un polvo a destiempo en un bar está bien si es conmigo.
Pero es un polvo.
Y es a destiempo.
Que ya es que ni esperamos a fumarnos el cigarro de después para tratarnos de usted.
Como si hubiera mayor muestra de respeto que arrodillarse, aunque sea con las bragas por los tobillos.
Que a veces, pensé que te quería por el puro placer de sentirte entre mis piernas.
Que de hecho te he querido.
Pero no más de dos horas seguidas.
Y que eso no está bien porque a ti se te olvida y vuelves a mí con sabor a ella.
Y así, amor, yo no puedo hacer más que manchar los rincones de Madrid con olor a sexo de dos horas en las que te quise.
jueves, 6 de febrero de 2014
Perdóname.
No se lo cuentes a nadie, pero te echo de menos.
Y si no centro tu cara en un recuerdo nítido es culpa de los mecanismos de supervivencia que no dependen de mí.
Y de que no dejaste en mi mesilla ni una puta foto.
Y que eso tampoco dependió de mí.
Que has intentado cambiar de vida varias veces y siempre has acabado llamándome.
Que cuando intentabas salvarte, acababas rompiéndome las bragas, el colchón y algún que otro recuerdo.
Por ese orden.
Siempre.
Y cómo no voy a echar de menos follarnos hasta los ojos.
Como si no tuvieramos ya bastantes motivos para llorar.
Como si se pudiera sobrevivir de otra manera.
Pero te has ido.
Sin móvil.
Sin mí.
Con tus ganas de conocer otros rincones distintos a mi piel.
Con las mías de conocer otros distintos a la tuya.
Lloraste lágrimas con sabor a un "quédate".
Te sequé la cara con las mismas manos con las que te mojaba las bragas.
Y eso no podía acabar bien.
Cuídate.
Que ya me encargo yo de este desastre.
Y si no centro tu cara en un recuerdo nítido es culpa de los mecanismos de supervivencia que no dependen de mí.
Y de que no dejaste en mi mesilla ni una puta foto.
Y que eso tampoco dependió de mí.
Que has intentado cambiar de vida varias veces y siempre has acabado llamándome.
Que cuando intentabas salvarte, acababas rompiéndome las bragas, el colchón y algún que otro recuerdo.
Por ese orden.
Siempre.
Y cómo no voy a echar de menos follarnos hasta los ojos.
Como si no tuvieramos ya bastantes motivos para llorar.
Como si se pudiera sobrevivir de otra manera.
Pero te has ido.
Sin móvil.
Sin mí.
Con tus ganas de conocer otros rincones distintos a mi piel.
Con las mías de conocer otros distintos a la tuya.
Lloraste lágrimas con sabor a un "quédate".
Te sequé la cara con las mismas manos con las que te mojaba las bragas.
Y eso no podía acabar bien.
Cuídate.
Que ya me encargo yo de este desastre.
martes, 4 de febrero de 2014
Nive.
365 días.
Algunas caricias más que he dado en otras camas.
Con otros cuerpos.
Un año.
Y tu recuerdo que se esfuma en otras caras.
Con otros besos.
Un año.
Y vuelves en forma de llamada.
Y el móvil me recuerda tu nombre, como si pudiera olvidarme.
Una llamada.
Perdida.
Incluso más que yo cuando te fuiste.
Y no lo cojo.
Ya no quiero encontrarme.
Vienes con otras lenguas a la espalda.
Con otras historias entre las piernas.
Y llorando por los ojos y no como acostumbrábamos a hacer.
Límpiame el polvo del cabrón que te late en mi pecho.
Con un polvo sucio.
De los que solíamos echar.
De los que hacían temblar a las paredes de miedo y a los vecinos de envidia.
Recuérdame tus lunares, que casi no te reconozco cuando no sonríes.
Y son muchas las veces.
Has cambiado las ganas por las ruinas de una historia en otro idioma.
Y por eso no eres capaz de entenderlo.
Ni de entenderme.
domingo, 2 de febrero de 2014
Dulce.
Tiene suerte de que sea domingo y que no hayamos contado aún los kilómetros que me separan de su cama.
De que no sepamos los cuentos que se esconden en los dedos.
De que los miedos se esfumen entre alcohol y drogas cortadas.
De disfrutar entre el humo gris que tiñe de rojo cualquier mirada.
Con las ventanas cerradas.
Para que al abrir las piernas cojamos cualquier otra cosa distinta a un constipao.
Tiene suerte del maquillaje que se pone el pasado para salir de fiesta y arreglarnos la noche.
Convirtiéndonos en héroes mediocres que se esfuman a la misma velocidad que un orgasmo mal fingido.
Tiene suerte de esconderse tras ese muro de maderas y metales...
Como si eso nos fuera a salvar.
De que no sepamos los cuentos que se esconden en los dedos.
De que los miedos se esfumen entre alcohol y drogas cortadas.
De disfrutar entre el humo gris que tiñe de rojo cualquier mirada.
Con las ventanas cerradas.
Para que al abrir las piernas cojamos cualquier otra cosa distinta a un constipao.
Tiene suerte del maquillaje que se pone el pasado para salir de fiesta y arreglarnos la noche.
Convirtiéndonos en héroes mediocres que se esfuman a la misma velocidad que un orgasmo mal fingido.
Tiene suerte de esconderse tras ese muro de maderas y metales...
Como si eso nos fuera a salvar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)










