Se miraron e hicieron como que no se veían. Él sintió una punzada y ella parpadeó tres veces y se enderezó en la silla. Nada más. La vida siguió pero algo flotaba y lo sabían. Hablaban como por casualidad, manteniendo las formas. Ella le envió una señal pero sin usar la sonrisa y a él, entre otras cosas, lo que le gustaba era su sonrisa. No respondió. Pero procuró cruzarse con ella con mas frecuencia. Nada más. Ella desplegaba el mejor de sus encantos, el carácter. Y él optaba por no mostrarse mucho para que el deseo no sobresaliera, y en la superficie había calma aunque debajo ardía la tormenta. ¿quién empezó? Cada uno a su manera, desafíos directos, perfiles, llamadas. Nada más. Podía quedar en eso y lo sabían. ¿quién dio el primer paso? Fueron los dos y los llevaron a desatar los nudos en e-mails tórridos o sugerentes, y ya sin nudos se enfrentaron una tarde y dejaron de preguntarse quién cazaba a quién y disfrutaron de la caza y de la presa, se dieron lo prometido y lo que las insinuaciones no se atrevieron a vaticinar. Y se lo siguen dando cuando pueden. Nada más.

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