martes, 21 de febrero de 2012

Casi puedo tocar...

Nunca estas preparado.
Aunque sabes que tiene que llegar.
Que un día llegará y te devorará de un solo mordisco.
Que es peor que la muerte, porque la muerte te lleva, al menos.
Él te deja aquí. Temblando.
Porque cuando llega, siempre vuelve.


El miedo.


Comienzo a llorar. Me apoyo en la pared porque mis piernas son de papel y ni siquiera pienso en correr.
Estaba escrito que volvería.
Está dentro de mí, el gatito convertido en tigre,  la zarpa dispuesta a matarme incluso antes de que él llegue a tocarme...

Saca del abrigo una pistola y me apunta. Como si no quisiera mancharse las manos. Me mira con asco y descubro que me he meado encima. Se toma su tiempo, y sé que el cañón busca mi cabeza. Hace bien: el corazón ha dejado de funcionar  hace tiempo. Cierro los ojos. No quiero ver cómo me mata el miedo.

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