martes, 15 de mayo de 2012

Me lo tomaré con calma.

Deja que tenga mis reservas, que dude de tus excusas, de los parches, del maquillaje que le das a los hachazos.
Aunque digas estar segura no sé si fue Cupido o el miedo
quien te llevó hasta mi colchón porque nunca te quedaste 15 días.
Y ya ves, a pesar de esto, entre unas cosas y otras, ya son años.
Años persiguiendo sombras, cuidándonos en ocasiones, odiándonos a ratos, años sin querer entender que casi siempre somos como el agua y el aceite, ternura y navajazos, caricias y alambradas.
Tú necesitas que te entiendan yo que me hagan menos daño.
Y así sucedía, que nunca llegamos al mismo lugar sin que uno de los dos llevara encendidas las luces de reserva de su corazón
y cada poco eso me hacía doblar la esquina de la desesperación.
Y ahora me miro, y joder, parece que llevo 50 años triste.
A estas alturas no me queda más que la sensación de que necesito otra vida para arreglar lo que me has hecho.
Así que me lo voy a tomar con calma: te lloraré por dentro, te echaré de menos, saldrás en todas las conversaciones
y como no se puede engañar al corazón en otras camas, no buscaré entre otras piernas lo que sé que nunca me darán otras piernas.
Me entretendré, eso si, con sirenas de paso que traigan analgesia, aunque nunca curen.
Seguiré durante un tiempo en la lista de espera de los besos con amor, pero me lo tomaré con calma, y la calma hará que un día mi amor por ti acabe aparcado en otro cuerpo.

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