De correr despavorida sin haber visto ningún monstruo.
De hablar de todo sin haber vivido nada.
De reir hasta que la función acaba y empezar a llorar antes de que el telón haya invitado al público a abandonar la sala.
De agarrar desde lejos.
De espantar(me) cara a cara.
De gritar lo que callo y callar lo que grito.
No sé si me explico pero siempre es igual.
Qué más da lo que diga ya si ya nadie me creerá.

No hay comentarios:
Publicar un comentario