martes, 20 de octubre de 2015

Dime la verdad.



Repetirte en mi cabeza como una canción que de tanto escucharla acaba cansando, a ver si así.
Mirar tus fotos una y otra vez como si así se fueran a desgastar de mi retina tus lunares.
Respirar tu rastro como un perro en celo que se acaba conformando con el cogín del sofá.

Tocar cada parte de mi cuerpo que acariciaste, buscando los restos de tus huellas dactilares que te incriminan y te declaran culpable.

Estrellar, fugaz, el móvil contra las paredes de ese cuarto que nos vio quemarnos contra las sábanas.

Matar de un suspiro cada mínimo detalle de tu espalda.
Y retorcerlo hasta sangrar.

Bailar en otros cuerpos.
Reír en otras manos.
Esperar resignado, como quien espera el autobús de las 7 de la mañana para ir a trabajar.
Comer chocolate en vez de.

Sacar al perro y que ya no busque palos, ni piñas...

Secarme al aire al salir de la ducha por mi amor - odio a las toallas.

Pincharme con la rosa, por haber entrado en el rosal.
Sudar a oscuras por los monstruos del pasado.
Buscar otra esperanza, una otra luz.

Darle la razón al mundo y verte el culo, pero esta vez por que te vas.

Y aún así,
No me devuelvas los besos.
No te quites mis abrazos.
No te cures mis heridas.
No te borres las sonrisas.
No te seques cada lágrima.
No me des las des - gracias.
No me guardes rencor.
No me pidas nada más, amor, que ya no tengo qué ofrecerte.

Quiéreme.
Que te quiero.

Y que no....no me arrepiento de nada.

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