Yo no pierdo el tiempo. Y buscó en mi pantalón y entró. Los tíos se van y nuestros gemidos rebotan en los azulejos del baño. Ni siquiera era un buen poema, no sé por qué a todas les causa el mismo efecto. La rubia colabora, gobierna con la cara contra los azulejos, ataca y vuelve, parece no advertir que su cabeza golpea contra la pared. Todo es brumoso y ruin, todo es brillante. Sigo hasta estallar y un poco más, mientras ella se sacude. Y cuando salgo, suspira y recupera la decisión. Se vuelve con la mano dentro del bolso y ya no me importa.
-¿Por qué? –pregunta.
-¿Por qué no?
-¿Por qué ahora sí y entonces no?
...
-Llevo tiempo buscándote –dice mientras mantiene la mano metida en el bolso-. Tengo algo para ti.
Cierro los ojos.
Así no vale.
Quiero verlo venir.
Los abro.
Saca del bolso un tarjetón caro.
-He aprendido a olvidarte, canalla. He conocido a un chico bueno y sensible y me caso el sábado.
-Ya.
-¿Vendrás?
-No lo sé. ¿Habrá buena bebida?
-La mejor. Y en cantidad. Además, tiene unos baños impresionantes…
…
Estoy harto de majaras. De verdad.
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