domingo, 24 de marzo de 2013

C.S.

Cuando conocí a Leticia, me enamoré de su alegría, de sus ganas de vivir.
De su culo. Me encantaba cómo reía con su culo.
La conocí una noche, en una pelea en una discoteca. Yo estaba borracho y solo, aunque como había ganado el campeonato de tiro al blanco, me rondaban varias chicas del lugar. Me pasaba algo extraño. Hervía por dentro. Supongo que eran las hormonas. Por primera vez en mucho tiempo, ganar me había enardecido, aunque no lo demostraba. Bebía. Miraba a la gente. Bebía más. No vi llegar a Leticia ni al rubio. El rubio también estaba borracho pero además venía furioso. (...) Le gritaba a la chica del culo sonriente. Le retorcía el brazo y le volvía a gritar. Y los que estaban alrededor miraban a otro lado. (...)
Le agarré la mano y lo hice girar. Me miró, burlón. Yo seguía sentado en mi taburete. Le pegué desde abajo y voló hacia atrás. (...) Leticia dice que yo reía como un corsario y volaba de uno a otro, repartiendo golpes y botellazos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario