miércoles, 13 de julio de 2011






Quisiera acariciarle, pasarle el brazo sobre los hombros, estrecharle un instante; pero no estoy segura de que sea eso lo que quiere, podría hacer que se sintiera peor. 
Quizá consiguiera distraerlo con un juego. Qué idea ridicula. Tal vez no sea tan ridicula. 
Aquí está su cartapacio de la escuela. Aquí hay un libro de ejercicios. 
Me mira con curiosidad.
¿Qué juego? El tres en raya. Cuatro líneas y mi cruz en el centro. Por la forma como me mira mientras toma el lápiz creo que va a seguirme la corriente con esta idea absurda ¡para consolarme a mí! Su cero en el rincón. 
Mi cruz, el cero; será un empate. Debería dejarle ganar el próximo.
Puedo jugar sin pensar.....sin pensar en el juego. Sólo en su piel rozando la mía cada vez que intercambiamos ese lápiz.

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