Sigo mordiendome la lengua al verte
lunes, 4 de julio de 2011
Si conseguía acercarse a ella, enfrentarse al látigo y tirarla al suelo, era un hombre de verdad, podía besarla y casarse con ella. Claro que, tanto en el pasado como en el presente, las chicas sabían de quién escapar y por quién dejarse capturar.
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