Acompasar mis latidos con tu respiración.
Acurrucarme en cada letra de tu nombre.
Engancharme a la corriente que dejas al pasar.
Y es que de tanto pensarte,
ya no sé si llamarlo imaginación o delirio.
Ya no sé si eres jaula o libertad.
Evitar tus miradas,
como forma de salvarnos.
Como si eso nos fuese a salvar.
Me acaricias cada herida como si fueses alcohol,
me curas, pero escueces.
Me secas el pasado mojandome el presente.
Y no hay mejor promesa que un susurro de tres letras cuando ya no queda aliento.
Ven.
Voy.
Bésame los labios
y muérdeme la boca.
Que desde hace tiempo sólo comparto habitación con los monstruos del armario,
y el único polvo que ven es el que hay debajo de la cama.
Ven corriendo.
O correte.
Pero conmigo.

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