sábado, 12 de enero de 2013

Qué ingenuos.

Hoy ha llovido. 
Y la gente corría despavorida a refugiarse, como si ésta quemara.

Qué ingenuos. 

Si te hubieran visto alguna vez mojada, no se les ocurriría correr cada vez que lloviera. Rezarían al mismo Dios al que yo lo hago para volverte a ver de aquella manera.

Qué estúpidos. 
Nadie sabe lo que es quemarse hasta que no roza tu piel. 

Qué cuerdos. 

Y qué loca yo por querer volver a verte. Volver a sentirte. 

“Quién juega con fuego, terminará quemándose”. Y yo toda la vida evitando el fuego quise jugar contigo. Y mírame, con tres quemaduras de tercer grado en el ventrículo izquierdo y otras cuantas en las yemas de mis dedos.


Y no aprendo. 

Y no importa.

Y me dejo incinerar.

Y me gusta.



Ya no duele. 

Ya no quema. 

Ya no dueles.

Ya no quemas.

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