Ésta será la última vez que te quiero. Creeme.
Será un segundo eterno.
Un odiado “para siempre”.
Pero la última vez. De verdad.
Si la eternidad discute con el tiempo y en un arrebato suicida le pone pilas al reloj, no volveré a hacerlo.
Desapareceré con ella de la mano y juntas buscaremos un lugar en el que podamos ser. Ella eterna y yo feliz.
Hasta entonces déjame sobrevivir a base de recuerdos. De falsos sentimientos sinceros. De caricias que no son.
Déjame estar jodida, porque sabré estar contenta.
Me verás vagando por las calles más oscuras susurrándoles a las ratas que los gatos no siempre son malos, mientras les doy los besos que nunca llegan a ti. Recibiendo mordiscos que jamás han sido tuyos.
Acariciando el viento como si fuera tu espalda.
Sonriéndole a la vida sólo a la luz de las farolas que aún quedan sin romper, deseando que la siguiente esté tan rota como yo, para dejar de fingir y coger fuerzas para esbozar la siguiente sonrisa que tendré que actuar cuando haya luz de nuevo.
En fin, que será la última vez. Y mi Casio ya no tiene pila. Y lo he guardado bajo llave.

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