sábado, 12 de enero de 2013

Una foto...

Una foto, todo lo que me quedaba de Ella. Y no era una foto muy buena. Estaba desnuda, se veía la mitad de su cuerpo borroneado por el sol, los pechos conocidos, la sonrisa que dolía en la distancia. Ese era todo el pasado que me permitía. Inútil recordar su nombre cuando ya no podía nombrarla. La voz enana en mi cabeza dijo que mi viaje había sido una huida para no extrañarla en cada uno de los lugares que nos vieron pasar. La voz siguió hablando y la dejé. Ella era más que un fracaso sentimental y menos que una tragedia. Era lo que tenía en la mano: un rostro hermoso que fue mío sin dejar de ser suyo, y que ahora era otra vez de su exclusiva propiedad, roto por desgaste el contrato que una vez firmamos en una servilleta de un bar.
...
Me sobraban las palabras para definir cómo me sentía.
Jodido.
Estaba jodido.
Pero todavía no sabía cuánto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario