Y lo pienso.
Y te pienso.
Y ahora yo no quiero un "cuelga tú...no tú...va, cuelga tú..." porque al final me acabo colgando yo.
Y lo echo de menos.
A veces colgar.
Y otras colgarme.
Te echo de menos.
Pero que me corten la lengua antes de decirtelo.
Porque si te echo de menos es que ya no estás.
Y si no estás no tiene ningún tipo de utilidad.
Porque ya no es justo.
Que lo único justo que hay entre tú y yo son los pantalones que vistes que no dan lugar a imaginar nada y me miran riéndose por ser ellos quiénes disfrutan de tu piel.
Que el dolor apareció desde que mi miedo y tus ganas de otro cuerpo se concentraron en mi pecho y apretaron fuerte contra el esternon quitándole espacio al hijo de puta que ya no sabe ni por quién latir.
Que empiezo a pensar que te exprimí al máximo para sacarte todo el jugo que cabía entre tus piernas y ahora lloro por dos.
Porque no te queda nada.
Que tus mariposas del estomago de aquella noche han volado de tanto abrir(te).
Y que las mías han involucionado y se han convertido en gusanos de un cuerpo muerto.
Y ya no queda nada.
Pero yo, ahora, te echo de menos.
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