miércoles, 15 de enero de 2014

Estrella.

Te escribo desde una carretera estrecha y desgastada, perdida de la civilización.

Te escibo pensando la de vidas destrozadas que han utilizado este asfalto para huir de todos los monstruos que guardaban debajo de la cama sin barrer, llena de polvo. 
De los que ya no echaban encima.

Es de noche y ya no duermo contigo.
Lo siento. 
Sabes lo que me asustan los amaneceres si no me tapas los ojos. 
Perdóname mañana cuando te despiertes y veas que no estoy.

No me eches de menos, no merece la pena. 
Ni tampoco la alegría. 

No soy la única persona que se ha ido de madrugada.
Ni tú la única que duerme sola.

No dramatices que me he traído la pena en los bolsillos.

De camino a encontrarme, una estrella me ha preguntado por ti.
Quizá esté demasiado colocada, no me hagas mucho caso.

Dice que hace tiempo que no vas a verla.
Y le he explicado que desde hace tiempo no follamos en condiciones.

Se ha ido agachando la cabeza.
Como yo.

No quiero olvidarte.
Sé que nadie me va a arañar la espalda como tú. 
Sé que nadie me va a doler tanto como tú. 

Pero tengo que irme.

Te prometí una cosa que ya no es compatible con lo que somos.
De hecho, ni si quiera tengo muy claro en qué nos hemos convertido. 

Empezamos rompiéndonos las bragas y nos hemos destrozado.

Aún te quiero.
Siempre lo he hecho.

Pero a veces no basta con eso.

Busca el sujetador negro que tanto me gustaba y mándamelo por correo urgente después de visitar el banco de debajo de casa dónde perdimos los papeles y fumamos nuestro aliento.

Búscate otro imbecil que te deshaga la cama y te chupe hasta los ojos. 
Búscate otra espalda donde dibujar tus peores pesadillas y unas piernas que acaben en un mar que disipe todas tus dudas.
Pero esta vez cuídale.
Cuídate. 

Olvídame como te olvidabas de la camiseta cuando te acariciaba por debajo del ombligo.

Te dejo mis ganas a los pies de la cama y un beso en la frente con el carmín rojo-puta que nos compramos para escribirnos mensajes en los espejos de los baños que nos querían más fuera que dentro.
Malditos cabrones.
Para una cosa bonita que entraba y querían echarte fuera en vez de un polvo.

Bueno te dejo, que me pierdo entre recuerdos oscuros y aquí las farolas no funcionan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario