sábado, 25 de enero de 2014

Ahí estás.

Invítame a tu cama que te invito a ver el cielo.

No te rías tanto que te delatan los nervios.
No te rías tanto que se me escapan los besos.

Cuéntame tus miedos, que yo te saco de dudas mientras fumamos drogadas en ese sucio sillón más viejo que mis ganas de tocarte hasta el alma y desgastarme la vida.

Pero contigo.

Que lo sabes.
Qué bien sabes.

Me hablan de paraísos sin haber tocado tu espalda. 
De paisajes sin haber visto tu culo.
Y de amor por cuatro besos teñidos de ron barato.

No soportarían ni uno solo de los tuyos.
Por eso se drogan.
Como yo.
Por si acaso. 

Y ahí estás. 
Acojonando a la luna sin saberlo.
Que ya no sale desde aquella noche en que tú lo hiciste con aquel vestido negro.
Que ya no salgo yo tampoco porque lo llevabas puesto.

No te vistas de inocencia.
Ni de miedos.
Ni de pasados a medias.
Ni de polvos a medio echar.
No te vistas, que yo acabo. Los completo.

No te muevas del sillón si no es para ir a la cama.

Que mi tesis doctoral va a ser sobre tu carrera.
La de la media.
Que la veo dónde empieza.
Y dónde acaba es un misterio que sólo saben tus bragas.

Venga. 
Apura ese cigarro, que me consumes la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario