Dile que no sólo me recuerdas entre las sábanas y sin ropa, sólo por que lo sepa cuando suenen los muelles de nuestro colchón.
Recuérda que la valentía no va atada al sexo.
Ni mucho menos al amor, amor.
Acojónate si no puede follarte sólo con una mirada. Si no puede tocarte sin acabar echándote un polvo de los mediocres.
Que la piel no atiende solamente a la saliva.
Que el tacto se ha olvidado de tocar. Y sólo quiere sentir.
No me mires con esos ojos de infelicidad permitida.
No me digas ven, que no voy a dejarlo todo.
Porque tengo bastante poco.
Deshazte de tu abrigo de penas, que lo compraste sin rebajar.
Para rebajarte o rebajarme, no lo sé muy bien.
Que la pena no mueve corazones.
El miedo la abraza y acaban fusionados.
Y me das pena.
Y rabia.
Y por culo si me vuelves a llamar.
Déjame en tus recuerdos y tortúrate para autocompadecerte después.
Mendígale caricias.
No me importa que ya no sea yo quien te las concede.
Que un par de besos no significan amor, amor, que tú a mí me los dabas y mírame.
Mírate.
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