Iba descalza y de puntillas.
Qué idiota, como si así pudiera ovbiarla.
Como si no la sintiese con tan solo la intención.
Le faltó menos de un dedo para que me retorciese por algo así como dolor y placer.
Se tumbó a mi lado, a mirarme mientras dormía, como solía hacer yo cuando no quería dormir.
Y es que a ver quién es el valiente que se pierde semejante paisaje con respiración propia y camiseta blanca de tirantes.
Y quién tan cobarde como para mirarlo con las luces apagadas.
Qué idiota otra vez, se pensaba que podía dormirme sin que estuviera a mi lado.
Te he echado de menos estos meses, sabes?
Y sí, te lo susurro entre sueños desgastados.
Mientras duermes, tú que puedes.
No tengo cojones a hacerlo de otra forma.
Ni ganas.
Ya me conoces.
Sé que sueñas conmigo y no sabes muy bien si llamarlo pesadilla.
Sé que piensas en mi cuando suena el despertador, porque él no te hace café.
Ni feliz.
Ni nada.
Se parece a mi en esos últimos días.
Me lo merezco.
Pero has vuelto.
Y otra vez no puedo dormir por mirarte.
He tirado el despertador por la ventana para destrozarme la vida, pero contigo.
A ver si tengo suerte y esta vez acampamos en la cama.
Me has inducido al insomnio permanente, así que si no me vas a dejar soñar contigo, déjame abrazarte al menos.
Quédate.
No hay comentarios:
Publicar un comentario