martes, 4 de marzo de 2014

No me queda un abril para ti.

Has llorado caricias que han acabado en sábanas ajenas al desastre.
Has recordado una y otra vez la escena del crimen con un escenario ambientado en sus caderas.
Has marcado su número con los mismos dedos que marcaban antes su espalda.
Y no has obtenido respuesta.

Y ahora imaginas canciones que no huelan a su pelo.
Arañazos que no suenen a su piel.
Y gemidos que no sepan a su boca.

Ya no fumas sus miradas.
Ni te bebes sus reproches.

Hay pisadas en tu pecho y arena en los bolsillos del vaquero que rompió al pasear por la playa.
Abrazos en las camisetas sucias que ya no vas a limpiar.
Y lámparas en las mesillas que no rozas  por si se les sale el genio de una discusión con ella.

Supongo que mereció la pena que ahora estás sudando como quien suda la fiebre.
Pero con frío y sin drogas recetadas que te la bajen.

Que no sé. 

Que yo soy más de quitar que de poner.
Pero a ver si te pones esa sornisa que se te escapó la otra noche, que ya te quito yo cualquier lágrima suicida que te asome por los ojos.

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