Hay gente que trafica con tus besos.
Que sueña con tus poros.
Y que reza por tu olor.
Hay drogas que tienen efectos menos adictivos que el roce de tu piel.
Mucho más baratas que una noche entre tus piernas.
Y menos intensas que respirar tu mismo aire.
Hay amores que no tienen presupuesto para viajar a las nubes.
Agotados, que sobreviven entre polvo(s).
Otros que viajan a una estrella cada noche con tan solo un susurro por la espalda.
Hay kamikazes que viven en dirección prohibida sólo por cruzarse contigo y saber lo que se siente justo antes de morir.
Y luego estoy yo, que ya no creo en nada más que en los restos de los besos, en abrazos acabados, en caricias desgastadas de unos cuerpos sin sentido y en la droga de tus besos asomada a tus caderas...
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