jueves, 3 de abril de 2014

Nason.



Me pides fuego, y sonries.
Fumas como si quemaras un recuerdo con cada calada.
Echas el humo como desprendiéndote de una carga que tiene nombre y apellidos.
Y tiras la colilla con rabia, sabiendo que te hace mal, pero no tanto como ella aquel día.

Hace buena noche.
Salte conmigo a la terraza a contar estrellas.
O lunares. 

Mira la gente.
Parecen motas de polvo desde este sexto piso.
Mira aquellos dos abrazados.
No sé si me dan envidia o asco.
Huele a sexo desde aquí, lo notas?

Ya que tú no hablas voy a contarte algo.

No quiero amores de una noche que prometen cualquier cosa con tal de entrar en calor.
No quiero amores eternos si no se acaban justo cuando sale  el sol.
Que, joder, que yo ya estoy cansada de problemas con los labios pintados.

Que ahora estás tú, y no te pintas los labios.
Que al lado, estoy yo.
Y que en Madrid hay mucha contaminación para contar estrellas.
Déjame unir tus lunares, y juntemos en tu espalda todas las constelaciones.

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