martes, 22 de abril de 2014

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Basta.

Se acabó la tontería.

La almohada no quiere dormir conmigo por que sólo le hablo de tus bragas.

Esto es peor que la fiebre, pero a la misma temperatura.

Se han esfumado calada a calada  cada mirada suicida manchada de recuerdos de un cuerpo de paso que no te toca el alma pero te parte en dos mitades el esternón.

La medicación ya no me hace efecto.
Ni las drogas.

Esta realidad paralela que (des)ilusiona a cualquiera no puede ser buena.

Esta mentira en la que me he convertido ha hecho de una respiración la vida.

Ojalá bailes esa canción que te hacía libre cuando eramos esclavos.
Sin ritmo.
Pero con ganas.

Ojalá conmigo.

Quizá muera esta noche.
No lo sé. 
Pero y qué si todo vuela por los aires.
Y qué...si por un momento has pensado en cómo me abrazo a un suspiro o cómo hago de un cuerpo religión.

Vélame en silencio.
Y grítame mientras te corro los labios a mordiscos.

Que no.
Yo no puedo amanecer si no es en mi cama, pero podemos engañar al reloj si no subimos las persianas y le prohibimos la entrada al sol.

La ley de la impisibilidad del fenómeno y la de la gravitación universal jamás fueron compatibles.
Y eso sí que desilusiona.

Joder.
Que a esta mierda no hay quien le quite el olor.
Ni el dolor.

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