365 días.
Algunas caricias más que he dado en otras camas.
Con otros cuerpos.
Un año.
Y tu recuerdo que se esfuma en otras caras.
Con otros besos.
Un año.
Y vuelves en forma de llamada.
Y el móvil me recuerda tu nombre, como si pudiera olvidarme.
Una llamada.
Perdida.
Incluso más que yo cuando te fuiste.
Y no lo cojo.
Ya no quiero encontrarme.
Vienes con otras lenguas a la espalda.
Con otras historias entre las piernas.
Y llorando por los ojos y no como acostumbrábamos a hacer.
Límpiame el polvo del cabrón que te late en mi pecho.
Con un polvo sucio.
De los que solíamos echar.
De los que hacían temblar a las paredes de miedo y a los vecinos de envidia.
Recuérdame tus lunares, que casi no te reconozco cuando no sonríes.
Y son muchas las veces.
Has cambiado las ganas por las ruinas de una historia en otro idioma.
Y por eso no eres capaz de entenderlo.
Ni de entenderme.

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