martes, 4 de febrero de 2014

Nive.


Un año. 

365 días. 
Algunas caricias más que he dado en otras camas.
Con otros cuerpos.

Un año.
Y tu recuerdo que se esfuma en otras caras.
Con otros besos.

Un año. 
Y vuelves en forma de llamada.
Y el móvil me recuerda tu nombre, como si pudiera olvidarme.

Una llamada. 
Perdida.
Incluso más que yo cuando te fuiste.

Y no lo cojo.
Ya no quiero encontrarme. 

Vienes con otras lenguas a la espalda.
Con otras historias entre las piernas.
Y llorando por los ojos y no como acostumbrábamos a hacer.

Límpiame el polvo del cabrón que te late en mi pecho.
Con un polvo sucio.
De los que solíamos echar.
De los que hacían temblar a las paredes de miedo y a los vecinos de envidia.

Recuérdame tus lunares, que casi no te reconozco cuando no sonríes. 
Y son muchas las veces.

Has cambiado las ganas por las ruinas de una historia en otro idioma.
Y por eso no eres capaz de entenderlo.

Ni de entenderme.

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