domingo, 16 de febrero de 2014

mentiras de verdad.

Ya no sé dónde estoy.
Ni si pienso en ti.

Ya no sé qué quiero.

Ni qué quieres.

Qué tengo que hacer para que me mires?


Cómo puedo hacer de mi desastre tu entretenimiento.

De mi vida tus días de sol y de la tuya algo así como un escalofrío de los que recorren la espalda de arriba abajo.

Cuánto vamos a aguantar sin volver a rozarnos la piel antes de empezar a hacerlo con las paredes como animales desenfrenados.


Dime dónde estás que desde aquel día no te veo con la certeza de poder tocarte si avanzo unos pasos y me atrevo a saltar.


Nunca me atrevo.

Pero ese es otro tema que siempre me queda para septiembre.

Basta de súplicas y lloriqueos de niña. 


Ten cuidado esta noche que te pienso deshacer la cama arrancándote las penas a mordiscos.

Devolverte las ganas a base de gemidos.
Escribiré una partitura de arañazos en tus piernas.
Y te abrazaré con tanta fuerza que acabaremos de espaldas esfumando todos los miedos que disfrazamos de mentiras.
Pero esta vez no por la procrastinación que llevo de serie.

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