martes, 18 de febrero de 2014

No sé si me estoy explicando.

Tengo tu piel tatuada en las pupilas.
Siento tu voz deshaciendo el camino que me hiciste con la lengua.
Y guardo tu aliento secuestrado entre las piernas.

Los muelles del colchón aún piensan en ti.
Los cristales de mi coche no han vuelto a ser los mismos desde que los empañamos.
Y las mañanas ya no saben a tu boca.

La cama te guarda el espacio.
El pasillo sigue teniendo tus huellas.
Y tus bragas aún están en el cajón. 

Tengo mi pasado en el frasco de café que acabaste hace dos días. 
Mi futuro en este cenicero lleno  de las "colillas de después".
Y mi presente en este vaso a medias que apesta a resaca de las jodidas.

Y me hago a la idea de que te has ido.
Y te haces a la idea de que no estoy.

Y te has acabado el café. 
Y ahora el desayuno sí es la comida más importante del día, porque ya no comemos nada de rodillas.

Y qué jodida es esta resaca.

A ver qué coño desayuno ahora.
Y a ver qué coño se deja desayunar. 

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