martes, 18 de febrero de 2014

Cada cosa va sumando.

Ojalá tirar pa lante sin arrastrar cadenas.

Ojalá todo fuera tan fácil como vomitar palabras bonitas que limpian los oídos de quien las escucha y manchan la boca de todos aquellos que las dicen si es para jugar.

Que sentir sin decir es mucho más difícil que decir sin sentir, y claro.

Ojalá tú. 
En frente.

Ojalá un metro de cortesía. 
O un poema de tu cuerpo sin bragas a dos centímetros.

Ojalá yo.
De frente.
O de espaldas.
Da igual.

Pero ojalá.

Digamos que no todo lo bonito es de color de rosa.
Que tu espalda canela es un monumento nacional y aún no se han dado cuenta.
Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.

Que tú no lo sabes tampoco, y yo creyendo que tenías espejos por tu casa.

Que te hagas el moño y te quites el sujetador.
Que te pasees por mi cuerpo como si fuera tu casa y conviertas mis piernas en tus puertas.

Y que no se enteren que bastante tuvieron con saber lo del ratoncito Pérez.

Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario