Ojalá tirar pa lante sin arrastrar cadenas.
Ojalá todo fuera tan fácil como vomitar palabras bonitas que limpian los oídos de quien las escucha y manchan la boca de todos aquellos que las dicen si es para jugar.
Que sentir sin decir es mucho más difícil que decir sin sentir, y claro.
Ojalá tú.
En frente.
Ojalá un metro de cortesía.
O un poema de tu cuerpo sin bragas a dos centímetros.
Ojalá yo.
De frente.
O de espaldas.
Da igual.
Pero ojalá.
Digamos que no todo lo bonito es de color de rosa.
Que tu espalda canela es un monumento nacional y aún no se han dado cuenta.
Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.
Que tú no lo sabes tampoco, y yo creyendo que tenías espejos por tu casa.
Que te hagas el moño y te quites el sujetador.
Que te pasees por mi cuerpo como si fuera tu casa y conviertas mis piernas en tus puertas.
Y que no se enteren que bastante tuvieron con saber lo del ratoncito Pérez.
Pobres desgraciados.
Felices ignorantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario